Los lagos de agua dulce son importantes emisores de gases de efecto invernadero

Lago di Poschiavo. /Wikipedia

A medida que la vegetación que se encuentra dentro y alrededor de los cuerpos de agua continúa cambiando (la cubierta forestal se pierde mientras el calentamiento global hace prosperar las plantas de los humedales), los numerosos lagos del hemisferio norte, que suponen una fuente importante de metano, podrían casi duplicar sus emisiones en los próximos cincuenta años. Esto es lo que se desprende de un trabajo publicado en Nature Communications sobre las reacciones químicas que ocurren cuando la materia orgánica se descompone en lagos de agua dulce

Los desechos de árboles en los lagos suprimen la producción de metano, mientras que los de las plantas que se encuentran en los carrizales promueven este dañino efecto invernadero. Para los investigadores, los hallazgos sugieren el descubrimiento de otro "circuito de retroalimentación" en el cual la alteración ambiental y el cambio climático provocan la liberación de más gases de efecto invernadero que calientan aún más el planeta, similar a las preocupaciones sobre el metano liberado por el permafrost del Ártico.

"El metano es un gas de efecto invernadero al menos veinticinco veces más potente que el dióxido de carbono (CO2). Los ecosistemas de agua dulce ya aportan hasta el 16% de las emisiones de metano naturales de la Tierra, en comparación con solo el 1% de todos los océanos", explica el autor principal del estudio, Andrew Tanentzap, del Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

Hasta el 77% de las emisiones de metano de un lago son el resultado de la materia orgánica arrojada principalmente por las plantas que crecen en el agua o cerca de ella. Esta materia queda enterrada en el sedimento que se encuentra al borde de los lagos, donde es consumida por comunidades de microbios. El metano se genera como un subproducto, que luego sube a la superficie.

Los investigadores señalan que las actuales emisiones de metano de los ecosistemas de agua dulce compensan por sí solos una cuarta parte de todo el carbono absorbido por las plantas terrestres y el suelo: el "sumidero de carbono" natural que drena y almacena CO2 de la atmósfera.

Por otro lado, las regiones de permafrost del hemisferio norte han estado ocultando una sorpresa realmente desagradable: mercurio. Casi el doble de lo que se pensaba que había en los suelos y océanos del planeta, y esto podría tener serias consecuencias en nuestros ecosistemas. Investigadores del Servicio Geológico de Estados Unidos estudiaron muestras de núcleos del permafrost de Alaska (EE.UU.), y sus estimaciones, publicadas en febrero, muestran que 793 millones de kilogramos de mercurio han quedado atrapados en el permafrost del hemisferio norte desde la última Edad de Hielo. "Este descubrimiento cambia las reglas de juego", dijo Paul Schuster, un hidrólogo en el Servicio Geológico de Estados Unidos en Boulder, Colorado y autor principal del estudio. "Hemos cuantificado una reserva de mercurio que no se había hecho anteriormente, y los resultados tienen profundas implicaciones para una mejor comprensión del ciclo mundial del mercurio".

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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