Los videojuegos pueden ayudar a niños con espectro autista siempre y cuando tengan en cuenta este factor

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El aspecto positivo de los juegos de video ya ha sido probado en el pasado, incluso se ha demostrado que son de gran ayuda en el tratamiento de personas con esquizofrenia. Y ahora, una nueva investigación llevada a cabo por psicólogos belgas, ha arrojado nuevas luces sobre sus beneficios en los niños con autismo. Los hallazgos fueron presentados en la última reunión anual de la Sociedad Internacional para el Autismo en Rotterdam, Holanda.

El equipo de investigadores, liderados por la Dra. Sarah De Pauw, de la Universidad de Ghent (Bélgica), encuestó 244 padres de menores con autismo en Flandes, Bélgica. Ellos encontraron que los niños que dedicaban tiempo a videojuegos podían administrar de manera efectiva sus necesidades emocionales, sociales e intelectuales; siempre y cuando fueran controlados por los padres.

Pasión armoniosa vs. pasión obsesiva

De acuerdo a la encuesta en línea llenada por los propios padres, los niños jugaron 2.45 horas por día en promedio, el 90% eran de sexo masculino y preferían juegos que implicaban aventura, acción y violencia en vez de juegos más pasivos.

Otros factores que los padres informaron fueron la frecuencia, la duración, las características del juego y las preferencias de los niños. Lo cual incluyó analizar los aspectos negativos del juego, llamados “pasión obsesiva”, así como los aspectos positivos, llamados “pasión armoniosa”. Así mismo, se reportó sobre la forma en como los niños manejaban el juego, y sus propias actitudes sobre los videojuegos.

"Notamos en nuestra investigación que los jóvenes con puntajes más altos en pasión armoniosa también tenían mejores relaciones con sus compañeros, vida familiar, pero también menos síntomas depresivos y más bienestar", dijo a UPI, la Dra. De Pauw. "Además, tenían puntajes más bajos en los resultados negativos. La pasión armoniosa solo estaba modestamente relacionada con la pasión obsesiva, lo que significa que estas dos tendencias son importantes a tener en cuenta", agregó.

"Una sorpresa fue que la calidad de la pasión por los juegos solo se asoció moderadamente con la frecuencia y la duración del tiempo dedicado a los videojuegos", explicó la investigadora. "Además, los juegos armoniosos también se asociaron moderadamente con los juegos obsesivos".

De Pauw prefiere usar el término "pasión obsesiva", o el uso excesivo de videojuegos, para evitar el mantra común de que "los videojuegos pueden dañar su salud física y emocional". "Tener una obsesión no es bueno o malo, como tal", dijo contradiciendo a la OMS que ya ha declarado incluirá en la lista de enfermedades mentales a la obsesión por los videojuegos.

Imponer un orden fue el factor clave 

De manera paralela, la encuesta encontró que poner límites y restricciones de uso puede tener resultados positivos. Pero hubo una diferencia entre la facilidad para ejercer restricciones sobre los niños pequeños, y para ejercer el mismo control sobre los niños mayores.

"Esto confirma la idea de sentimientos ambivalentes en los padres de niños y adolescentes con autismo", dijo De Pauw. "Por un lado, están muy preocupados por el uso excesivo, pero por otro lado, también respaldan que los videojuegos sirvan a un número significativo de necesidades emocionales, sociales e intelectuales de sus hijos con TEA", añade.

El estudio también reveló que solo el 33% de los padres juegan videojuegos con sus hijos, y ellos informaron menos resultados negativos. En ese sentido, la Dra. De Pauw dijo que había "evidencia preliminar - sin relaciones causales" que cuando los padres participan activamente en las experiencias de juego de su hijo con autismo, los últimos podrían presentar mejoras. Sin embargo admitió que se deben realizar exámenes más a fondo.

La relación entre videojuegos y autismo no es nuevo. A finales del año pasado, un equipo de investigadores de Universidad de Wisconsin-Madison creó un juego de video que premia a los jugadores por adoptar las posturas de un ninja y podría ayudar a niños y jóvenes con trastorno del espectro autista (TEA) a mejorar su equilibrio.

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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