Volkswagen puso a inhalar gases de diésel a humanos y monos en cuestionado experimento

Foto referencial
Pixabay

Reportes en medios estadounidenses y alemanes dieron cuenta de cómo fabricantes de auto alemanes colaboraron en experimentos en los que participantes humanos y monos fueron expuestos a respirar emisiones de diésel.

En 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió de la amenaza que suponen las emisiones de los motores diésel para la salud, una afirmación que habría sido interpretada por un grupo dentro del rubro como una amenaza para sus negocios.

Los experimentos fueron secretos y tomaron lugar tanto en los EEUU como en Alemania. Fueron parte de una iniciativa de investigación financiada por la fabricante automotriz más grande del mundo, Volkswagen, la BMW y la Daimler. La controversia pasó por comunidades de internet, medios de todo el mundo y hasta autoridades de carácter nacional. El vocero de la canciller alemana Angela Merkel, Steffen Seiber, dijo que estas pruebas “no tienen justificación ética”.

La historia vio la luz cuando el New York Times detalló cómo la desaparecida organización European Research Group on Environment and Health in the Transport Sector (EUGT) llevó a cabo un experimento por encargo de sus benefactores y fundadores, los referidos fabricantes alemanes.

Pruebas dudosas con monos

El EUGT escogió el Lovelace Respiratory Institute en Albuquerque, Nuevo México, para conducir un experimento en el que se que demostraría qué tan inofensivas las emisiones de diésel eran: forzando a un grupo de monos a inhalar diésel por 4 horas. Los animales, 10 macacos cangrejeros (Macaca fascicularis) fueron aprisionados en cámaras en las que se bombeó sendas emisiones de un escarabajo Volkswagen a toda marcha en una cinta de andar.

Para mantener calmados a los animales, se les puso una televisión con dibujos animados, con el fin de distraerlos.

Pero el experimento fue una farsa. El escarabajo que le dieron a Lovelace era parte del escándalo Dieselgate, en el que se descubrió en el 2015 cómo 11 millones de autos Volkswagen fueron modificados con dispositivos capaces de maquillar los niveles de nitrógeno tóxico emitido por el escape. Al ser examinados por pruebas reguladoras de emisiones, los controles de contaminantes ajustaban los registros de dióxido de nitrógeno, mientras que durante el uso regular los autos emitían niveles de emisiones que sobrepasaban los estándares.

En un test comparativo, también tuvieron que inhalar las emisiones de un modelo viejo de camioneta Ford de 1999 (luego de ser anestesiados e intubados, y sus pulmones lavados para poder examinar sus bronquios).

También con humanos

Pese a que el sábado Volkswagen emitió un comunicado indicando que “se distanciaba claramente de todas las formas de abuso animal”, la prensa alemana reportó, posteriormente, de pruebas similares incluyendo humanos.

Las pruebas fueron conducidas por la Universidad Aachen en Alemania el 2013 y 2014, y también financiadas por la tristemente célebre EUGT: 25 adultos jóvenes saludables inhalaron concentraciones variadas de dióxido de nitrógeno por varias horas. Pese a que la universidad siguió los procedimientos éticos adecuados, incluyendo la aprobación de los propios humanos que formaron parte del experimento, el tema no deja de ser polémico al saberse lo dañino que es para la salud el dióxido de nitrógeno.

La ministra del medio ambiente en Alemania, Bárbara Hendricks, calificó las pruebas de “viles” e indicó que el hecho de que la industria intentara descartar verdades científicas “con pruebas dudosas y descaradas hace las cosas aún más horribles”.

De acuerdo al medio estadounidense, ninguno de los estudios brindó un hallazgo claro. Los investigadores tuvieron dificultades para producir un paper que fue finalmente publicado, aunque todo era una condición para recibir el pago completo.

Tales estudios, que no se conocían hasta los últimos días, es una nueva dimensión en el escándalo de contaminación ambiental en el que Volkswagen se vio forzado a reconocerse culpable de fraude y confabulación, por lo que debe pagar más de 26 mil millones de dólares en multas.

 

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma


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