Lo que la genética, la neurociencia y el darwinismo dicen sobre la homosexualidad

Cómo la ciencia moderna explica la atracción entre personas del mismo sexo

Pixabay

Recientemente escribimos sobre la búsqueda de marcadores genéticos de la homosexualidad en los hombres. Esta investigación es un reflejo de varias hipótesis mediante las cuales los científicos explican la homosexualidad de las personas. Sin tocar el aspecto social del fenómeno, trataremos de resumir lo que la biología moderna sabe acerca de la homosexualidad, y cómo explicarla desde el punto de vista de la evolución.

¿Existen los genes de la homosexualidad?

Los estudios de familias y gemelos, que se llevan a cabo desde mediados de 1980, indican que en la homosexualidad hay un componente hereditario. En uno de los estudios estadísticos pioneros sobre este tema, dirigido por el psiquiatra Richard Pillard (que es homosexual), la probabilidad de que el hermano de un hombre homosexual también resulte ser homosexual es del 22%. El hermano de un hombre heterosexual resultó ser gay solo en el 4% de los casos. Otras encuestas similares mostraron una proporción similar de probabilidades. Sin embargo, el hecho de que haya hermanos con preferencias similares no indica, necesariamente, que este rasgo se haya heredado.

Investigaciones en gemelos monocigóticos (idénticos) -personas con los mismos genes- y su comparación con gemelos dicigóticos, así como con otros hermanos y hermanas y con niños adoptados proporcionan información más confiable. Si el rasgo tiene un componente genético significativo, será más común encontrarlo al mismo tiempo en gemelos idénticos que en otros niños. El mismo Pillard realizó un estudio en el que participaron 56 gemelos monocigóticos de sexo masculino, 54 dicigóticos y 57 niños adoptados, de los cuales se concluyó que la influencia hereditaria a la homosexualidad varía del 31% al 74%. Investigaciones más recientes que incluyeron a todos los gemelos suecos (3826 monocigóticos y dicigóticos del mismo sexo), aclararon estas cifras. Al parecer, la contribución de la genética a la formación de la orientación sexual es de un 30% - 40%.

Como resultado de los estudios, Pillard y otros investigadores hallaron que es más común que los homosexuales tengan parientes homosexuales por línea materna. De aquí se concluye que el “gen de la homosexualidad” está en el cromosoma X. Los primeros experimentos genéticos moleculares mediante el análisis de la adhesión de marcadores en el cromosoma X señalaron a la región Xq28 como posible elemento de búsqueda. Sin embargo, estudios posteriores no confirmaron esta relación, ni tampoco la herencia de la homosexualidad por línea materna.

Tras los experimentos con el cromosoma sexual siguieron los ensayos genómicos completos del enlace de marcadores, con cuyos resultados se sugirió que los loci en los cromosomas 7, 8 y 10 están relacionados con la homosexualidad. El análisis más ambicioso fue llevado a cabo recientemente por Alan Sanders y Michael Bailey. El resultado del análisis de nuevo puso en escena a la región Xq28, así como el locus genético localizado cerca del centrómero del cromosoma 8. Posteriormente, Sanders realizó el primer estudio de asociación del genoma completo de la homosexualidad en hombres con polimorfismos de nucleótido único. Este análisis es más informativo debido a que el polimorfismo puede apuntar a un gen particular, mientras que el análisis del vínculo de marcadores apunta a una región del cromosoma en la que se pueden incluir a cientos de genes.

Dos candidatos-marcadores del trabajo de Sanders no se relacionaron de ningún modo con búsquedas anteriores. El primero de ellos apareció en el cromosoma 13 en la región no codificante entre los genes SLITRK5 y SLITRK6. La mayoría de los genes de este grupo se expresan en el cerebro y codifican las proteínas responsables del crecimiento neuronal y la formación de sinapsis. La segunda variante se encontró en el cromosoma 14 en la región no codificante del gen receptor de la hormona estimulante de la tiroides (TSHR).

