Científicos argentinos modifican genéticamente la papa para evitar que se malogre rápido

MaxPixels

La papa (Solanum tuberosum L.) es el tercer cultivo más importante en el mundo, después del trigo y el arroz. Por eso se realizan esfuerzos a nivel mundial para mejorarla genéticamente. El último de ellos viene desde Argentina, donde un grupo de investigadores especializados en biotecnología del INTA Balcarce ha logrado apagar el gen que oscurece el tubérculo.

“Comprobamos que somos capaces de generar dentro de una célula de papa, una maquinaria de edición génica que se dirige específicamente al gen elegido y cambia su secuencia genética”, explicó en una nota de prensa, Sergio Feingold, director del Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA.

Los resultados exitosos llegan luego de un esfuerzo de 7 años en perfeccionar las tecnologías de edición génica. “La técnica utilizada fue la de edición génica”, indicó Feingold acerca de la tecnología empleada, también conocida como CRISPR/Cas9. “De manera intencional realiza cambios dirigidos en el material genético de plantas y animales de consumo con el objetivo de mejorar su producción y calidad”, puntualizó.  

Oxidación de la papa

Al aplicar esta técnica, el equipo de científicos liderados por Feingold se focalizó en un gen de polifenol oxidasa, cuya enzima provoca el oscurecimiento en tubérculos cuando se los corta y se los expone al aire.

“Este proceso está relacionado con la actividad de la enzima polifenol oxidasa que cataliza la oxidación a diferentes compuestos fenólicos con la consecuente transformación a pigmentos oscuros anti-nutricionales no deseables para la calidad industrial”, destacó Feingold, quien agregó: “Si no hay enzima, no hay pardeamiento”.

Así mismo, Matías González, becario doctoral del Conicet explicó que “el corte o pelado de los tubérculos, así como los daños mecánicos sufridos durante la cosecha, transporte y almacenamiento, llevan a que se generen manchas pardas o negras producto de la oxidación, lo cual genera pérdidas para el consumo y la industria”. Por su parte Gabriela Massa, también investigadora del INTA, informó que “alrededor del 15% mostró cambios en la secuencia de este gen, lo que representa una alta eficiencia”.

De acuerdo a los científicos es un primer paso muy importante y despierta interés en futuros procesos de industrialización. “Este logro es la base de las nuevas técnicas de mejoramiento genético que nos permiten hacer lo mismo que se hizo durante años mediante el mejoramiento convencional, pero de manera más rápida y precisa”, expresó Feingold.


El proceso de oxidación hace que las papas tomen ese color negruzco
Feingold et al, Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA, Argentina

Los siguientes pasos

El siguiente paso que realizará el equipo es corroborar que las plantas identificadas mejoren su comportamiento como resultado del ‘apagado’ del gen de polifenol oxidasa, comenta Massa. Y, cuando estas plantas produzcan tubérculos, “observar que tengan un grado de pardeamiento reducido con respecto a las plantas no editadas”.

El oscurecimiento no sólo genera el rechazo del consumidor y de la industria (cuya producción en Argentina ronda las 2.4M de toneladas al año), sino que altera las propiedades nutricionales de la papa fresca y sus productos derivados. Al utilizar técnicas modernas de mejoramiento genético es posible obtener un producto de mayor calidad y más saludable para su consumo.

Luego aplicarán el CRISPR/Cas9 en otras variedades de papa, tanto en este gen como en otros genes de importancia nutricional con el objetivo de agregar valor y mejorar la calidad del cultivo. Así mismo, se buscará utilizar la técnica en otros cultivos de importancia como el arroz y la soja.

Además de tener aplicaciones industriales, la edición genética podría utilizarse para modificar alimentos con el fin de que puedan ser cultivados en el espacio. El año pasado, un grupo de investigadores peruanos del Centro Internacional de la Papa – CIP, liderados por el Dr. Valdivia, lograron cosechar este tubérculo andino en condiciones similares a Marte.

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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