Este embrión de serpiente ha estado conservado en ámbar durante 105 millones de años

Ilustración de la serpiente bebé fosilizada. /Cheung Chung Tat

Un antiguo embrión de serpiente, que lleva 105 millones de años preservado en ámbar, ha sido descubierto en un entorno forestal en lo que ahora es Myanmar, por paleontólogos de la Universidad de Alberta (Canadá) y la Academia China de Ciencias. 

Se trata de la primera vez que se encuentra el fósil de una serpiente tan joven. La nueva especie se ha denominado Xiaophis myanmarensis y vivió en el período Cretácico Superior. El ejemplar es tan pequeño como para caber en una uña. Según los científicos, que han publicado su hallazgo en Science Advances, el fósil proporciona información importante sobre la evolución de las serpientes modernas.

La serpiente no conserva el cráneo, pero a través de estudios con rayos X, los científicos pudieron determinar similitudes importantes con otras serpientes cretácicas del antiguo bloque continental llamado Gondwana. "Esta serpiente está vinculada a serpientes antiguas de Argentina, África, India y Australia. Es un componente importante, y hasta ahora, perdido, de la comprensión de la evolución de la serpiente en los continentes del sur, es decir, Gondwana, a mediados del Mesozoico", explicó el paleontólogo Michael Caldwell, autor principal y profesor en el Departamento de Ciencias Biológicas.

El esqueleto de la serpiente pequeña (reconstrucción a la derecha) se encontró encerrado en un trozo de ámbar del tamaño de un guijarro. / Ming Bai, Academia China de Ciencias

Caldwell y su equipo internacional, incluidos colaboradores de Australia, China y los Estados Unidos, han rastreado la migración de estas antiguas serpientes gondwánicas que comenzaron hace 180 millones de años cuando fueron transportadas por movimientos tectónicos de continentes y partes de continentes, desde Australia y la India, a Madagascar y África, y finalmente a Asia, en la India y Myanmar actuales.

Usando tomografías computarizadas, el equipo científico estudió la antigua serpiente y la comparó con los jóvenes de las serpientes modernas. Sus resultados arrojaron una visión inesperada del desarrollo y la embriología del espécimen antiguo, incluida la formación de las vértebras y la notocorda.

El fragmento de ámbar en el que se encontró el espécimen también proporcionó pistas importantes sobre su entorno. "Está claro que esta pequeña serpiente vivía en un entorno boscoso con numerosos insectos y plantas, ya que se conservan en el clast", explicó Caldwell. "No solo tenemos la primera serpiente bebé, también tenemos la primera evidencia definitiva de una serpiente fósil que vive en un bosque".

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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