Perú: muro de 3800 años recién descubierto es de una de las civilizaciones más antiguas de América

Ministerio de Cultura de Perú 

Caral, ubicada al norte de Lima, Perú, fue una de las civilizaciones más antiguas de América. Ahora, según el diario El Peruano, un grupo de arqueólogos ha descubierto un muro con relieves de unos 3.800 años de antigüedad en las ruinas de Vichama, una de las ciudades de la extinta civilización precolombina.

La escena del muro presenta cuatro cabezas humanas de ojos cerrados, una al lado de la otra, y dos serpientes que se desplazan entre ellas hasta desembocar en una quinta cabeza no humana que representaría una semilla antropomórfica, de la que salen cinco varillas verticales hincadas en la tierra.

El relieve se encontró en un muro de 2.80 metros de ancho y un metro de alto en la segunda de cuatro remodelaciones del edificio de los depósitos (que llegó a alcanzar un área de 874 metros cuadrados). Los relieves fueron encontrados en una antesala al patio ceremonial del templo, donde se solían dejar ofrendas. Debido a los cambios realizados al edificio, el muro había quedado cubierto con barro y shicras.

Según Ruth Shady Solís, directora de las excavaciones y descubridora de la cultura Caral, los relieves simbolizarían la fertilización de la tierra: las serpientes representan a la deidad, vinculada al agua, que filtra en la tierra y hace germinar a la semilla. La misma opinión tuvo Tatiana Abad, arqueóloga que estudia el edificio.

Las dificultades plasmadas en su arte 

De acuerdo a los expertos, el relieve recién descubierto “refuerza el planteamiento de plasmar, en la memoria colectiva, las dificultades que afrontó la sociedad debido al cambio climático y la escasez del agua, que causó fuertes afectaciones a la productividad agrícola”.

Aunque la civilización Caral data desde hace 5000 años aproximadamente, las investigaciones sugieren que hace 3800 la gente abandonó sus templos para escapar de la escasez de alimentos. La población se estableció más cerca al mar y construyeron nuevos templos donde plasmaron las dificultades que padecieron.

“En los tiempos más primigenios de este asentamiento, la presencia de productos agrícolas era escasa: apenas había junco y totora”, recoge Oscar Paz de El Comercio. “Coincide –según Ruth Shady– con la sequía que afrontó este pueblo y la posterior recuperación de sus tierras”, añade. Sin embargo, los templos de los períodos más tardíos de Vichama, se han encontrado restos de camote, papa y frejoles; lo cual indica que las condiciones mejoraron.

Aun así, queda la interrogante de por qué los habitantes de Vichama decidieron abandonar nuevamente sus asentamientos cuando ya habían superado la hambruna que los empujó a dejar el valle del río Supe.  

 

Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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