¿Qué pasa cuando un cuerpo humano se prende fuego a lo bonzo?

Hoguera. /PxHere

La muerte por fuego quizá sea de las más espeluznantes que podemos imaginarnos. Pero pese a lo tremendamente doloroso, quemarse a lo bonzo, es decir, prenderse fuego uno mismo, es un acto de inmolación que, usualmente, se ha usado de forma reivindicativa. El primer caso que se conoce fue el del monje budista vietnamita Thich Quang Duc, que en 1963 decidió protestar contra el régimen político represivo en Vietnam del Sur con esta técnica. Más recientemente, el comienzo de la primavera árabe lo marcó la inmolación del joven .. en la plaza.. de Egipto. Además de por causas activistas, la muerte en la hoguera llena un frondoso historial de castigos en trágicos episodios históricos.

Se sabe que, sin el uso de un acelerante como la gasolina, la agonía hasta la muerte dura como mímimo 13 minutos, pero las quemaduras no son, normalmente, el principal motivo de la defunción. No existe mucha documentación sobre estas terribles inmolaciones o condenas, pero en los incendios, sobre todo los pequeños y aislados, en los que se quema el cuerpo, las causas letales son variadas.

Una es el golpe de calor. La temperatura corporal por encima de 40° C pone la vida bajo amenaza: a 41° C comienza la muerte cerebral y a 44° C, la muerte está asegurada. Temperaturas internas por encima de 50° C causan rigidez muscular y el fallecimiento inmediato. Otra causa es la descomposición térmica o pérdida de sangre, que sucede cuando se interrumpe el flujo sanguíneo; y una tercera involucra la liberación de fluidos en las quemaduras, incluida la filtración masiva de sangre a través de heridas de carne hirviendo, desangrando al cuerpo mientras trata de repararse a sí mismo.

Sin embargo, muchas de las personas que mueren en grandes incendios terminan sofocandose después de desmayarse por envenenamiento con monóxido de carbono (CO), ya que el fuego absorbe oxígeno del aire y lo reemplaza por humo.

El humo, tan peligroso como el fuego

El humo es la causa principal de las muertes relacionadas por incendios, muy por encima de las quemaduras, como explica este artículo de El Mundo. Se calcula que la intoxicación durante un incendio es responsable de más del 75% de los fallecimientos relacionados con estos incidentes. El humo daña el organismo de tres modos diferentes: asfixia (la combustión consume el oxígeno disponible, que desciende a unas concentraciones por debajo del 15%), quemaduras en las vías respiratorias: la lesión térmica de la vía aérea produce inflamación y edema en cara, orofaringe y laringe (especialmente en cuerdas vocales), induciendo laringoespasmo e incrementando la producción de secreciones. Estas lesiones inflamatorias progresan en las primeras 24 o 48 horas, y pueden ser asintomáticas hasta generar un estrechamiento crítico de la vía aéres. Y, por último, los daños a nivel celularocasionados por los tóxicos en combustión.

La muerte por inhalación de humo suele ser rápida. Algunos de los síntomas de esta intoxicación son tos, falta de aliento, ronquera, dolores de cabeza, irritación ocular, presencia de hollín en las fosas nasales y garganta, cambios agudos en el estado mental (confusión, mareos...) y pérdida de conocimiento.

Pérdida de líquidos 

Pero aunque en cifras son menos letales que el humo, las quemaduras ocasionan aproximadamente 180 000 muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La piel actúa como una barrera que impide la pérdida de líquidos, regula la temperatura y protege frente a la infección, pero si se quema, se produce una necrosis por coagulación, con muerte celular y pérdida de la vascularización. Por debajo de los tejidos muertos existe una capa de células lesionadas en las que la circulación está alterada.

Las quemaduras graves pueden provocar una pérdida rápida de líquidos y electrólitos y dar lugar a sepsis, una respuesta inmunitaria en la que el cuerpo libera sustancias químicas inmunitarias en la sangre para combatir la infección. En los casos mortales, las quemaduras profundas provocan una pérdida rápida de líquidos por evaporación.

Cómo se queman los cuerpos de los difuntos

Lo que sí está más estudiado es qué pasa cuando se quema un cuerpo muerto. La siguiente descripción, del Laboratorio de Medicina Forense de Madrid (España), lo deja bastante claro, aunque no es apta para sensibles: “Cuando el fuego ha actuado durante mucho tiempo o se han alcanzado temperaturas muy elevadas, el cadáver se encuentra totalmente irreconocible con alteraciones muy marcadas en partes blandas e incluso con alteración y afectación ósea. En estos casos se suele hablar de carbonización cadavérica, que conlleva a un hábito externo con la postura de boxeador, retracción de los tejidos, protusión de la lengua, desaparición del pelo y sequedad y color negro de la piel. Dentro de los diferentes grados de carbonización podemos encontrar que las cavidades (cráneo, tórax, abdomen), hayan estallado, encontrándose abiertas, y las extremidades pueden llegar a desaparecer. También debemos tener en cuenta que no todos los carbonizados son iguales. En algunos casos puede desparecer el tórax, abdomen o cualquier otra zona del cuerpo si el foco de incendio actuó en ese lugar, mientras otras zonas del cuerpo pueden aparecer prácticamente indemnes”.

Normalmente, la incineración se realiza a una temperatura de entre 800ºC y 900ºC grados centígrados y el proceso dura de dos a cuatro horas.

El efecto mecha

Pero quizá hayas oído hablar de casos en los que, sin razón aparente, personas empiezan a arder hasta incinerarse. El fenómeno se llama combustión humana espontánea y es uno de los asuntos paranormales que más llaman la atención. Se dan casos en los que las víctimas, normalmente mayores que viven solas y tienes sobrepeso, han ardido sin ninguna fuente de ignición aparente y su alrededor no tiene prácticamente daños. Hay teorías para todos los gustos, pero la ciencia tiene una algo más prosaica, pero bastante creíble: el efecto mecha.

La teoría del efecto mecha afirma que una persona resulta quemada por su propia grasa tras haber sido prendida, accidentalmente o de otra forma. Un cigarrillo o cualquier otra fuente de combustible que a posteriori sea imposible de identificar (y no por eso signifique que no exista) que caiga sobre la persona puede ponerlo en marcha. Según esta idea, un cuerpo humano vestido es como una vela vuelta del revés: la grasa humana (la fuente de combustible, contiene una gran cantidad de energía debido a la presencia en ella de largas cadenas hidrofóbicas) está dentro y las ropas de la víctima (la mecha) está fuera. Se produce así un suministro constante de combustible, a medida que la grasa que se derrite empapa las ropas de la víctima.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma


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