¿Nos tendremos que acostumbrar a ver cocodrilos en las playas?

Cocodrilo devorando un cangrejo. /Brian Silliman, Universidad de Duke 

Cocodrilos en la playa. Orcas en los ríos. Pumas a kilómetros de la montaña más cercana. En los últimos años, el avistamiento de grandes depredadores en lugares inesperados ha aumentado, en gran parte porque las poblaciones locales, una vez cazadas hasta casi extinguirse, se están recuperando gracias a la conservación. Muchos observadores han planteado la hipótesis de que, a medida que estas poblaciones se recuperan, los depredadores están expandiendo sus rangos y colonizando nuevos hábitats en busca de alimento, pero un documento publicado en la revista Current Biology sugiere lo contrario.

Los investigadores, de la Universidad de Duke (EE.UU.), han descubierto que, en lugar de incursionar en hábitats desconocidos por primera vez, los caimanes, nutrias marinas y muchos otros grandes depredadores, tanto marinos como terrestres, están recolonizando estos ecosistemas, es decir, que estos solían ser el principal lugar de caza para ellos hasta que los humanos diezmaron sus poblaciones y mucho antes de que los científicos comenzaran a estudiarlos.

Al sintetizar datos de estudios científicos recientes e informes gubernamentales, los científicos descubrieron que los cocodrilos, nutrias marinas, nutrias de río, ballenas grises, lobos grises, pumas, orangutanes y águilas calvas, entre otros grandes depredadores, ahora pueden ser tan abundantes o más, en nuevos hábitats frente a los tradicionales. Su regreso a ecosistemas y zonas climáticas consideradas por mucho tiempo fuera de los límites o demasiado estresantes para ellas ha sido exitoso. 

Los datos actuales nos dicen que los cocodrilos adoran los pantanos, las nutrias marinas viven mejor en tre algas marinas, los orangutanes necesitan bosques tranquilos y los mamíferos marinos prefieren las zonas polares, "pero esto se basa en estudios y observaciones realizados mientras estas poblaciones estaban en declive. Ahora que se están recuperando, nos sorprenden demostrando cuán adaptables y cosmopolitas realmente son", indica Brian Silliman, Profesor de Biología de Conservación Marina en la Escuela Nicholas de Medio Ambiente de Duke.

Por ejemplo, especies marinas como rayas, tiburones, camarones, cangrejos de herradura y manatíes ahora representan el 90% de la dieta de los caimanes cuando están en ecosistemas de manglares o pastos marinos, lo que demuestra que los cocodrilos se adaptan muy bien a la vida en un hábitat de agua salada.

Y a medida que los principales depredadores regresan, los hábitats que reocupan también ven beneficios, dijo. Por ejemplo, la introducción de nutrias marinas en lechos estuarios de pastos marinos ayuda a proteger las camas de las algas epífitas que se alimentan de la escorrentía excesiva de nutrientes de las granjas y ciudades del interior. Las nutrias hacen esto comiendo cangrejos Dungeness, que de lo contrario comen demasiadas babosas de mar que se alimentan de algas y forman la primera línea de defensa de la cama. La adaptabilidad imprevista de estas especies que regresan presenta nuevas y emocionantes oportunidades de conservación, subrayan los autores del trabajo.

En enero, se documentó por primera vez la lucha violenta de dos de los depredadores acuáticos más feroces de la naturaleza: cocodrilos y tiburones. Pese a pertenecer a mundos muy diferentes, se conocían choques entre estos dos animales con anterioridad, aunque no pasaban de la anécdota, pero un estudio exahustivo publicado en Southeastern Naturalist ha descubierto evidencias de cocodrilos disfrutando de banquetes de escualos.

Esto pasa, según investigadores de la Universidad Estatal de Kansas (EE.UU.), porque en las zonas costeras donde los ecosistemas marinos se encuentran con los estuarios, a veces los tiburones se desvian de su hábitat oceánico a la mezcla salobre de agua dulce y salada cerca de la orilla, donde pueden encontrarse con el caimán americano (Alligator mississippiensis), capaz de adaptarse a las condiciones saladas de estas vías costeras.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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