¿La adicción al sexo es real? Apuntes a propósito del drama vivido por Rebecca Barker

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La adicción al sexo es un cuadro que divide a los expertos. El tema ha vuelto a surgir luego de que Rebecca Barker, una ciudadana británica ha contado a los medios de aquel país cómo la condición ha llegado a destruir su vida en todo aspecto. Una entrevista a la propia víctima de este problema fue posteada en el sitio web de la BBC, en el que ella da a conocer su testimonio.

“Cinco veces al día no era suficiente”, “le pedía a mi pareja sexo constantemente”, “era literalmente lo primero que pensaba al levantarme”, relató la mujer de 37 años, madre de tres niños, proveniente de Tadcaster, en North Yorkshire, Reino Unido. “Todo me recordaba al sexo, creo que esto estaba relacionado con mi depresión, mi cuerpo entero lo pedía; me volví una ermitaña, no quería salir de casa porque me era muy incómodo salir y estar rodeada de otra gente”.

El problema, si bien fue aceptado y acogido inicialmente, no tardó en generar problemas al volverse incontrolable para ella y su pareja, quien tenía problemas para comprenderlo. Finalmente, acabaron separándose. Su psiquiatra solo atinó a cambiarle de medicamentos, aunque el tratamiento no fue más allá. Su problema, cree, empezó desde que el 2012 entró en un cuadro de depresión, luego cambió de trabajo, se separó y hasta se mudó de país.


Barker: "Cinco veces al día no eran suficientes"
 

¿Es real la adicción sexual? Depende a quién le preguntas

Por casos como el de Barker, y probablemente del de algún conocido, podemos decir que el problema es bastante real. Pero si preguntamos por voces expertas, la respuesta será más bien objeto de controversia. En un lado del espectro, están los terapeutas sexuales que dudan sobre si el sexo puede ser adictivo y miran la etiqueta como potencialmente bochornosa. Por otro lado, están los terapeutas que creen que por un grupo pequeño de personas, creen que el sexo y un comportamiento atípico alrededor del mismo pueden ser destructivos y adictivos como cualquier droga.

El concepto apareció en los 80, cuando Patrick Carnes publicó un libro llamado Out of Shadows, que apuntaba a identificar un comportamiento sexual compulsivo, similar a una adicción. Desde entonces, programas y una serie de servicios surgieron para abordar el cuadro, pese que hasta la fecha no ha sido considerado en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), la guía autorizada de cuadros psiquiátricos.

En cambio, el CIE-10 (la Clasificación Internacional de Enfermedades, 10ª versión) de la Organización Mundial de la Salud sí considera la hipersexualidad como una enfermedad, valga la redundancia.

¿Es el sexo adictivo?

Existe también la controversia sobre si es que el sexo puede ser “adictivo” o no. En un artículo escrito para la CNN, el psicoterapeuta y consejero sexual compara la “adicción sexual” con la ludopatía, a propósito de algunos paralelos que la ponen al nivel incluso de la adicción a las drogas. “Algunos especialistas creen que la adicción sexual es más similar a la ludopatía, ya que envuelve un comportamiento y no una sustancia”. La ludopatía es la única condición reconocida en el DSM, considerada una adicción conductual. Y el problema no sería siquiera el mero acto sexual. De acuerdo a Robert Weiss, entrevistado por el mismo medio, el problema de la adicción no está en el acto mismo, en el tipo de sexo que se tiene, ni la frecuencia, sino en que esto provoque problemas en la vida de la persona, relacionados a su normal desenvolvimiento social, laboral y sentimental.

El combustible del problema, de acuerdo a Weiss, podría estar en la propia excitación por buscar porno en Internet o buscando parejas en Tinder y no en el sexo mismo.

El umbral para lo que constituye la hipersexualidad está sujeto al debate, y los críticos dudan que pueda existir un solo diagnóstico. El deseo sexual varía considerablemente en los humanos; lo que una persona consideraría deseo sexual normal podría entenderlo otra persona como excesivo e incluso otra como bajo. El proceso de medición, incluso, podría estar definido por los parámetros religiosos de uno u otro individuo.

Qué dicen las investigaciones

Lamentablemente, los estudios hasta ahora no han ayudado a resultados concluyentes para ponerle fin al debate. Un equipo de científicos de la Universidad de California, EEUU, usó el 2015 el electrocardiograma para medir la actividad de 122  hombres y mujeres, algunos de los que reportaron problemas de controlar su consumo de pornografía. Las personas que aparentemente sufrían de la adicción no exhibieron actividad cerebral distinta a las personas del grupo de control.

Otra investigación sí halló diferencias. En el 2014, otro estudio de la Universidad de Cambridge usó imágenes por resonancia magnética para escanear cerebros de 38 hombres, quienes reportaron un comportamiento sexual compulsivo mientras veían porno o videos deportivos. Halló que tres regiones del cerebro estaban más activas en personas con el comportamiento compulsivo en comparación a la actividad de los voluntarios. Las regiones cerebrales activadas eran las mismas que en los adictos a las drogas. Estas personas, también, exhibieron niveles más altos de deseo hacia la pornografía pese a que no reconocieron haber disfrutado de los videos, un fenómeno presente en personas con otros tipos de adicciones. Aun así, el equipo reconoció que su estudio no era una prueba contundente que la adicción a la porno existe.

La adicción sexual es un problema que ha afectado también a personas famosas: Kevin Spacey, Tiger Woods, Russell Brand, Ozzy Osbourne y Michael Douglas son algunos de los que han reconocido ingresar a tratamiento por este problema. Estos famosos han acudido a la clínica The Meadows, especializada en el rubro. En Latinoamérica, una clínica que recibe rara vez casos de este tipo es la chilena Medical Sex Center. Por su parte, el médico psiquiatra argentino Walter Ghedin, indica que “no hay tratamientos específicos que ‘curen’ la adicción al sexo, aunque se puede controlar con terapias cognitivas, grupos de 'sexo adictos' y fármacos que calmen los impulsos y la ansiedad”.

 

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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