Venus podría albergar vida microbiana, según un nuevo estudio

Una imagen compuesta del planeta Venus vista por la sonda japonesa Akatsuki. /JAXA

Aunque es un ambiente extremadamente hostil, hay científicos que dicen que a unos 50 kilómetros de la superficie de Venus se encuentra el lugar más terráqueo (aparte de la Tierra misma) que existe en el Sistema Solar. Perse a que su atmósfera es un ambiente extremadamente hostil, algunas teorías como las que propuso el científico de la NASA Geoffrey A. Landis en 2003, sostienen que Venus podría ser un candidato para albergar civilizaciones. Su habitabilidad se planteó por primera vez en 1967 por Harold Morowitz y el Carl Sagan, y décadas más tarde, por David Grinspoon y Mark Bullock, entre otros. Ahora, los científicos están sacndo del cajón esta vieja idea y, en su inagotable búsqueda de vida extraterrestre, ponen el foco de nuevo en las nubes de Venus.

En un artículo publicado en la revista Astrobiology, un equipo internacional de investigadores del Centro de Ciencia e Ingeniería Espacial de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.) presenta la atmósfera de Venus como un posible nicho para la vida microbiana extraterrestre. Afirman que una vez Venus tuvo un clima habitable con agua líquida en su superficie durante 2.000 millones de años, y "eso es mucho más de lo que se cree que ocurrió en Marte". 

En la Tierra, los microorganismos terrestres, en su mayoría bacterias, son capaces de ser arrastrados a la atmósfera, y se han encontrado a alturas impensables de 41 kilómetros. También hay un catálogo creciente de microbios que se sabe que habitan en ambientes increíblemente hostiles en nuestro planeta, incluidas las fuentes termales de Yellowstone, en Estados Unidos, los respiraderos hidrotermales de los océanos profundos, los lodos tóxicos de las áreas contaminadas y los lagos ácidos de todo el mundo.

VAMP. /Universidad de Wisconsin-Madison

La atmósfera turbia, altamente reflectante y ácida de Venus se compone principalmente de dióxido de carbono (CO2) y gotas de agua que contienen ácido sulfúrico. Con la idea de que la atmósfera de Venus podría ser un nicho plausible para la vida, una serie de sondas espaciales fueron enviadas al planeta entre 1962 y 1978, y mostraron que las condiciones de temperatura y presión en las partes bajas y medias de la atmósfera de Venus (altitudes entre 40 y 60 kilómetros) no excluirían la vida microbiana. Sin embargo, se sabe que las condiciones de la superficie en el planeta son inhóspitas, con temperaturas que superan los 450ºC.

Según los autores, las bacterias en la Tierra con propiedades absorbentes de la luz similares a las de las partículas no identificadas que forman manchas oscuras inexplicadas observadas en las nubes de Venus. Las observaciones espectroscópicas, particularmente en el ultravioleta, muestran que los parches oscuros están compuestos de ácido sulfúrico concentrado y otras partículas desconocidas que absorben la luz. Esas manchas oscuras han sido un misterio desde que fueron observadas por primera vez por telescopios terrestres hace casi un siglo.

Las partículas que forman los parches oscuros tienen casi las mismas dimensiones que algunas bacterias en la Tierra, aunque los instrumentos que han muestreado la atmósfera de Venus hasta la fecha son incapaces de distinguir entre materiales de naturaleza orgánica o inorgánica. Los investigadores sostienen que los parches podrían ser algo parecido a las proliferaciones de algas que ocurren rutinariamente en los lagos y océanos, solo que estos tendrían que mantenerse en la atmósfera de Venus.

Una posibilidad para muestrear las nubes de Venus la tiene VAMP, o Venus Atmospheric Maneubleble Platform, una nave que vuela como un avión pero flota como un dirigible y podría mantenerse en la capa de nubes del planeta hasta por un año recopilando datos y muestras. Dicha plataforma podría incluir instrumentos como un Lidar Raman, sensores meteorológicos y químicos y espectrómetros, e incluso un tipo de microscopio capaz de identificar microorganismos vivos.

Beatriz de Vera
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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