¿Buscas un diamante para San Valentín? Este es (literalmente) tan grande como una estrella

Lucy o BPM 37093. /Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian

“Un diamante es para siempre”. Con este eslogan, la compañía minera sudafricana De Beers consiguió asociar a finales de los años 40 esta piedra preciosa con el compromiso y el amor eterno. Hoy en día, esta relación está grabada a fuego, o al menos eso parece viendo las películas de Hollywood. Habrá incluso quien mida el amor por el tamaño de su joya, y si eres de esas personas, tenemos dos noticias para ti: la primera es que esa idea no tiene sentido; la segunda, conocemos cuál es el diamante más grande del mundo, y nunca van a poder regalártelo. 

Sin querer sonar hiperbólicos, podemos afirmar que es tan grande como una estrella, así que es bastante improbable que nadie acabe llevándolo en su dedo. Aunque curiosamente, se descubrió un 13 de febrero, el día en el que, probablemente, más regalos de San Valentín se compran. Se trata de Lucy (o como se llama oficialmente, BPM 37093), una enana blanca cristalizada a 54 años luz descubierta en 2004 por investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.).

Según el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, el pedrusco tiene un diámetro de 4.000 kilómetros y está situado en la constelación de Centauro. Se le puso de nombre Lucy por la famosa canción de Los Beatles Lucy in the sky with diamonds (Lucy en el cielo con diamantes), pero recibió el seudónimo de Estrella de África en honor al famoso diamante de grandes proporciones. 

Al estar compuesta de carbono cristalizado, su hallazgo acredito que las estrellas tienden a cristalizarse al final de su vida. También nuestro Sol se convertirá en una enana blanca dentro de unos 5 mil millones de años. Aproximadamente dos mil millones de años después, el núcleo de la brasa del Sol se cristalizará también, dejando un diamante gigante en el centro de nuestro sistema solar.

Fuera de la Tierra, los enormes diamantes parecen estar a la orden del día. Los gigantes gaseosos Urano y Neptuno sufren presiones tan elevadas, que las moléculas de metano de la atmósfera se rompen y el carbono que las forma se precipita y puede unirse formando grafito o incluso compactos cristales. Sí, has entendido bien. Eso significa que pueden llover diamantes. Pero aunque te parezca que sí, no querrías que este fenómeno sucediera en la Tierra, o no al menos sobre tu cabeza: pueden llegar a pesar 200 kilogramos.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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