Los datos contradictorios obtenidos en estos estudios probablemente solo significan que existen "genes de la homosexualidad", pero estos aún no se han encontrado de manera confiable. Quizás, esta característica es tan multifactorial que está codificada por una variedad de opciones y la contribución de cada una de ellas es muy pequeña. Sin embargo, hay otras hipótesis para explicar la atracción congénita hacia las personas del mismo sexo. Los principales son la influencia de las hormonas sexuales en el feto, el "síndrome del hermano menor" y la influencia de la epigenética.

"Beso", pintura de una vasija de figuras rojas, que data del 480 a. C.

Las hormonas y el cerebro

La testosterona influye en el desarrollo del cerebro fetal según el tipo “masculino” o “femenino”. Una gran cantidad de esta hormona, en ciertos períodos del embarazo, actúa sobre las células del cerebro en desarrollo y determina el desarrollo de sus estructuras. La diferencia en la estructura del cerebro (por ejemplo, el volumen de algunas regiones) determina las diferencias sexuales en el comportamiento, incluidas las preferencias sexuales. Los casos de cambio en la orientación sexual de personas con tumores cerebrales en el hipotálamo y la corteza prefrontal hablan a favor de esta hipótesis.

Los estudios de estructuras cerebrales realmente muestran una diferencia en el volumen de los núcleos del hipotálamo en hombres heterosexuales y homosexuales. El tamaño del núcleo hipotalámico anterior en las mujeres es, en promedio, menor que el de los hombres. El tamaño comparable de la comisura anterior del cerebro, que es mayor en las mujeres y en los hombres homosexuales, también indica que hay un desarrollo parcial del cerebro de los homosexuales según el tipo “femenino”. Sin embargo, los hombres homosexuales también tienen un núcleo supraquiasmático aumentado del hipotálamo, cuyo tamaño no es diferente en hombres y mujeres. Esto significa que la homosexualidad no se explica solo por el predominio de algunas propiedades “femeninas” del cerebro, ya que el “cerebro homosexual” tiene características únicas.

 

Los anticuerpos y el cerebro

En 1996, los psicólogos Ray Blanchard y Anthony Bogaert descubrieron que es más común en los hombres gay tener hermanos mayores que en los hombres heterosexuales. Este fenómeno se llamó fraternal birth order effect, que se puede traducir como "síndrome del hermano menor". En los últimos años, las estadísticas lo han confirmado repetidamente, incluso en poblaciones de origen no occidental, lo que llevó a sus autores a hacer una hipótesis explicando el fenómeno de la homosexualidad. Sin embargo, los críticos de la hipótesis señalan que, en realidad, explica solo uno o dos casos de homosexualidad de siete.

El “síndrome del hermano menor” se basa en la respuesta inmune de la madre contra las proteínas asociadas con el cromosoma Y. Probablemente, estas son proteínas que se sintetizan en el cerebro en las regiones relacionadas con la formación de la orientación sexual y las enumeradas anteriormente. Con cada embarazo aumenta la cantidad de anticuerpos contra estas proteínas en el cuerpo de la madre. El efecto de los anticuerpos en el cerebro conduce a un cambio en las estructuras correspondientes.

Los científicos analizaron los genes de los cromosomas Y e identificaron cuatro candidatos principales responsables de la inmunización de la madre contra el feto: los genes SMCY, PCDH11Y, NLGN4Y y TBL1Y. Recientemente, Bogaert y sus colegas probaron dos de ellos de forma experimental (PCDH11Y y NLGN4Y). En las madres, cuyo hijo menor tenía una orientación homosexual, realmente había una mayor concentración de anticuerpos contra la NLGN4Y en la sangre. Esta proteína se localiza en la membrana postsináptica en las regiones de los contactos neuronales y probablemente participa en su formación.

 

Las hormonas y la epigenética

Las etiquetas epigenéticas (modificación química del ADN o proteínas asociadas a ella) forman un perfil de expresión génica y, de este modo, forman una especie de “segunda capa” de información hereditaria. Estas modificaciones pueden aparecer como resultado de la influencia del entorno e incluso transmitirse a la descendencia en una o dos generaciones.

