Identificado el secreto del fuego infernal de Yellowstone

Yellowstone es famoso por erupciones explosivas, grandes calderas y extensos flujos de lava. /Wikipedia

Yellowstone, un supervolcán famoso por erupciones explosivas, grandes calderas y extensos flujos de lava, ha atraído durante años la atención de los científicos que intentan comprender la ubicación y el tamaño de las cámaras de magma que se encuentran debajo. La última erupción formadora de caldera ocurrió hace 630.000 años, y la última gran erupción de lava sucedió hace 70.000 años.

Ahora, mediante el uso de modelos de supercomputación, los científicos de la Universidad de Oregón (EE.UU) han dado a conocer una nueva explicación para la geología que subyace a las imágenes sísmicas recientes de los cuerpos de magma debajo del Parque Nacional del mismo nombre.

Según su investigación, publicada en Geophysical Research Letters, la corteza debajo del parque se calienta y suaviza mediante infusiones continuas de magma que surgen de una anomalía llamada pluma del manto (similar a la fuente del magma en el volcán Kilauea de Hawai). Enormes cantidades de agua que alimentan los dramáticos géiseres y las aguas termales de Yellowstone enfrían la corteza y evitan que se caliente demasiado.

Han descubierto que, a 5-10 kilómetros de profundidad, las fuerzas opuestas se contrarrestan entre sí, formando una zona de transición donde rocas frías y rígidas de la corteza superior dan paso a roca caliente, dúctil e incluso parcialmente fundida. Esta transición atrapa el aumento de los magmas y hace que se acumulen y se solidifiquen en un gran cuerpo horizontal llamado alféizar, que puede tener hasta 15 kilómetros de espesor.

Este punto medio de la corteza se compone de gabro (una roca formada a partir de magma refrigerado, compuesta principalmente de plagioclasa cálcica y piroxeno) en su mayoría solidificado. En la parte superior y en la inferior hay cuerpos de magma separados, conteniénsose en la parte alta el magma riolítico, pegajoso y rico en gas, que ocasionalmente estalla.

No dos, sino tres capas de magma

Los científicos sospechaban que enormes cantidades de dióxido de carbono y helio que escapaban del suelo indicaban que había más magma más abajo. Ese misterio fue resuelto en mayo de 2015, cuando un estudio dirigido por la Universidad de Utah (EE.UU.) y publicado en la revista Science identificó a través de ondas sísmicas un segundo cuerpo de magma más grande a profundidades de 20 a 45 kilómetros. Sin embargo, en aquel entonces los estudios de imágenes sísmicas no pudieron identificar la composición, el estado y la cantidad de magma en estos cuerpos, ni cómo y por qué se formaron allí.

La nueva investigación indica que existe una gran capa de magma frío en el umbral medio de la corteza, separando dos cuerpos anteriormente conocidos. Estos datos, por ahora, no ayudan a predecir el momento de futuras erupciones, pero ayudan a explicar la estructura del sistema de plomería magmática que alimenta estas erupciones

Estudiar la interacción de los magmas ascendentes con la zona de transición de la corteza y cómo esto influye en las propiedades de los cuerpos de magma que se forman arriba y abajo, según los científicos, debería impulsar la comprensión científica de cómo las plumas del manto influyen en la evolución y estructura de la corteza continental .

La erupción catastrófica del supervolcán Yellowstone ocurrida hace 630.000 años y que formó la que es actualmente la segunda caldera más grande en la Tierra, no solo afectó a la orografía de este famoso Parque Nacional estadounidense sino que fue determinante para el clima de la Tierra.

Un registro geológico, llevado a cabo por expertos de la Universidad de California Santa Bárbara (EE.UU.), y basado en dos capas de ceniza volcánica encontradas en los sedimentos del fondo marino en la cuenca de Santa Bárbara, concluye que estos sedimentos llevan la huella química única de la súpererupción más reciente de Yellowstone. Estas capas de ceniza, o tefra, están intercaladas entre los sedimentos que contienen un registro detallado de los océanos y el cambio climático. Tanto la ceniza como los sedimentos revelan que la última erupción no fue un evento único, sino que se sucedieron dos erupciones con 170 años de diferencia que llevaron al planeta de una glaciación importante, enfriando el océano, cada una de ellas, aproximadamente 3ºC.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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