Astrónomos hallan una copia agrandada de la Tierra a 111 años luz

Representación artística de K2-18b (Alex Boersma).

Al hallazgo del sistema TRAPPIST-1 y sus potencialmente habitables planetas, a tan solo 39 años luz, hoy se suma el planeta K2-18b a la lista de eventuales segundas Tierras. Solo que en este caso, el planeta, en la zona potencialmente habitada de la enana roja K2-18, puede ser una "versión agrandada" de nuestro planeta. Al menos según la preimpresión del artículo en ArXiv.org escrito por un equipo internacional de científicos, dirigido por Ryan Cloutier del Scarborough Planetology Center.

Asimismo, el trabajo revela que, al igual que los mundos en TRAPPIST-1, K2-18b tiene un vecino, una cálida super-Tierra, que eventualmente también podría albergar la vida. No obstante, a diferencia de TRAPPIST-1, la enana roja K2-18 está a 111 años luz del Sol en la constelación de Leo.

K2-18b, el más cercano a su estrella en este sistema planetario, fue descubierto en 2015 y completa un giro alrededor de la enana roja cada 33 días.  Se encuentra en una zona potencialmente habitable, lo que significa que el agua líquida, en teoría, puede existir en su superficie.

Tras ser divisado entonces, los investigadores se propusieron descubrir si K2-18b era rocoso, como la Tierra o gaseoso como Neptuno. Para ello, usaron el instrumento Buscador del Planeta de Velocidad Radial de Alta Precisión del telescopio (HARPS por sus siglas en inglés) para analizar K2-18b.

La herramienta mide la "velocidad radial" de las estrellas, que se ve afectada por la presencia de planetas. Una estrella que posee un sistema planetario se moverá en su propia pequeña órbita en respuesta a la atracción del planeta. Debido a esto, su velocidad radial relativa al observador fluctuará, y es este cambio el que registra HARPS.

Con base en los datos del espectrógrafo, los investigadores determinaron la masa de K2-18b: es igual a 8 ± 1,9 masas de la Tierra. Para definir su constitución, los astrónomos usaron un algoritmo de aprendizaje automático, alimentado por la masa y el radio del planeta. K2-18b podría ser un globo rocoso con una pequeña capa de gas, como la atmosfera de nuestra Tierra, o un planeta-océano, cubierto por una gruesa capa de hielo.

Además, cuando los investigadores analizaron los datos de HARPS, notaron otra señal, que se repitió a intervalos de 9 días. Clautier, junto con científicos del observatorio astronómico de la Universidad de Ginebra, la Universidad de Grenoble y Porto, descubrió que proviene de un segundo planeta, aparentemente la segunda super-tierra, que, sin embargo, debe estar demasiado caliente como para que tenga agua líquida.

El telescopio James Webb, cuyo lanzamiento está programado para la primavera de 2019 debería revelar más detalles de la atmósfera de exoplanetas distantes, así como a detectar cuerpos celestes relativamente fríos con una temperatura superficial de hasta 300 Kelvin (que es casi igual a la temperatura promedio de la superficie de la Tierra). Entonces sabremos más sobre la potencial habitabilidad de K2-18b.

Hans Huerto

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