Diogo Alves, el asesino en serie cuya cabeza se conserva perfectamente en una jarra de vidrio en Portugal

Rafaela Ferraz
Atlas Obscura

El teatro anatómico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Lisboa alberga entre sus paredes una tétrica escena: la cabeza sumergida de quien fue un asesino en serie nacido hace más de dos siglos. El rostro de Diogo Alves, así se llamó el hombre de la foto, se observa amarillo y con una mirada inexpresiva. Atlas Obscura informó recientemente de esta exposición interna. 

Se dice, sin poder probarse al cien por ciento, que fue el primer asesino en serie de Portugal y el último hombre en ser colgado en aquel país.

Alves nació en Galicia en 1810 y viajó a Lisboa de niño para trabajar de sirviente en hogares adinerados de la capital. No pasó mucho tiempo para que el joven Alves se diera cuenta que la vida criminal le sería de mayor provecho: en 1836, fue enviado a laborar en una casa cercana al Aqueduto das Águas Livres. Un acueducto era un sistema de irrigación que llevaba agua de fuentes naturales a ciudades o poblados.  

Con una longitud menor a media milla, el acueducto también permitía a los pobladores y granjeros atravesar el paisaje rural por arriba, llegando directamente a la ciudad de Lisboa. Fue a lo largo de esta ruta que muchos desafortunados se encontraron con Diogo Alves.

Sin importar que la mayoría de transeúntes fueran humildes campesinos que llegaban a vender sus cosechas, Alves los hizo su objetivo. Esperando su retorno, los encontraba por la noche a lo largo del Acueducto, donde les robaba y despojaba de su dinero. Luego, los arrojaría por el puente de 60 metros, dejándoles sin opción de sobrevivir. Entre 1836 y 1839, Alves repitió la fórmula unas 70 veces.

La policía local atribuyó la barbarie a suicidios en serie, lo que llevó al cierre del puente para el tránsito de personas. Las matanzas se detuvieron, pero esta vez residencias privadas empezaron sufrir asaltos luego de que Alves conformara una banda de saqueadores y asesinos que apuntaron a los más adinerados de la ciudad. El grupo fue capturado cuando asesinaban a cuatro personas en la casa de un médico, y Alves fue arrestado y sentenciado a muerte por decapitación en 1841.

¿Por qué la cabeza de Alves está en una jarra?

La cabeza de Alves rodó en 1841, justo cuando la frenología empezaba a ponerse de moda en Portugal. Hoy reconocida como una pseudociencia, la frenología tenía por premisa que el cerebro almacenaba todos los aspectos de la personalidad humana en áreas físicamente distintas, y la forma del cráneo reflejaba su organización interna. El trato personal y la propensión al crimen podría ser sentida, palpada y medida en el cráneo. No es raro que un cadáver con tanto morbo llamara la atención de los incipientes frenólogos portugueses, quienes solicitaron que la cabeza de Alves sea conservada para la posteridad, con el fin de que el cráneo del l pudiese ser estudiado a profundidad en el futuro.


Frenología
Wikimedia Commons

No hay evidencia de que tal estudio sobre la personalidad de Alves haya tenido lugar en la referida universidad, pese a que si se estudió a otros, como Francisco Mattos Lobo, un contemporáneo que mató a una familia de cuatro personas. El último descansa dos puertas detrás en el mismo pasillo de Alves, aunque no recibe ni la mitad de visitas que el español. La parte de la universidad donde permanece el cráneo de Alves solo puede ser visitada por estudiantes, y no por el público en general.

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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