El increíble caso de una doctora mexicana despedida por mostrar sentido común y humanidad

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La polémica en México por el despido de una doctora que fue despedida por anteponer el sentido común y su humanidad frente a la burocracia, ha dado la vuelta al mundo. De acuerdo a lo que reporta el diario El País de España, la nefróloga Mara Medeiros fue cesada de su centro de trabajo por recetar una medicina a un paciente que acababa de cumplir la mayoría de edad.

A los 16 años de edad Rey David García Espinoza recibió un trasplante de riñón y como parte del tratamiento para que su cuerpo no rechazara el órgano extraño, la Dra. Medeiros le recetó inmunosupresores, los cuales eran obtenidos por García Espinoza de manera subsidiada a través de Seguro Popular.

El tiempo transcurrió sin mayores problemas hasta que en noviembre del año pasado, la médico le dio al joven una nueva receta. Ante eso, los ejecutivos del Hospital Infantil de México Federico Gómez despidieron a la Dra. Medeiros el 2 de abril, luego de un proceso sumario de 10 días.  ¿El motivo? De acuerdo al hospital, la nefróloga había incumplido con sus obligaciones al facilitarle la prescripción a un paciente que ya había cumplido 19 años. A Rey David ya no le correspondía ser atendido  por un hospital pediátrico.

“Rey David se había trasplantado en el Hospital Infantil cuando era menor de edad y además era un paciente activo en dos proyectos de investigación que yo coordinaba, entonces me sorprendió mucho el despido por esta razón”, le contó al medio español, Mara Medeiros, quien es una de las investigadoras mexicanas más reconocidas en su campo e ingresó en la institución hace más de 20 años.

La respuesta de la comunidad pediátrica

Como era de esperarse, el hecho causó fuertes respuestas por parte de asociaciones médicas nacionales e internacionales, entre las que se encuentran la Asociación Latinoamericana de Nefrología Pediátrica, la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría y la Asociación Colombiana de Nefrología Pediátrica, además de otros médicos en México y Europa. Incluso la sociedad civil se sumó a una petición en Change.org.

“La dimisión es una aberración completa, una falta total de sentido común por parte del hospital y de atención con los pacientes que se tratan ahí”, opina Josefina Alberú, presidenta de la Sociedad Mexicana de Trasplantes (SMT), una de las organizaciones que presionan para que la doctora sea restituida en sus funciones de investigadora.

La presión hizo que la galeno fuese admitida nuevamente en el hospital como médico especialista el pasado 6 de abril, pero no le han devuelto el puesto de investigadora que ocupaba desde el 2008. Medeiros denuncia que, además de quitarle el rango de investigadora, desde entonces le han denegado el acceso a los expedientes de los pacientes que participan de los protocolos de investigación, algo que ella obtenía libremente antes del despido.

Las deficiencias de la salud pública

De acuerdo con Alberú, más allá del castigo que considera "arbitrario" e "injusitificado", el caso también pone en evidencia una importante deficiencia que afecta a las pacientes que dependen del sistema público de salud mexicano. Los niños y adolescentes que han sido sometidos a trasplantes necesitarán de medicina toda su vida y cuando llegan a la mayoría de edad corren el riesgo de interrumpir el tratamiento mientras esperan ser transferidos a un hospital de adultos. Este proceso, en México, no es automático.

Por ejemplo, Rey David no podía esperar. El joven necesitaba tomar cada 12 horas pastillas que inhibiesen que su propio organismo atacase el riñón que le trasplantaron. “Si un paciente suspende abruptamente los medicamentos es muy probable que llegue a tener la pérdida de las funciones del trasplante”, expone la presidenta de la SMT.

“Lo que hizo la doctora Medeiros fue un acto de humanitarismo. Ella sabe perfectamente que si un paciente receptor se queda sin los medicamentos puede tener un rechazo del órgano trasplantado”, añade Alberú.

El caso es más sensible aún si se trata de una persona con muy pocos recursos como en el caso de Rey David, quien vive con sus padres y cuatro hermanos. “Ya no tenía las medicinas y se me ocurrió ir con la doctora Medeiros y pedirle una receta. Ella me la obsequió, pero yo no pensaba que por esto le correrían del hospital”, dice el joven.

Por ahora, Rey David puede seguir tomando los medicamentos porque está en la preparatoria, sin embargo el fantasma de la experiencia pasada ronda tras de él porque una vez que termine de estudiar en unos meses, no volverá a tener acceso a las caras medicinas. A pesar de todo, mantiene el optimismo y asegura que quiere ingresar a la universidad para estudiar medicina ¿su elección? Nefrología.

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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