Científicos colombianos se lanzan a estudiar territorios ‘prohibidos’ hasta hoy por conflicto de guerrillas

Un reciente artículo de Sciencemag.org da cuenta una serie de esfuerzos de la comunidad científica colombiana por apresurarse a estudiar territorios hasta la fecha inaccesibles por una serie de conflictos históricos (entre el gobierno y grupos guerrilleros y terroristas) que han dejado una herida profunda en la sociedad del país sudamericano.

Uno es el caso de Camilo Montes, un geólogo cuyo equipo se ha dirigido hacia el golfo de Urabá (en la costa norteña de Colombia) en lancha en busca de pistas de un profundo evento geológico que transformó el continente americano.

Luego de interminables caminatas, y apoyándose en coordenadas de GPS, usan martillos para roca para obtener esquirlas y así poder examinarlas. De ellas, determinan que la formación de estas corresponde a cuando brotó el magma, creando las montañas del arco de Panamá, que conforma Panamá y el norte de Colombia.

El experto de la Universidad del Norte (Uninorte) en Barranquilla investiga la formación de los volcanes de Panamá y su colisión con Sudamérica, lo que acabó uniendo el continente americano y permitió la mezcla de ecosistemas separados por millones de años. Algunos científicos pensaron que la lengua de tierra que une a los continentes se formó hace 3.5 millones de años. Montes, con la nueva evidencia, argumenta que de hecho, el encuentro fue hace 10 millones de años.

Si se confirma este planteamiento cambiaría toda la manera de analizar fósiles entre dos continentes y cómo se calibran los relojes moleculares usados hasta hoy para calcular la divergencia de especies, de acuerdo a Susana Caballero, bióloga de la Universidad de los Andes entrevistada por el citado medio.

Antes de estar aquí, Montes había limitado su trabajo a la zona de colisión geológica de Panamá. Pero las FARC ocupó la región de Urabá por décadas. Las cosas cambiaron cuando el 26 de setiembre del 2016, el gobierno colombiano firmó un acuerdo de paz: los guerrilleros cerraron sus campamentos y entregaron sus armas.

Esto, a su vez, permitió que científicos como Montes se animaran a explorar la geología, ecosistemas, deforestación y el cambio climático en estas regiones. Aunque aun existen riesgos: una buena parte del área es terreno minado, y todavía existen traficantes de droga y paramilitares no pertenecientes a las FARC. Aun así, los investigadores han intentado ingresar, dado que el acceso ya no está prohibido y Urabá seductor por lo inexplorado.

Un inverosímil lado positivo del conflicto

Algo similar ocurre con la biodiversidad de la zona. Se estima que Colombia alberga cerca del 10% de especies conocidas de la Tierra, gracias a su geografía única, que incluye parte de la Cordillera de los Andes.

Andrés Link, biólogo de Uniandes que estudia el comportamiento de los monos, tuvo que irse del Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena, a 200 km al sur de Bogotá, cuando en el 2002 fue instado a marcharse, por órdenes de las FARC. Ocurrió igual con la bióloga Adriana Sánchez Andrade, otra estudiante de Uniandes en aquel momento.

Hoy, los investigadores tienen más libertades para explorar y han podido descubrir que el conflicto, muy largo en tiempo, ha tenido un impacto ecológico positivo: se frenó el desarrollo y por consiguiente el impacto humano en ciertos ecosistemas. Si bien los combatientes de las FARC también deforestaron para establecer sus campamentos, el impacto fue menor.

Por otro lado, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, está trabajando en hallar, documentar y estudiar nuevas especies en una serie de expediciones. El equipo ha recopilado miles de muestras y está publicando los datos en línea. “Es un sueño descubrir la extraordinaria diversidad de nuestro propio país”, dice Mailyn Gonzáles Herrera al medio.

Aunque Link advierte que los terrenos “no solo se han abierto para los científicos", sino también para toda la maquinaria del desarrollo. Link notó la presencia de monos araña albinos, una señal de endogamia, más común a medida que la población se reduce.

La regeneración de paisajes

El biólogo Juan Manuel Posada de la Universidad Del Rosario en Bogotá estudia hoy el bosque de la Reserva Biológica de Encenillo, donde observa la capacidad de regeneración en paisajes desnudos. Hasta 1992, el lugar a 20 minutos en auto desde Bogotá fue una mina caliza. Bloqueada desde 1994 por las FARC, hoy Posada observa cómo se recupera, junto a otras 45 parcelas alrededor de la capital, documentando y rastreando a especies pioneras y el tiempo que necesita la reforestación, con una serie de medidas se las más detalladas de las especies vegetales. Igualmente, la vida salvaje estaría regresando: se llegaron a ver osos de anteojos en la zona.

Peligros latentes

Uno de los grandes problemas que enfrentan los investigadores en la región de Urabá, es la permanente crisis humanitaria que rodea la frontera. Allí llegan inmigrantes desde lugares tan lejanos como Asia y África, con la esperanza de cruzar a América Central en su camino a EEUU o Canadá, agitación que atrae a traficantes de personas a la zona. Igualmente contrabandistas de drogas como la cocaína. Pablo Stevenson, ecologista de Uniantes, quien estudia primates, reconoce que hay una situación anárquica. Esto podría disparar más violencia que aleje a los investigadores.

Algunos científicos también ven una amenaza inminente las elecciones presidenciales de Colombia en el próximo mes. El conservador Iván Duque encabeza las encuestas y se comprometió a encarcelar a los excombatientes de las FARC, lo que podría menoscabar el proceso de paz. Esto último, a su vez, volvería mucho menos probables los trabajos de campo. El entusiasmo por la post-guerra está tratando de ser aprovechado por los científicos, aunque ni ellos mismos saben cuánto durará.

 

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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