La Amazonía, en riesgo si Bolsonaro gana la segunda vuelta de elecciones en Brasil

Amazonía. /Wikimedia Commons

El 70 % del bioma amazónico está en territorio brasileño, pero el candidato a la presidencia Jair Bolsonaro, que obtuvo el 46% de los votos en la primera vuelta de las elecciones del domingo pasado frente al 29% del progresista Fernando Haddad, a quien se enfrentará en segunda vuelta el 28 de octubre, no incluye la protección del medioambiente en sus políticas. No más Acuerdo de París, ministerio de medio ambiente, o multas a la ganadería y agricultura ilegal o la tala.

El candidato apuesta también por construir una carretera asfaltada que atraviesa el Amazonas, abrir los territorios indígenas a la minería y prohibir el activismo: ONG internacionales, como Greenpeace y WWF, estarían vetadas en el país, según sus propuestas.

La agencia de protección ambiental de Brasil, Ibama, será despojado de sus poderes de licencia ambiental que serán redistribuidos a otros organismos oficiales, dijo durante la campaña. Hasta ahora, capacidad de Ibama, para multar a quienes violan las leyes ambientales es una de las mejores herramientas para frenar la destrucción de la selva, lo que avivó el temor a que un gobierno de Bolsonaro lleve a un aumento de la deforestación.

En el Amazonas, madereros ilegales, mineros, acaparadores de tierras y grandes propietarios de tierras se han unido a su bandera. Su esperanza es que cumpla su promesa de eliminar casi todo el medio ambiente y la legislación pro indígena. Así se explica el apoyo masivo en los estados rurales del oeste central y en todos los estados, excepto, claro está, en el amazónico.

Además, desde que Ibama sea despojada de sus poderes, ya no podrá contener proyectos controvertidos, como la reapertura de BR-319, una carretera de 890 km que corta desde una de las áreas más preservadas de la Amazonía y São Luiz do Tapajós; o una planta hidroeléctrica gigante planeada para ser construida en un área habitada por el grupo indígena Munduruku y los habitantes de los ríos.

Fin del Acuerdo de París

En agosto, este excapitán del ejército famoso por su retórica racista, homofóbica, autoritaria y misógina, se comprometió a unirse a los Estados Unidos de Trump y retirar a Brasil del acuerdo de París, lo que acabaría con el compromiso de reducir sus emisiones de la deforestación del Amazonas, que supone en el pais una fuente mayor de gases de efecto invernadero que la quema de combustibles fósiles.

Según The Guardian, las políticas ambientales de Bolsonaro están vinculadas a actitudes racistas hacia las minorías y los pueblos indígenas de Brasil, cuyos derechos protege la ley: el artículo 231 de la Constitución de 1988 establece que los pueblos indígenas tienen "derechos originales sobre las tierras que tradicionalmente han ocupado", aunque las tierras pertenecen al estado y no tienen derechos de propiedad sobre los minerales.

En un discurso el año pasado, dijo: "Las minorías tienen que inclinarse hacia la mayoría ... Las minorías deberían adaptarse o simplemente desaparecer. Tarde o temprano, tendremos docenas de países dentro de Brasil. No tendremos ninguna interferencia en estos países, el primer mundo explotará a los indios y nada nos quedará". "Si gana, institucionalizará el genocidio", alertaba a Climate Home News Dinamam Tuxá, coordinador nacional de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil.

Bolsonaro ha prometido abrir tierras indígenas a la minería y otras actividades económicas. Alrededor del 13% del territorio de Brasil son tierras indígenas reconocidas, la mayoría de ellas en la Amazonía. Actualmente, forman una importante barrera para proteger el bosque: solo el 2% de la deforestación de la selva tropical ha ocurrido dentro del territorio indígena.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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