No solo hemos cambiado el clima de la Tierra, también el de la Luna

NASA

Desde que Neil Armstrong dio aquel gran paso para la humanidad el 20 de julio de 1969, las huellas de otras 11 personas se han quedado grabadas en la Luna. Y aunque pequeños para el hombre, aquellos pasos han traído consecuencias para el clima de nuestro satélite: la presencia de astronautas provocó un inesperado calentamiento de las temperaturas subsuperficiales durante un período de tiempo de la década de 1970, según ha descubierto un nuevo estudio después de profundizar en las cintas perdidas de las misiones Apollo.

En 1971 y 1972, la NASA desplegó sensores en la Luna durante las misiones Apolo 15 y 17 en un esfuerzo por medir la superficie de la Luna y las temperaturas subsuperficiales, un proyecto denominado Experimento de flujo de calor. Los datos fueron recolectados y transmitidos a la Tierra hasta 1977, donde los científicos quedaron desconcertados por el calentamiento gradual de la superficie del satélite que los sensores leían.

Finalmente, la NASA abandonó la investigación debido a la falta de fondos, y solo se archivaron algunas de las cintas, y se asumió que las otras se perdieron, lo que dejó a los científicos incapaces de analizarlo más, pero esas cintas faltantes se encontraron recientemente en los Archivos Nacionales, donde un equipo dirigido por Walter Kiefer, científico del Instituto Lunar y Planetario, pasó años recuperando e interpretando los datos con el fin de identificar la fuente del calentamiento. Específicamente, los datos de hace décadas mostraron que las temperaturas subsuperficiales de la Luna aumentaron de 1,6 ºC a 3,5ºC durante el período de aproximadamente seis años que se tomaron las mediciones. Las conclusiones se han publicado en Journal of Geophysical Research

Anortosita y basalto

La Luna está formada principalmente por dos tipos diferentes de rocas: anortosita y basalto. La primera es de color claro y hace que nuestro satélite sea brillante, mientras que el basalto, que es común en la Tierra, es más oscuro y parece un mar en la Luna. Las superficies de colores más claros reflejan más energía hacia afuera, mientras que las superficies más oscuras absorben energía.

Usando fotos de la cámara de muy alta resolución a bordo del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) que orbita la Luna, los científicos determinaron que mientras los astronautas caminaban o conducían, se perturbaba el suelo lunar, también conocido como regolito, sobrante de miles de millones de años de bombardeo desde rocas espaciales. De este modo,  el suelo más oscuro, que luego absorbió una mayor cantidad de energía del sol se dejó al descubierto, y, finalmente, elevó las temperaturas. Durante años, esa energía se propagó hacia abajo y más profundamente en la superficie lunar, que es lo que apareció en el registro de datos recién adquirido. Finalmente, las temperaturas habrían alcanzado un equilibrio cuando la absorción se detuvo, dijo Kiefer, señalando que ya podría haber sucedido.

Para Kiefer, los hallazgos son un recordatorio de cómo la actividad humana puede interrumpir un sistema que ha estado aislado durante miles de millones de años, que podría proporcionar información valiosa para futuras misiones lunares, o a Marte. 

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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