A los tiburones ‘bien educados’ les gusta el jazz

Tiburón. /Wikimedia Commons

Un estudio publicado esta semana en Animal Cognition proporciona evidencia de que los tiburones de la variedad Port Jackson pueden aprender a que les guste la música jazz. Hasta ahora, se tenía cierta constancia de que estos enormes peces son capaces de asociar, por ejemplo, los sonidos de los motores de los barcos con los alimentos, pero ahora, investigadores del Fish Lab de la Universidad Mcquaire han descubierto que esta asociación se realiza de manera relativamente rápida.

El sonido es realmente importante para los animales acuáticos, viaja bien bajo el agua y se utiliza para encontrar comida, escondites e incluso para comunicarse. Los autores adiestraron a crías de tiburón para que asocien la música de jazz con una recompensa de alimentos. Para ello, realizaron experimentos en ocho de estos animales que pusieron a prueba sus habilidades musicales, diferenciando el Jazz de la música clásica.

Uno de los ocho tiburones fue acondicionado con éxito para asociar una canción de jazz con una recompensa de comida entregada en un rincón específico del tanque. “Observamos diferencias individuales repetibles en actividad y audacia en los ocho tiburones, pero estos rasgos de personalidad no estaban relacionados con los ensayos de rendimiento de aprendizaje que examinamos”, dicen los investigadores.

La tarea, dicen, tiene más mérito de lo que parece, porque los tiburones tenían que aprender que diferentes lugares estaban asociados con un género particular de música, que luego se combinaba con una recompensa de comida. “Tal vez con más entrenamiento lo habrían descifrado", concreta Culum Brown del Departamento de Ciencias Biológicas y el líder de The Fish Lab.

Cientos tiburones peregrinos (Cetorhinus maximus), el segundo pez más grande del mundo, han sido vistos nadando en grupos masivos, un comportamiento muy desconcertante en una especie que suele ser bastante solitaria.

Un nuevo estudio, publicado en Journal of Fish Biology, ha revelado que mientras un grupo de investigadores, del Centro de Ciencias Pesqueras Nordeste de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), intentaba localizar las ballenas francas del Atlántico Norte en peligro de extinción, se encontraron con que, entre 1980 y 2013, cientos de tiburones peregrinos detectados en sus censos aéreos, se congregaban en grupos de casi 1.400 individuos. Si bien, de los 10.000 avistamientos , el 99% eran de grupos de siete tiburones peregrinos o menos, fueron diez las ocasiones en las que estos tiburones se reunieron en grupos inusualmente grandes.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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