La teoría epigenética sugiere que la influencia de ciertos factores, en particular las hormonas, conduce a un cambio en el perfil de la expresión génica en el cerebro debido a cambios en las modificaciones del ADN. A pesar de que los gemelos dentro del útero deben estar igualmente expuestos a las señales del exterior, en realidad este no es el caso. Por ejemplo, los perfiles de metilación del ADN de los gemelos al nacer son diferentes.

Una de las confirmaciones de la teoría epigenética, aunque indirecta, fueron los datos sobre la inactivación selectiva del cromosoma X en madres de hijos homosexuales. En las mujeres, hay dos cromosomas X en las células, pero uno de ellos se inactiva al azar debido a modificaciones epigenéticas. Resultó que en algunos casos esto sucede de una manera direccional: se inactiva siempre el mismo cromosoma.

La hipótesis de William Rice y sus colegas sugiere que las etiquetas epigenéticas que condicionan la homosexualidad se transmiten junto con las células reproductoras del padre o la madre. Por ejemplo, algunas modificaciones del ADN existente en el óvulo y que determinan el desarrollo del modelo de comportamiento “femenino” no se borran durante la fecundación y se transmiten al cigoto de sexo masculino. Esta hipótesis no ha sido confirmada experimentalmente, sin embargo, los autores la probarán con células madre.

Aquiles ayuda a Patroclo. Pintura de un jarrón de figuras rojas, que data del 500 a. C.

La homosexualidad y la evolución

Como podemos ver en las estadísticas, hay un porcentaje estable de personas homosexuales en diferentes poblaciones. Además, se ha registrado comportamiento homosexual en 1.500 especies de animales. En realidad, la homosexualidad más avanzada, es decir, la propensión a formar parejas estables del mismo sexo, se observa en un número mucho menor de animales. Un modelo bien estudiado en mamíferos es el carnero. Aproximadamente el 8% de los machos están involucrados en relaciones homosexuales y no muestran interés en las hembras.

En muchas especies, las relaciones homosexuales cumplen ciertas funciones sociales, por ejemplo, sirve para confirmar la dominación (en personas de ciertos grupos sirve para los mismos propósitos). Del mismo modo, en las sociedades humanas, los episodios de relaciones sexuales con miembros del mismo género no son necesariamente un indicador de la homosexualidad. Como muestran las encuestas, muchas personas que han tenido episodios similares en su vida se consideran heterosexuales y no están incluidas en las estadísticas.

¿Por qué este tipo de comportamiento se ha preservado en el proceso de la evolución? Dado que la homosexualidad tiene una base genética, ciertas variantes genéticas continúan pasándose de generación en generación, sin rechazar la selección natural. Debido a este suceso, la homosexualidad fue llamada la “paradoja darwiniana”. Para explicarlo, los investigadores tienden a creer que este fenotipo es una consecuencia del antagonismo sexual, es decir, la “guerra de los sexos”.

La “guerra de los sexos” implica que dentro de una especie los representantes de diferentes sexos usan estrategias opuestas para aumentar el éxito reproductivo. Por ejemplo, para los machos es más ventajoso aparearse tanto como sea posible con las hembras, mientras que para las hembras esta es una estrategia demasiado costosa e incluso peligrosa. Por lo tanto, la evolución puede elegir las variantes genéticas que proporcionan den algún tipo de soluciones a ambas estrategias.

La teoría de la selección antagónica desarrolla la hipótesis del antagonismo sexual. Ella señala que las variantes que no son convenientes para un sexo pueden ser beneficiosas para el otro sexo, que aún permanecen en la población. Por ejemplo, un aumento en el porcentaje de machos homosexuales va acompañado de un aumento en la fecundidad de las hembras. Estos datos se han obtenido de muchas especies. Esta teoría se aplica a los humanos.

 

Daria Spasskaya

Texto traducido por María Cervantes

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, tecnología que suma


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