El devastador terremoto de México ocurrió por esta extraña razón... y podría podría volver a ocurrir

Wikimedia Commons

La ciudad de México ha sufrido 2 terremotos de regular intensidad en los últimos 6 meses. El más fuerte de ellos ocurrió el del 19 de setiembre y acabó con la vida de más de 300 personas y destruyo aproximadamente 40 edificios. Luego de estos eventos, un grupo de científicos decidió estudiar que ocurría debajo de la ciudad y sus resultados publicados en el Geophysical Research Letters pueden ayudar a entender lo ocurrido.

Los investigadores, liderados por el geólogo Diego Melgar de la Universidad de Oregón, analizaron los datos de la red nacional de sensores sismológicos y de las estaciones de GPS de alta calidad en todo el país. Ellos encontraron que el terremoto de 2017 fue fundamentalmente diferente a la mayoría de los grandes terremotos mexicanos, que típicamente ocurren a lo largo de la costa del Pacífico del país, donde dos placas tectónicas colisionan.

El terremoto del 2017, llamado Puebla-Morelos, se produjo en el interior, a solo 110 km al sur de la ciudad de México, en el estado de Puebla. Desde la década de 1920, solo otros cinco grandes terremotos se han originado en el centro de México.

México, una extraña excepción

La mayoría de los grandes terremotos a nivel mundial ocurren a lo largo de las intersecciones inestables de la corteza terrestre, donde dos placas tectónicas colisionan y una placa se desliza debajo de la otra. Estas se llaman zonas de subducción, y los movimientos continuos de las placas en esas áreas son responsables de los terremotos más grandes del mundo, como Perú, Alaska, Japón, Chile e Indonesia.

En la mayoría de las zonas de subducción, después de que una placa tectónica se desliza debajo de una placa vecina, continúa en una inmersión diagonal hacia abajo y se hunde profundamente en el manto de la Tierra.

Sin embargo, eso no ocurre en México, el contacto inicial entre las dos placas tectónicas, que colisionan frente a la costa sur del Pacífico del país, comienza normalmente con la placa subducida hundiéndose diagonalmente hacia abajo. Pero luego, justo cuando comienza a sobresalir por debajo del continente mexicano, la placa, que está hecha de rocas densas y pesadas, invierte su curso. Se dobla hacia arriba, deslizándose horizontalmente debajo de la placa sobre la que se sienta México. Esta configuración continúa durante aproximadamente 200 km más o menos.

Luego, debajo del estado de Puebla, justo al sur de la Ciudad de México, a una profundidad de aproximadamente 50 km bajo tierra, la placa subducida cambia bruscamente de dirección una vez más. Vira casi verticalmente hacia abajo, hundiéndose profundamente en el manto de la Tierra.


La región de "flexión" y las ciudades que podrían ser víctimas de un nuevo terremoto
D. Melgar et al

Terremoto débil pero devastador

Cuando la placa se dobla hacia abajo con mucha fuerza, algunas de sus rocas se rompen. Esto es lo que causa los terremotos de "flexión" como los de la Ciudad de México. Después de que la placa tectónica doblada se parte, las ondas sísmicas emanan hacia afuera desde el punto de ruptura, causando que la Tierra tiemble. Y mientras más cerca se esté del epicentro, más fuerte será el movimiento.

Este tipo de terremoto en México típicamente tiene una magnitud relativamente menor que la variedad más común de la costa del Pacífico. Pero eso no significa que sus efectos sean necesariamente menores, debido a que los terremotos de "flexión" golpean en la región central de México, la cual está densamente poblada.

Un segundo factor

Esta misma placa subducida e inestable corre por debajo de todo el centro de México. Y, gracias a estudios previos, se sabe que está inclinada a lo largo de una franja grande y continua del centro y sur de México. Es aquí, donde podrían producirse terremotos.

Pero, de acuerdo al estudio, la curva de la placa tectónica es solo la mitad de la historia detrás del temblor del centro de México. La textura de la placa también importa. Las imágenes de alta resolución del fondo del océano frente a la costa del Pacífico de México revelan que el terreno del lecho marino es accidentado. Allí, se observan crestas altas y estrechas y valles profundos que corren longitudinalmente en dirección noroeste-sureste.


Imagenes de alta fideldiad de la zona rugosa en las costas de México
Global Multi-Resolution Topography Data Synthesis 

Esta "tela" se creó hace unos 8 millones de años, cuando las rocas se formaron por primera vez, mucho antes de que las placas tectónicas chocaran para dar a México su zona de subducción. Aun así, la textura de la placa, marcada por este tejido lineal de montañas y cañones subterráneos, resulta ser relevante para determinar dónde podrían ocurrir estos terremotos.

La investigación, en la que también estuvo involucrada la Universidad Autónoma de México- UNAM, encontró que debido a que sus crestas y valles están orientados uniformemente es menos probable que se rompa una placa tectónica si la fuerza que la dobla está en un ángulo perpendicular a la dirección en que corre la tela.

En otras palabras, es más probable que se produzcan terremotos grandes y dañinos de "flexión" cuando la propia textura de la placa subducida se alinea con la dirección de su curvatura hacia abajo.

Estas son malas noticias para las ciudades de Puebla y Oaxaca porque allí la textura de la placa y la curva de la placa están casi perfectamente alineadas, menos de 10 grados. Bajo tales circunstancias, la placa doblada puede romperse más fácilmente por el movimiento tectónico continuo.

Otro gran terremoto

La parte de la curva de la placa cerca de la ciudad de México, donde ocurrió el terremoto del 19 de septiembre, se encuentra en algún punto intermedio. La alineación entre la textura y la placa no es perfecta, pero están fuera de ángulo de solo 20 a 30 grados. Eso significa que la capital podría ver otro gran terremoto. Y, según los geólogos, el epicentro podría estar más cerca de la ciudad: esta banda tectónica se extiende tan al norte como la ciudad de Cuernavaca, a 50 km del extremo sur de Ciudad de México.

Estos hallazgos son un paso adelante en la comprensión de la compleja geología de México. Pero todavía no se sabe con qué frecuencia pueden ocurrir los terremotos "de flexión", ya sea una vez cada siglo o cada década. Lo único que le queda a hacer a México es prevenir.

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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