Un brusco cambio climático provocó la plaga de Justiniano, que mató a la mitad de los romanos en el siglo VIII

Mosaico de Justiniano. /Wikipedia

En el año 542, la plaga de Justiniano mató aproximadamente a la mitad o más de los habitantes de lo que entonces se consideraba el Imperio Romano de Oriente. La culpable, la bacteria Yersinia pestis, se extendió a través de Europa desde el Mediterráneo, probablemente llegando a Finlandia, y matando a decenas de millones de personas para el siglo VIII.

En el hemisferio norte, se vivía un período inusualmente sombrío y frío debido a grandes erupciones volcánicas ocurridas durante el siglo VI, y las duras condiciones climáticas fueron significativamente perjudiciales para la agricultura y redujeron la producción de vitamina D entre la población. "Nuestra investigación muestra que la anomalía climática, que cubrió todo el hemisferio norte, fue el resultado de varias erupciones volcánicas", indica Markku Oinonen, director del Laboratorio de Cronología de la Universidad de Helsinki (Finlandia). Los materiales emitido a la atmósfera durante las erupciones cubrieron el sol durante mucho tiempo. Así que las personas que ya estaban debilitadas por el hambre también tenían que lidiar con un sistema inmune comprometido.

El nuevo estudio, publicado en Scientifc Reports, rastrea la correlación de la variación de isótopos de carbono y las erupciones volcánicas desde el siglo XIX hasta los últimos años, y muestra la dramática reducción de la luz solar disponible en 536 y entre 541 y 544 de nuestra era. La variación de las temperaturas veraniegas se reconstruyó de manera similar sobre la base de la densidad de los anillos anuales de crecimiento de los árboles.

El vínculo de esta plaga con un cambio climático repentino ha sido basado en dendrocronología, el análisis de la variación de los isótopos de carbono en los anillos de crecimiento anuales de los árboles. La variedad de isótopos de carbono refleja la fotosíntesis, que a su vez depende en gran medida de la cantidad de radiación solar disponible durante el verano. La serie de anillos de crecimiento anuales de depósitos de árboles subfósiles o intactos abarca los últimos 7.600 años. Los árboles se encuentran a menudo en el fondo de pequeños lagos, y el Natural Resources Institute de Finlandia (Luke) lleva tomando muestras y registrando los hallazgos desde la década de 1990.

Un equipo de científicos ha documentado por primera vez en la revista Nature cómo fue la vida de nuestros antepasados en África durante la dantesca erupción del volcán Toba (Indonesia) en 74.000, que provocó un invierno volcánico y acabó con gran parte de la población humana en todo el mundo. En aquellos tiempos, el cielo permanecía gris en el día y mostraba un color rojizo por la noche. No florecía y los árboles morían en invierno. Los grandes mamíferos como los antílopes enflaquecían y morían de hambre y así disminuyó el sustento para los depredadores carnívoros, que incluían a humanos y otras bestias. El ciclo se repitió año tras año: todo nacía en Toba.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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