El habitante con peor suerte de Pompeya: inválido, calcinado y aplastado por una piedra

Parque Arqueológico de Pompeya

Un grupo de investigadores del Parque Arqueológico de Pompeya (Italia) ha descubierto una escena sorprendente entre sus ruinas: los huesos de un hombre adulto, probablemente incapacitado, que fue aplastado por una roca durante la erupción del Monte Vesubio en el año 79 d.C.

Una nueva campaña de excavaciones en una zona de la ciudad de la bahía de Nápoles, en la que los arqueólogos no habían trabajado hasta ahora, acaba de revelar el esqueleto de la víctima, un hombre de más de 30 años que sufría una infección en la pierna. Posiblemente, intentaba huir de la violenta explosión volcánica y su ceniza, pero a unos 8 kilómetros de distancia, una roca de 300 kilos escupida por el volcán aplastó su tórax, tan violentamente que su cráneo sigue en paradero desconocido.

La razón por la que los investigadores piensan que el hombre huía, es que los huesos se encontraron encima de lapilli (fragmentos de roca expulsados de un volcán), lo que podría significar que sobrevivió a una etapa anterior de la erupción, tras la que se sucedió un aluvión de ondas de choque sísmicas y oleadas piroclásticas a través de Herculano y Pompeya.

La víctima sufría una infección en la pierna. /Parque Arqueológico de Pompeya

El primer cadáver de Pompeya fue descubierto el 19 de abril de 1748. En ningún otro lugar del mundo se conservan tantos cuerpos del mundo antiguo como en las ruinas de Pompeya, petrificados por la erupción del Vesubio hace 2.000 años. La erupción del Vesubio fue un proceso gradual que se prolongó durante muchas horas, y aunque la fecha estimada de la erupción es el 24 de agosto (verano en el hemisferio norte), varios historiadores creen que tal vez tuvo lugar en otoño, precisamente por la información obtenida de sus ropas, ya que algunos cadáveres iban vestidos para el frío.

Giuseppe Fiorelli, el arqueólogo detrás del estudio de las ruinas de Pompeya, ideó en el siglo XIX decidió echar yeso en los huecos que habían dejado los cadáveres, enterrados por el flujo piroplástico y que se habían descompuesto hace siglos, creando así un molde de cada persona en el momento de morir. Desde el primer calco, realizado en 1863, hasta el último, un caballo militar atrapado por la erupción, se han creado cientos de estos trágicos recordatorios. 

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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