Investigación revela el significado de misteriosa edificación inca en Argentina

Wikimedia Commons

Un grupo de arqueoastrónomos argentinos ha hallado el posible significado de una misteriosa construcción inca llamada El Shincal de Quimvil ubicada en la provincia de Catamarca. Se trata de una ciudad construida y habitada por los incas entre los años 1450 y 1536, período en que el noroeste argentino formó parte del imperio.

El sitio, descubierto en 1901, conserva unos 110 edificios de piedra diseminados en una superficie de 21 hectáreas. Tiene una gran plaza central cuadrada de 175 metros de lado en cuyo centro hay una plataforma ceremonial llamada ushnu, construcción de piedra que usaban gobernantes y sacerdotes para presidir ceremonias.

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Las investigaciones, lideradas por Marco Antonio Giovannetti, investigador de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), descubrieron que la edificación tiene marcadores espaciales vinculados con fechas rituales y festivas.

“Mirando desde el ushnu hacia los puntos cardinales, se ven cuatro cerros con construcciones y espacios de ofrendas. Los más llamativos son los ubicados al este y al oeste, porque tienen las cimas aplanadas y escaleras para alcanzarlas”, cuenta Giovannetti, quien presentó sus descubrimientos en las V Jornadas Interamericanas de Astronomía Cultural, celebradas en Perú en noviembre último.

“A su vez, el occidental presenta dos alineaciones rectas hechas con bloques pequeños de rocas semienterradas que apuntan a distintas direcciones. Descubrimos que cada una de ellas coincide exactamente con la salida del sol en dos momentos del año muy importantes: el solsticio de invierno para el hemisferio sur, alrededor del 21 de junio; y su paso por el cenit, un fenómeno que ocurre entre el 12 y 13 de febrero y se repite el 28 o 29 de octubre”, añadió.

Calculando la salida del sol

Parte del trabajo realizado por los científicos consistió en ir al sitio en las fechas mencionadas y medir las direcciones de las líneas de rocas, hacer cálculos de la salida del sol, y posteriormente contrastar la información recolectada con mediciones matemáticas y modelos virtuales de simulación.

“El comienzo del invierno era para los incas una de las fechas más importantes, y lo denominaban Inti Raymi, que significa fiesta del sol. En la antigüedad los cambios de estación se celebraban en grande, porque implicaban transformaciones en la propia deidad e impactaban en la práctica agrícola y en las actividades programadas por el Estado. En un principio, al confirmar que la primera hilera de piedras se correspondía con el 21 de junio, sospechamos que la segunda coincidiría con el solsticio de verano, el 21 de diciembre, pero rápidamente vimos que no era así”, relata Giovannetti.

“Frente a ese interrogante, indagamos mucho en la obra de autores que estudiaron el calendario andino, contrastando los datos con elementos del lugar”, señala  Gustavo Corrado, arqueólogo cuya tesis doctoral en desarrollo se basa en éste y otros hallazgos arqueoastronómicos en El Shincal.

Así, tomando en consideración otras posibles fechas de importancia ritual, los expertos dieron con dos días muy especiales que involucran, una vez más, a la principal estrella de nuestro sistema planetario.

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“El paso del sol por el cenit es un evento astronómico en el que éste se ubica exactamente en plano vertical a 90 grados de los objetos de la Tierra, por lo cual no producen ninguna sombra en horas del mediodía. Se da dos veces al año a determinada latitud: concretamente en la franja entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio, es decir que en nuestro país sólo se ve en parte de Salta, Jujuy y Formosa”, agrega.

La importancia del fenómeno convenció a los expertos de seguir esa pista, sabiendo que en el Cusco sucede el 12 o 13 de febrero y el 28 o 29 de octubre, y que los relatos antiguos le atribuyen grandes fiestas en la capital del Tahuantinsuyo, es decir el imperio inca.

Además de lo observado, el equipo de confeccionó planos precisos con ayuda de instrumentos topográficos y de georreferenciación como GPS y otro denominado Estación Total, información que luego trasladó a tablas de cálculo astronómicas.

Un efecto espectacular para un lugar de ceremonias

Para realizar estas complejas cuentas, se consideraron distintos factores como la altura del horizonte, que no es llano sino ‘dentado’ producto de las montañas que rodean al sitio, y la refracción de luz. “Todos estos elementos permitieron predecir el sitio de salida y puesta del sol durante esas fechas, que luego comprobamos que coincide exactamente con la dirección de la hilera de piedras que nos faltaba”, señala Giménez.

Además, cuentan los científicos, se suma otro fenómeno visual por el cual esos días el sol asoma justo en una pronunciada abra, espacio libre en la intersección entre dos picos montañosos. “Suponemos que este efecto debía provocar cierta espectacularidad, interpretando que se trataría de una fecha festiva en todo el territorio inca”, expresa Giovannetti.

“Esto abona la hipótesis de El Shincal como mucho más que un centro administrativo: probablemente haya sido un punto de enorme importancia religiosa y simbólica. Rastros de producción a gran escala de comida y chicha – principal bebida alcohólica de las culturas prehispánicas- hacen sospechar que en el sitio se celebraban fiestas que recibían a personas de las regiones circundantes”, agregó.

El Imperio Inca fue una vasta organización político cultural que abarco lo que ahora conocemos como Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina. Además de sus construcciones, y quipus, los incas también nos dejaron una variedad grande de alimentos como esta quinua resistente a las temperaturas extremas.

 

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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