Mundial de los Científicos: Marie Curie mide sus ‘galones’ con otros tres genios en el grupo H

En el último grupo del Mundial de los Científicos, la competencia está más que reñida. Pese a la dura competencia, una de las seleccionadas se destaca, y casi sin discusión. Hablamos de la polaca Marie Curie quien, pese al apellido francés, defenderá los colores de la tierra que la vio nacer. No puedo esperar para ver este enfrentamiento

Polonia

El seleccionador de científicos (es decir quien escribe) ha tenido que arrancarse los pelos para decidir quién sería el representante de Polonia en este Mundial de los Científicos. Pese a la existencia de mentes de renombre como Albert Sabin, el médico que inventó la vacuna oral contra la poliomelitis hoy casi erradicada del mundo, o el máximo exponente del estudio de los fractales (todos amamos los fractales), el matemático Benoît Mandelbrot, no pudimos evitar escoger a Marie Curie.

Es que la ganadora de dos Nobel, además de hacerlo en una época casi imposible para las mujeres en la ciencia, lo ha hecho todo bien, siendo pionera en varios frentes. Empezando por sus estudios en la radioactividad, hasta su capacidad de romper esquemas en volverse la primera profesora mujer de la Universidad de París. Maria Salomea Skłodowska estudió en Varsovia, para luego irse a París y destacarse en la ciencia. Ganó el premio Nobel de Física en 1903 junto a su marido Pierre Curie en reconocimiento por su trabajo de investigación en el fenómeno de la radiación. Años después, ganó en solitario el premio Nobel de Química de 1911, logrando ser reconocida por sus servicios en el avance de la química por el descubrimiento de los elementos del radio y el polonio, el aislamiento del radio y el estudio de este elemento.

Curie también dirigió los primeros estudios en el tratamiento del cáncer con isótopos radiactivos, y creó los primeros centros radiológicos militares. Falleció en 1934, a los 66 años, por una enfermedad secuela de su pasión por el estudio. Sin duda, el país de Robert Lewandowski nos trae una exponente más que seria, acaso la favorita del grupo.

Colombia

Al igual que su selección de fútbol, con James Rodríguez o Radamel Falcao, Colombia también tiene buen músculo a nivel de ciencia. Está por la nación cafetera el profesor Rodolfo Llinás, médico neurofisiólogo colombiano, de reconocida trayectoria a nivel mundial por sus aportes al campo de la neurociencia. Estudió medicina y neurofisiología en la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Australia. Hoy es catedrático en la Universidad de Nueva York, pero de los más destacados.

Es el primer y único University Professor que ha tenido la Escuela de Medicina de Nueva York en 180 años de existencia, es decir, el primer profesor que puede dar cátedra en cualquier área del conocimiento. Dirigió Neurolab, un programa en la NASA, y es conocido y premiado por su trabajo estudiando la fisiología del cerebelo, las propiedades electrofisiológicas intrínsecas de las neuronas (Ley de Llinás) y la relación entre la actividad cerebral, las ondas cerebrales y la conciencia. No cabe duda que este hombre dará buenos partidos.

Senegal

El representante de Senegal, país de talentosos futbolistas como Sadio Mane o El Hadji Diouf, es un hombre no solo inteligente sino también controvertido por sus postulados, considerados por muchos como afrocentristas. Historiador, antropólogo, físico (y hasta político), Cheikh Anta Diop argumentó durante su carrera que la contribución de la población africana al mundo era “más importante de lo que el variado desarrollo de grupos étnicos mostraron en el tiempo”. Es considerado “uno de los historiadores africanos del siglo XX”.

Nacido en 1923 en Diourbel, Senegal, en 1946 se trasladó a París para estudiar matemáticas, de joven quiso ser ingeniero aeronáutico. Estudió también lenguas nativas de su país, filosofía y física y tradujo partes de la teoría de la relatividad de Einstein a su idioma nativo, el wolof. En 1951, la Universidad de París rechazó su tesis que afirmaba el antiguo egipto fue una cultura de personas de raza negra. No se dio por vencido, añadió nuevas pruebas a su postulado y en 1955 se doctoró con su trabajo llamado por la prensa popular “Naciones negras y cultura”.

De vuelta en Senegal, siguió investigando y la Universidad de Dakar estableció un laboratorio de radiocarbón para ayudar al historiador a determinar el contenido de melanina de las momias egipcias. Los investigadores forenses, posteriormente, adaptaron su técnica para determinar la identidad racial de víctimas dañadas por la abrasión. Murió en 1986 y posteriormente la Universidad de Dakar pasó a llevar su nombre. Diop es uno de los elementos que dará qué hablar en este mundial.

Japón

La tierra que vio a nacer a futbolistas de la calidad de Keisuke Honda o Shinji Kagawa es especialmente potente en ciencia: tiene a exponentes como Yoshinori Ohsumi, un brillante científico nacido en Fukuoka en 1945 recientemente ganador del Premio Nobel de Medicina 2016 por sus descubrimientos en la autofagia, “un procedimiento para degradar y reciclar componentes celulares”. Es el sexto científico nacido en Japón que recibe el Nobel de Medicina, y el número 22 en la lista general. Entre tantos genios, en la nación nipona nos hemos decantado por el más joven de todos.

Oshumi es doctorado por la Universidad de Tokio en 1974, pasó tres años en la Universidad Rockefeller, Nueva York, y regresó a la Universidad de Tokio, donde estableció su grupo de investigación en 1988. Es desde 2009 profesor en el Instituto de Tecnología de Tokio.  

Las dificultades para estudiar este fenómeno significaron que se avanzó poco hasta que, en una serie de brillantes experimentos llevados a cabo a principios de los noventa, Yoshinori Ohsumi utilizó levadura de pan para identificar los genes esenciales para la autofagia. Después de identificar el proceso de la autofagia en la levadura, quedaba por resolver si existía un mecanismo similar para controlar este proceso en otros organismos.

Pronto, quedó claro que, prácticamente, hay mecanismos idénticos que operan en nuestras células. Estas herramientas necesarias para investigar la importancia de la autofagia en los seres humanos ahora ya están disponibles gracias a los trabajos del profesor Ohsumi. Japón será un hueso duro de roer, al menos en el grupo, y está para dar el golpe.

 

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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