Los restos humanos de Atapuerca no eran entierros funerarios sino carroña, según un nuevo estudio

Sierra de Atapuerca. /Wikipedia

Los fósiles de homínidos encontrados en cuevas en España (Sima de los Huesos, en Atapuerca) y Sudáfrica (Cámara Dinaledi), ambos del Pleistoceno medio, fueron colocados allí por sus compañeros homínidos como parte de un ritual funerario. Por lo menos, hasta ahora primaba esta  hipótesis que sugiere cierta comprensión de la muerte y la creencia en la posibilidad de una vida futura. Ahora, un algoritmo de aprendizaje automático contradice esta teoría y expone que los huesos de humanos primitivos no acabaron depositados en cuevas con ese propósito.

Estos restos antiguos considerados parte de enterramientos rituales por antepasados se aportaban como evidencia de que los humanos tenían una comprensión avanzada de la mortalidad hace varios cientos de miles de años. Pero no existía unanimidad científica al respecto, y cada cierto tiempo surgen nuevos intentos de arrojar luz a este debate: esta vez, los investigadores recurrieron al aprendizaje automático. Los resultados se han publicado en PNAS.

Para evaluar si los huesos en los dos sitios se colocaron allí intencionalmente o si llegaron por otros medios, los científicos, de la Universidad de Indiana (EE.UU.), utilizaron un algoritmo que analiza datos sobre otros sitios de enterramiento, incluidos los de humanos modernos, otros primates y humanos arcaicos. El sistema aprendió a asignar los sitios a categorías como cadáveres carroñeros, cadáveres humanos no alterados, etc.

Cuando se introdujeron los datos relativos a las cuevas de España y Sudáfrica, el algoritmo atribuyó la alteración de ambos sitios a especies carroñeras, lo que sugiere que los huesos llegaron a las cuevas a través de animales carroñeros que los llevaban para alimentarse con cierta tranquilidad, y no como arcaicos ritos funerales.

Pero aún así, estos hallazgos del equipo no resuelven la polémica. Los expertos indican que este hecho no implica necesariamente que los primeros homininos no realizasen servicios funerarios, y que estas conclusiones solo son válidas en estos casos particulares. "Debemos desterrar la idea de que un fósil o un hallazgo nos llevan a reescribir la prehistoria. Más bien la refuerzan y la definen. La reconstrucción de nuestros orígenes es como un gran edificio en continua reforma. Alguna vez, las menos, habrá que derribar una estancia, pero en la mayoría de los casos lo que hacemos es ampliarlas y abrirles ventanales que nos dan una mejor visión panorámica", explica en esta entrevista María Martinón Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y miembro del Equipo de Investigación de Atapuerca desde 1998. 

Beatriz de Vera
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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