Los métodos de dopaje en el futuro serán virtualmente imposibles de detectar

Wikimedia Commons 

Desde que existen las competencias deportivas, han existido métodos poco éticos para ganarlas. En la antigüedad, por ejemplo los deportistas llegaron hasta a masticar testículos crudos con el supuesto fin de aumentar su fuerza.

Más adelante, con la llegada de la tecnología los métodos de dopaje se fueron haciendo cada vez más sofisticados. Esto obligó a que las autoridades realizaran esfuerzos para prevenirlos, detectarlos y castigarlos; por ejemplo con la creación en 1999 de la Agencia Mundial Anti-Dopaje (WADA por sus siglas en ingles).

Terapia genética y otros métodos 

Sin embargo, parece inevitable que los avances médicos sean utilizados en el futuro para obtener ventajas ilegales. Una de ellos es el dopaje genético, el cual consiste en la transferencia de un gen, conocido como transgén, al cuerpo de un atleta con el propósito de aumentar el rendimiento.

La más conocida de todas es la eritropoyetina (EPO) que varios atletas utilizan para aumentar la producción de glóbulos rojos. Este es un fármaco muy bueno para las personas que sufren de anemia  pero también está siendo usado por los atletas porque tener un gen de EPO inyectado en el cuerpo brinda la capacidad de transferir oxígeno a los músculos y por lo tanto es más probable mejorar el rendimiento. El problema está que este dopaje era imposible de detectar hasta hace solo una década.

Por ahora, el dopaje genético es todavía bastante experimental y también muy arriesgado. Han existido casos donde pacientes murieron como parte de los protocolos de terapia génica, por lo que todavía hay tiempo para implementar medidas para contrarrestar la trampa.

Así mismo, además de las sustancias o los genes, los atletas podrían recurrir en el futuro a la tecnología en busca de ayuda como músculos artificiales o motores ocultos, “suponiendo que puedan enmascararlos en sus cuerpos o equipos”, dice al Museo Smithsoniano,  Yoseph Bar-Cohen, físico del Jet Propulsion Lab de la NASA.

“Los polímeros electroactivos (EAP) se doblan y se estiran como la fibra muscular real en respuesta a una carga eléctrica; la ropa tejida con EAP podría aumentar la potencia muscular de un atleta”, añade.

La respuesta  

Aunque hasta hace poco se creía que era imposible determinar un dopaje genético, tres empresas ya han comenzado a ofrecer una solución. Ofrecen pruebas basadas en ADN que afirman identificar las capacidades atléticas innatas de una persona. Las pruebas, que son legales, no revelan mucho más que las pruebas de rendimiento estándar, pero a medida que los investigadores identifican genes adicionales, las pruebas podrían convertirse en una herramienta potente para reclutar y explorar.

Otra idea podría ser un “pasaporte antidopaje”, sugiere el Dr. Jason Siegler un fisiólogo de la Universidad de Western Sydney. "La idea detrás del pasaporte es monitorear regularmente el perfil de sangre de cada individuo para poder detectar cualquier cambio extraordinario fuera del perfil normal de los atletas", dice.

"En última instancia, sin embargo, será la responsabilidad individual de los órganos de gobierno de cada deporte inculcar un cambio de cultura y enfatizar la importancia de monitorear las drogas que mejoran el rendimiento", añade.

Sin embargo, estas contramedidas pueden resultar obsoletas si es que las naciones o los padres decidiesen en el futuro ir un paso más allá y crear embriones superatletas en un laboratorio. Tener embriones generados mediante fertilización in vitro sometidos a pruebas genéticas para que tengan rasgos atléticos suena a ciencia ficción, pero no es descabellado pensar que en algunos años tengamos que redefinir radicalmente lo que significa ser un deportista.

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

Sobre N+1: Es la primera revista online de divulgación científica y tecnológica que permite la reproducción total o parcial de sus contenidos por medios de comunicación, bloggers e influencers, realizando la mención del texto y el enlace a la web: “Esta noticia ha sido publicada originalmente en la revista N+1, ciencia que sumawww.nmas1.org”.​​​​​​

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.