Ciudad de México y São Paulo, en la lista de ciudades que podrían quedarse sin agua

Vista aérea de São Paulo. /Wikimedia Commons

Parece que Ciudad del Cabo (Sudáfrica) será la primera gran ciudad del mundo en quedarse sin agua. La nefasta noticia es el resultado de tres años de precipitaciones bajísimas y el incremento de consumo de una población creciente. De llegar a producirse el desabastecimiento, los grifos ya no distribuirán agua y los habitantes de la región deberán acudir a puntos de reparto. Aún si se tratara de un problema acotado geográficamente estaríamos hablando de una tragedia, pero Ciudad del Cabo marca el inicio de una evidente sequía global.

The Nature Conservancy (TNC), una ONG internacional dedicada a la conservación de la biodiversidad y el medio natural, publicó en 2014 un informe sobre las 500 ciudades más grandes del mundo que se estima que se encuentran en una situación de estrés hídrico, que sucede cuando la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible durante un periodo determinado, o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad. Según la UNESCO, cerca de 1.200 millones de personas ya viven en áreas donde el agua escasea físicamente; y la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que 850 millones no tienen posibilidad de beber saludablemente. 

Las miradas puestas en México y Brasil

Entre el desafortunado Top 11 se encuentran dos ciudades latinoamericanas: São Paulo (Brasil), la primera de la lista, y Ciudad de México, en el número ocho. Se trata de dos de las ciudades más pobladas del mundo, y en el caso de la mexicana, la medalla de oro en población de América Latina con 21 millones de personas (una cifra similar a la que alcanza la zona metropolitana de São Paulo, cuya ciudad principal supera los 12 millones). Este ingente número de personas ya han sufrido las primeras consecuencias de una inminente agotamiento del agua: mientras que en 2015, una importante sequía dejó a los ciudadanos de São Paulo con menos de 20 días de suministro al mes de agua, hoy en día, uno de cada cinco mexicanos de la capital ven racionado su consumo con apenas unas horas de agua del grifo al día, como informa la BBC

Una devastadora sequía azotó el sureste de Brasil entre 2014 y 2017, lo que podría haber puesto a esta ciudad en el punto de mira. Pero la falta de planificación e inversión por parte de las autoridades para solventar el problema también fue criticada por una misión de las Naciones Unidas (ONU). En la ciudad mexicana las infraestructuras también son deficientes: la ciudad importa hasta 40% de su agua, pero no tiene, por ejemplo, modo de reciclar el agua desperdiciada. Y no es un problema menor: se estima que la pérdida de agua debido a problemas en el sistema de tuberías sea un 40%.

El resto de las ciudades que comparten el dudoso honor se encuentran en lugares muy dispares del mundo. En Asia, Bangalore (India), Beijing (China), Jakarta (Indonesia) y Tokio (Japón). Moscú (Rusia), Estambul (Turquía) y Londres (Inglaterra) representan las zonas más en riesgo de Europa; y en norteamérica, Miami (EE.UU.). Las razones para formar parte de esta lista no tienen que ver en todos los casos con la falta de precipitaciones (pensemos en la estampa clásica de Londres, por ejemplo), sino la capacidad de recogida y utilización de ese agua (volviendo a la capital inglesa, el 80% de las lluvias se las lleva el Támesis), o en otros casos como Moscú (cuyo país tiene las mayores reservas de agua dulce del mundo), la contaminación heredada de la época industrial soviética. 

Para intentar frenar esta debacle, una investigación conjunta entre la Universidad Monash en Australia, la Universidad de Texas en Austin y el instituto CSIRO podría ayudar a proveer de agua potable a las millones de personas que sufren de este problema a pesar de vivir cerca al mar. El equipo ha desarrollado un material de última generación llamado “Marco Orgánico de Metal” (MOF), el cual tiene la mayor superficie interna de cualquier sustancia conocida. Los cristales similares a esponjas del MOF se pueden usar para capturar, almacenar y liberar compuestos químicos. En este caso, la sal y los iones en el agua de mar, para hacerla potable. 

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma


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