Fósiles demuestran que estos lagartos prehistóricos tuvieron un par de ojos extra

Reconstrucción de la apariencia del Saniwa ensidens
Senckenberg Gesellschaft für Naturforschung / Andreas Lachmann / Digimorph.org

El lagarto fósil Saniwa ensidens, un pariente cercano de los lagartos gigantes que vivieron hace unos 49 millones de años, tenía dos ojo comunes y dos ojos parietales, publica la revista Current Biology. Algunos vertebrados modernos (incluidos los lagartos) tienen un tercer ojo (parietal) que funciona como la glándula endocrina. Esta es la primera vez que los paleontólogos descubren dos ojos parietales en los vertebrados mandibulados..

Untercer ojo es un órgano que puede percibir la luz, pero es incapaz de dar una imagen. Se encuentra en algunos agnatos, peces, reptiles y anfibios. El tercer ojo juega un papel en la regulación de los ritmos circadianos y la termorregulación. Algunos anfibios y reptiles lo necesitan para orientarse en el espacio. El tercer ojo es mucho más pequeño de lo normal, está cubierto con una película transparente o de piel y a menudo se encuentra en un orificio especial en el cráneo. Con la construcción se ve como un ojo normal: tiene una retina, nervios, pero no iris ni párpados.

Cyclura lewisi
Jarek Tuszyński / Wikimedia Commons

TheAlphaWolf / Wikimedia Commons

Los paleontólogos del Instituto de Investigación Senckenberg, Alemania, y la Universidad de Yale, dirigidos por el Krister Smith, descubrieron dos ojos parietales en el lagarto fósil Saniwa ensidens, un pariente cercano de los Varanus, que vivieron hace 49 millones de años en América del Norte. Los investigadores estudiaron los fósiles de la colección del Museo Peabody de Yale y en los cráneos de dos lagartos encontraron dos huecos, en el lugar donde los reptiles modernos tienen el ojo parietal. Los huesos de ambos lagartos pertenecían a la misma especie y fueron hallados en 1871 en el estado de Wyoming, EEUU. Dado que los dos agujeros se encontraron en dos muestras, y los investigadores decidieron que este anatomía es característica inherente de estos animales y no de un solo ejemplar.

Los autores plantearon la hipótesis de que el segundo ojo parietal es otro sensor sensible a la luz y ayudaron a los lagartos a percibir la luz de onda corta, que se desvanece rápidamente cuando toca el tejido. Probablemente permitió a los S.ensidens a orientarse en el espacio.

Anteriormente, los paleontólogos descubrieron que los lagartos aprendieron a automutilarse hace 289-286 millones de años.

 

María Cervantes
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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