Todo preparado para el lanzamiento de la primera nave espacial que tocará el sol

NASA

El día en que la humanidad lleve su primera misión a tocar el Sol está a punto de llegar: la nave Parker Solar Probe de la NASA ha completado los procedimientos finales en la sala limpia antes de su traslado a la plataforma de lanzamiento, donde se integrará en su vehículo de lanzamiento, un Delta Alliance United Launch Alliance.

La nave tiene previsto despegar el 11 de agosto desde Cabo Cañaveral, y alcanzar su órbita en torno al Sol el 1 de noviembre. La fuerza de gravedad de la estrella, casi 30 veces mayor que la de la Tierra, acelerará la nave hasta los 200 kilómetros por segundo, la mayor velocidad jamás alcanzada por un artefacto espacial.

En sus primeras siete órbitas la Parker usará el empuje de Venus para modular su órbita en torno al Sol. Enfrentándose a temperaturas de varios millones de grados Fahrenheit, Parker Solar Probe de la NASA, llamado así por Eugene Parker, el físico de la Universidad de Chicago (EE.UU.) que predijo por primera vez la existencia del viento solar, tomará muestras directas de partículas solares y campos magnéticos en un intento de resolver algunos de los más importantes preguntas que enfrentan el campo de la ciencia solar en la actualidad como cuál es el origen del viento solar y cómo se acelera a velocidades de hasta casi tres millones de kilómetros por hora, así como recopilar información sobre la vida de las estrellas y sus eventos meteorológicos, y ayudar así a los científicos a mejorar la forma de predecir los peligrosos destellos solares.

Viento solar

El viento solar llena todo nuestro sistema solar. Cuando las ráfagas de viento solar llegan a la Tierra, pueden disparar una deslumbrante aurora, pero también exponen a los astronautas a la radiación, interfieren con la electrónica satelital e interrumpen las señales de comunicaciones como el GPS y las ondas de radio. Cuanto más comprendamos los procesos fundamentales que impulsan el viento solar, más podremos mitigar algunos de estos efectos.

En 1958, Parker desarrolló una teoría que muestra cómo la corona caliente del Sol, que entonces se sabe que tiene millones de grados Fahrenheit, es tan caliente que supera la gravedad del Sol. De acuerdo con la teoría, el material en la corona se expande continuamente hacia afuera en todas las direcciones, formando un viento solar. Un año más tarde, la nave espacial soviética Luna 1 detectó partículas de viento solar en el espacio, y tres años después de eso, las observaciones fueron confirmadas por la nave espacial Mariner 2 de la NASA.

Parker Solar Probe. /NASA

Por su partes, Mariner 2 detectó dos corrientes distintas de viento solar: una corriente lenta que viajaba a aproximadamente 346 kilómetros por segundo y una corriente rápida que pasaba por el espacio al doble de esa velocidad. En 1973, se identificaron los orígenes del viento solar rápido. Las imágenes de rayos X de la corona tomadas desde Skylab, la primera estación espacial tripulada de los EE. UU., Revelaron que el viento rápido sale de los agujeros coronales, que son regiones oscuras y comparativamente frías del Sol. Los orígenes y los mecanismos de aceleración del lento viento solar siguen siendo misteriosos. Es una cuestión de un debate feroz de décadas entre los científicos.

Pero no estamos sin pistas. La misión Ulises de la NASA, lanzada en 1990 para volar alrededor de los polos del Sol, observó que durante los períodos de mínima actividad solar, el lento viento solar está confinado al ecuador del Sol, justo donde volará la Parker. A medida que el ciclo solar progresa hacia su máximo, la estructura del viento solar cambia de dos regímenes distintos: rápido en los polos y lento en el ecuador, a un flujo mixto e inhomogéneo. El debate sobre los orígenes del lento viento solar depende de una distinción entre lo que se conoce como corona cerrada y abierta. La corona cerrada se refiere a las regiones del Sol donde sus líneas de campo magnético están cerradas, es decir, conectadas a la superficie solar en ambos extremos. Las serpentinas brillantes del casco (grandes lazos que se forman sobre las regiones magnéticamente activas, con forma de casco puntiagudo de un caballero) son un ejemplo de ello. El plasma, o gas ionizado, que viaja a lo largo de las curvas cerradas de un streamer de casco está en su mayor parte confinado al área cercana al Sol.

Está previsto que la misión solar de la NASA dure hasta 2025, aunque su funcionamiento podrá extenderse más allá mientras funcionen dos componentes claves: los paneles solares y los propulsores que se encargan de que el escudo térmico dé siempre la cara al Sol. Cuando se agote el combustible la sonda quedará desprotegida y se derretirá sin producir llamas, pues no hay oxígeno en la atmósfera del Sol.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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