Los esfuerzos de los machos por atraer a las hembras los ponen en riesgo de extinción

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Dedicar mucha energía a la competencia entre machos en búsqueda de pareja para reproducirse puede comprometer la capacidad de recuperación de las especies y aumentar su riesgo de extinción, según un estudio de fósiles de miles de antiguos crustáceos del Museo Nacional de Historia Natural (NMNH, EE.UU.) publicado en Nature.

Muchas especies actuales ofrecen llamativos ejemplos de dimorfismo sexual, diferencias características entre machos y hembras que generalmente los ayudan a ellos a atraer y asegurarse de tener pareja. Con el fin de transmitir genes a las generaciones futuras, los machos ponen mucha energía en generar estas características específicas del sexo: las elaboradas plumas de la cola de un pavo o el tamaño corporal masivo defensor del territorio de un elefante marino son claros ejemplos.

Investigaciones anteriores proponían que esta energía que invierten en emparejarse, puede limitar los recursos que tienen disponibles para sobrevivir, particularmente cuando algo en su entorno cambia, que los dejaría en mayor riesgo de extinción. El problema es que en la mayoria de los fósiles animales, no se puede diferenciar el sexo, lo que dificulta determinar cómo el dimorfismo sexual ha afectado la supervivencia de las especies.

Pero hay una excepción: los ostrácodos, pequeños crustáceos que han estado en el planeta durante casi 500 millones de años. Estas criaturas parecidas a los camarones, que viven dentro de conchas con bisagras más pequeñas que una semilla de amapola, tienen formas específicas de sexo distintivas que se conservan en el registro fósil: los machos tienen cuerpos alargados y conchas, mientras que las hembras son generalmente más pequeñas. Una forma de concha alargada acomoda los grandes órganos sexuales del macho, con órganos más grandes que presumiblemente producen más esperma y mejoran las oportunidades de éxito reproductivo.

Fósiles de hembra (izquierda) y macho (derecha) de ostrácodos. /Museo Nacional de Historia Natura Smithsoniano

Los autores analizaron las grandes colecciones de fósiles de ostrápodos del Museo Nacional de Historia Natura Smithsoniano, y las universidades del Sur de Misisipi y Luisiana (EE.UU.) así como fósiles adicionales que recolectaron, para investigar si las especies en las que la distinción macho/hembra era más pronunciada habían sido más vulnerables que otras a los cambios en sus entornos.

El equipo estudió minuciosamente más de 6.000 individuos, tenindo en cuenta la época en la que vivieron, según capa geológica en la que se encontraron, y evaluando las formas y tamaños. Su análisis final incluyó 93 especies diferentes de ostrácodos que vivieron durante el periodo Cretácico superior, hace entre 85 y 65 millones de años: algunos habían vivido durante casi todo el lapso de 20 millones de años, mientras que otras duraron solo unos pocos cientos de miles de años. Y el tamaño y la forma de los machos parecían haber sido un factor significativo en la longevidad de las especies. "Mostramos que cuando los machos son más grandes y alargados que las hembras, esas especies tienden a no durar tanto en el registro fósil. Tienen un mayor riesgo de extinción", afirma Gene Hunt, autor principal del trabajo.

Colección de fósiles. /Museo Nacional de Historia Natura Smithsoniano

Si lo mismo es válido para otras especies, los conservacionistas pueden tener en cuenta el dimorfismo sexual al evaluar la vulnerabilidad de las especies a las amenazas ambientales actuales, concluyen los científicos.

A finales del año pasado, un equipo de paleontólogos ha encontrado fósiles de trilobites de 500 millones de años excepcionalmente conservados, que han revelado datos sobre su sistema digestivo. Según los científicos, mientras que los exoesqueletos encontrados hasta ahora del animal extinto se conservaron muy bien, es muy raro ver tejidos blandos preservados, como órganos o apéndices, lo que lleva a que el conocimiento del sistema digestivo del trilobites provenga solo de un pequeño número de individuos. Investigaciones previas sugieren que existían dos dispositivos para los sistemas digestivos del trilobite: un tubo que funciona a lo largo del cuerpo con glándulas digestivas laterales que ayudaban a procesar el alimento; y un estómago primario expandido que conduce a un tubo simple sin glándulas laterales.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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