Un peligroso gas destructor de la capa de ozono se vende en China de forma sistemática

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CFC-11, también conocido como triclorofluorometano, es un gas altamente dañino para la capa de ozono que se utiliza en China como aislante doméstico de bajo coste. Pese a que su utilización está prohibida, la Agencia de Investigación Ambiental (EIA) ha emitido un informe que "demuestra de manera concluyente que el uso de CFC-11 en el sector de aislamiento de espuma rígida de poliuretano de China, en particular en el subsector de la construcción, está muy difundido y generalizado".

La organización tiene evidencia de dieciocho compañías en diez provincias que usan CFC-11, y que esto representan una práctica común en toda la industria. Los cálculos del EIA muestran que las estimaciones de emisiones asociadas con el nivel de uso informado por estas compañías "pueden explicar la mayoría de las emisiones identificadas en el estudio atmosférico".


 

Según el informe, "la escala del problema de cumplimiento es tal que no puede tratarse como una serie de incidentes aislados". Por esta razón, la EIA insta al Gobierno de China y a las Partes en el Protocolo de Montreal "a que reconozcan la magnitud de este delito ambiental y tomen medidas inmediatas para investigar más a fondo, implementar reformas legislativas y garantizar una aplicación eficaz impulsada por la inteligencia" .Además, la organización añade que existe un riesgo potencial de que se comercie CFC-11 ilegalmente en otros países.

Según advierten, solo a través de una acción urgente e integral, el Protocolo de Montreal puede garantizar que continúe mereciendo su reputación como el tratado medioambiental global más efectivo. Este acuerdo​ fue el fruto del Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono de 1987. Se diseñó como un plan para protegerla reduciendo la producción y el consumo de sustancias relacionados con ella y que se creían responsables de su agotamiento. Más de 30 años más tarde, científicos de la Agencia Espacial estadounidense, NASA, han obtenido la primera prueba directa del éxito del acuerdo para reducir el agujero de la capa de ozono, observando una disminución de los niveles de cloro.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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