Japón tuvo menos nacimientos de bebes varones luego de sus grandes terremotos

Wikimedia Commons 

Una investigación sobre natalidad en Japón hizo un sorprendente hallazgo: menos niños hombres nacieron luego de los tres peores terremotos en la historia reciente del país asiático. El estudio, publicado en Early Human Development, sugiere que el estrés hace que sea más difícil concebir varones.

Los investigadores, liderados por Misao Fukuda del M & K Health Institute en Japón, estudiaron los registros de nacimiento de las prefecturas japonesas afectadas por el terremoto de Kobe en 1995, por el terremoto de Tohoku en 2011 (que causó el tsunami que destruyó la planta nuclear de Fukushima), y el terremoto de Kumamoto en 2016.

Los científicos descubrieron que la proporción de niños nacidos en las prefecturas afectadas disminuyó en un 6% a 14%, nueve meses después de cada terremoto. Por ejemplo, nueve meses después del terremoto y el tsunami de Tohoku, la proporción habitual de nacimiento de 108 niños por cada 100 niñas bajó a 95 niños por cada 100 niñas. Esta anomalía no se observó en otras prefecturas más distantes.

Posibles razones

Una posible explicación es que los espermatozoides masculinos portadores del cromosoma Y se dañaron más fácilmente por el estrés del evento, lo que los hizo menos propensos a formar embriones, dice Fukuda. Otra es que los embriones masculinos en sí mismos son menos resistentes al estrés, dice.

En línea con esta hipótesis, Fukuda encontró previamente que menos bebés varones nacieron nueve meses después de las olas de calor extremas y las crisis de frío en Japón. Sin embargo, no está claro por qué los espermatozoides o los embriones masculinos podrían ser más vulnerables al estrés, dice Ralph Catalano de la Universidad de California, Berkeley. "Es una buena teoría, pero no hay forma de verificarla experimentalmente", explica a New Scientist.

Otros casos igual de misteriosos

Otros estudios han encontrado que menos bebés varones nacieron cuatro meses después de otros eventos de alto estrés como el 11 de septiembre, el tiroteo de Sandy Hook, el tiroteo de Breivik en Noruega y el colapso económico de la Alemania Oriental.

Además, estos casos reflejan el mayor riesgo de aborto involuntario para los fetos masculinos expuestos al estrés durante la mitad del embarazo. Los hijos requieren más leche y energía y es más probable que mueran en la infancia, lo que hace que las hijas sean una "apuesta más segura" para dar a luz en tiempos de problemas, dice Catalano. En términos evolutivos, si el ambiente se vuelve hostil, los hombres se vuelven inversiones relativamente pobres, añade.

Tiene sentido que los eventos estresantes puedan afectar la proporción de sexos en dos momentos diferentes, cuatro meses y nueve meses después, porque la biología tiene múltiples formas de protegerse contra los nacimientos riesgosos, continúa Catalano.

Otro misterio es que, en condiciones normales, nacen más bebés varones que niñas, dice Catalano. En el Reino Unido, EE. UU. Y Australia, por ejemplo, nacen 105 niños por cada 100 niñas. Aunque los estudios de fertilización in vitro ya comienzan a ofrecer algunas pistas. Ahora sabemos, por ejemplo, que los embriones femeninos son más propensos a abortar espontáneamente en las primeras 4 a 6 semanas de embarazo, lo que podría explicar por qué nacen en general mayores proporciones de bebés varones.

Según Catalano, comenzar con más niños al nacer puede ofrecer una ventaja evolutiva ya que es menos probable que lleguen a la edad adulta. A la edad de 14 años, la proporción de sexos generalmente se equilibra con alrededor de un hombre por cada mujer, dice. "Podría ser la forma en que la naturaleza vele las cosas", ensaya.

Hace menos de un mes, un grupo de biólogos británicos informó en la revista Science sobre el descubrimiento de un nuevo "interruptor sexual" en el genoma de los mamíferos. La eliminación de una pequeña pieza de 500 lotes en el genoma de los embriones de ratón con el genotipo masculino XY provocó que se convirtieran en hembras. Este experimento recuerda que el límite entre el sexo masculino y femenino no es algo tan preestablecido como solíamos pensar.  


Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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