¿Puede tu perro predecir un terremoto?

La mayoría de datos se basan en anécdotas y no en estudios experimentales. /Flickr

Durante siglos, la gente ha afirmado que el comportamiento extraño de sus gatos, perros e incluso vacas puede predecir un terremoto, pero el primer análisis estadístico del fenómeno concluye que no hay pruebas sólidas detrás de este fenómeno. 

Científicos del Centro de Investigación alemán GFZ de Geociencias se propusieron determinar si el vínculo entre el comportamiento animal y el terremoto se basa en reglas claramente definidas (como la distancia del animal a los terremotos de cierta magnitud), si el comportamiento del animal ha sido observado alguna vez y no seguido por un terremoto, si existe una hipótesis de prueba estadística para examinar la evidencia y si la población de animales está sana, entre otras preguntas. Esas preguntas, que los investigadores consideran necesarias, rara vez se hacen, por lo que es difícil analizar sistemáticamente la evidencia para la predicción animal. El trabajo, publicado en el Boletín de la Sociedad Sismológica de América, sugiere en cambio que la mayor parte de esta "evidencia" consiste en observaciones únicas y anécdotas que no pueden probarse rigurosamente. 

Para llegar a estas conclusiones, recopilaron 729 informes de comportamiento animal anormal relacionados con 160 terremotos, que iban desde elefantes hasta gusanos de seda. La mayoría de estos documentos se trataban de anécdotas y no de estudios experimentales, provenientes principalmente de tres eventos: el terremoto de Darfield de 2010 en Nueva Zelanda, el terremoto de Nagano-ken Seibu en 1984 en Japón y el terremoto de L'Aquila de 2009 en Italia. Los comportamientos inusuales ocurrieron en cualquier lugar desde segundos hasta meses antes de los terremotos, y a distancias de unos pocos cientos de kilómetros desde los orígenes del terremoto. Solo 14 de los informes registran una serie de observaciones de los animales a lo largo del tiempo; la mayoría de los informes son observaciones únicas.

Estas debilidades en los datos dificultan confirmar que estos comportamientos son predictivos, es decir, señalan un evento de terremoto antes de que comience el evento, en lugar de ocurrencias aleatorias o comportamientos vinculados a las etapas iniciales de un terremoto, como temblores preliminares, que se asocian fuertemente a anomalías en el comportamiento animal en el análisis estadístico, lo que sugiere que al menos algunos de los comportamientos se relacionan, no con una predicción sino con fenómenos físicos de un evento sísmico que ya está en marcha. "Los animales pueden sentir las ondas sísmicas, podrían ser P, S u ondas de superficie generadas por las simulaciones. Otra opción podría ser los efectos secundarios provocados por las explosiones, como los cambios en las aguas subterráneas o la liberación de gases del suelo que podrían ser detectados por los animales".

Sin un registro largo, los investigadores indican que no pueden estar seguros de que sus observaciones se relacionen con un terremoto y no con algún otro tipo de cambio ambiental o fluctuación a largo plazo en la salud de una población animal o sus depredadores.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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