Fortnite no enseña los valores adecuados

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Dado que Fortnite se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares del mundo —jugado por más de 125 millones de personas— decidí jugar yo mismo en un intento por comprender su atractivo.

Como padre y como polítólogo centrado en la educación y en su efecto en la sociedad democrática, me di cuenta de que el juego parece no enseñar a los niños los valores adecuados respecto a cómo se comportan e interactúan los adultos entre sí. De mi experiencia jugando a Fortnite salí pensando que el juego alienta a los jóvenes a ser egocéntricos en vez de buenos ciudadanos.

Algunos pueden preguntarse por qué un teórico político desea evaluar el efecto de un videojuego. No obstante, los filósofos políticos —ya en los tiempos de Platón— siempre han reconocido la influencia que los juegos tienen sobre el ámbito político. En el siglo XVIII, por ejemplo, el filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau observó que los juegos establecen hábitos y vínculos que determinan el tipo de actores políticos que los niños llegan a ser.

Por ese y otros motivos, creo que vale la pena examinar seriamente la influencia que podría tener Fortnite en cómo los niños ven a la sociedad y al mundo.

Una educación de Fortnite

Pero primero, hablemos un poco sobre la historia del juego en sí.

En la versión más popular de Fortnite, Battle Royale, nuestro personaje cae a una isla desde un autobús flotante junto a otros jugadores. El objetivo es ser el último superviviente. Se corre a través de bosques, paisajes urbanos y campos, se recolectan armas y pócimas, se mata a los otros jugadores, se construyen estructuras e incluso se puede bailar.

Como pasé varias semanas jugando, puedo asegurar que el juego acelera el ritmo cardíaco, te hace reír, permite la comunicación con otras personas y enseña estrategia, todo ello dentro de un mundo de fantasía.

Un profesor le contó a la revista Education Week que todos sus alumnos “hablan sobre Fortnite” y que el juego “distrae de una forma excepcional” porque los niños que no juegan también quieren ver las partidas de los que sí. Incluso hay algunos padres que contratan a tutores para que ayuden a sus hijos a mejorar sus habilidades en Fortnite.

Se puede jugar en las plataformas de juegos más sofisticadas, así como en los ordenadores y teléfonos móviles que tenemos en casa. Yo mismo jugué utilizando un móvil.

Un popular gamer de Fortnite, Richard Tyler Blevins, también conocido como Ninja, apareció recientemente en la portada de la revista deportiva ESPN. Cientos de miles de personas ven sus partidas y otros tantos juegan en Twitch, una plataforma de retransmisión de vídeos en directo, lo que le permite amasar una fortuna de quinientos mil dólares al mes.

Un hábito que requiere mucho tiempo

Los estudiantes juegan a Fortnite o ven jugar a otros por la noche, durante los fines de semana, en la biblioteca e incluso en clase.

Según una encuesta realizada por la empresa de formación financiera Lendedu, el jugador promedio pasa jugando entre seis y diez horas a la semana y el 7% de los encuestados dice que juega más de 21 horas a la semana. Además, según Lendedu, el jugador promedio gasta unos 85 dólares en el juego.

The New York Times publicó un artículo con consejos sobre cómo criar a un adicto a Fornite. El artículo aconsejaba a los padres que sacaran provecho del juego y que se lo tomaran como una ventaja.

Sin embargo, la pregunta más importante es: ¿cuáles son las consecuencias a largo plazo de criar a una generación de adictos a Fortnite?

Efectos nocivos e individualismo

La sociedad también debería pensar en las consecuencias para la salud de tener niños que juegan a videojuegos violentos durante largos períodos de tiempo.

En 2011, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana analizaron los cerebros de un grupo de hombres que anteriormente habían estado poco expuestos a videojuegos violentos. Así, la mitad del grupo jugó a un videojuego bélico durante 10 horas a la semana, mientras que el grupo de control no lo hizo. Cuando los investigadores realizaron un nuevo análisis cerebral dos semanas más tarde, descubrieron que el grupo que jugaba a videojuegos violentos mostró menos activación en las partes del cerebro que controlan la emoción y el comportamiento agresivo. Según el investigador principal, Yang Wang, “estos hallazgos indican que jugar a videojuegos violentos tiene un efecto a largo plazo en el funcionamiento cerebral”.

Las personas que juegan a este tipo de videojuegos durante largos períodos de tiempo tienden a desarrollar depresión, ansiedad y disociación de la realidad.

En el libro Glow Kids, Nicholas Kardaras explica que cuando un jugador logra un kill shoot o disparo mortal en este tipo de juegos, su cerebro libera una sustancia química que causa placer llamada dopamina. A su vez, esto hace que los videojuegos sean altamente adictivos.

Ya hay matrimonios en todo el mundo culpando a Fortnite y a otros videojuegos de sus divorcios.

Opiniones alternativas

No debemos apresurarnos a culpar a los videojuegos por los actos violentos que puedan ocurrir, ya que obviamente la mayoría de los niños que juegan a Fortnite no van a representar el juego en la vida real. Los defensores han señalado que Fortnite tiene un aspecto más infantil que otros juegos de disparos tales como Call of Duty o PlayerUnknown’s Battlegrounds. Dicho esto, Fortnite permite cortar a otras personas con un hacha o apuntarles con un arma. Como mínimo, el juego no está enseñando a los jóvenes a resolver posibles disputas mediante el diálogo.

Por último, y más problemático, Fortnite acostumbra a los niños a pensar principalmente en ellos mismos y, como mucho, en su pequeño círculo de amigos.

Cuando juegan a Fortnite, entran en su propio mundo. Para disfrutar al máximo, los jugadores usan auriculares y mantienen sus manos pegadas al teclado y al ratón. A veces hablan con otros jugadores o les envían mensajes de texto. Además, pueden jugar en modo playground, que se parece más a Minecraft que a un juego de disparos. No obstante, cada vez es más frecuente que las personas jueguen solas a la versión Battle Royale, cuyo objetivo es ser el último superviviente en una guerra de todos contra todos.

Amenaza para la democracia

En un artículo de opinión de Education Week se argumentó que jugar a Fortnite “es muy similar a jugar a los soldados en el bosque y a construir fuertes”. Esto es, en mi opinión, falso. Jugar con los amigos en un bosque construyendo cosas reales y usar la imaginación es una cosa. En cambio, jugar solo frente a una pantalla, construir cosas virtuales y manipular imágenes ya confeccionadas es otra totalmente distinta. Uno no tiene que preocuparse por otras personas ni cooperar o hablar con ellas para jugar a Fortnite.

En el libro La democracia en América, el teórico político francés Alexis de Tocqueville advirtió que la mayor amenaza para la democracia es el ‘individualismo’, una disposición a aislarnos de todos los que no pertenezcan a un pequeño círculo de personas con ideas afines.

En Fortnite, la zona de combate se reduce cuando la tormenta te empuja, lo que te acerca a los otros jugadores. De esta forma, se convierte en una metáfora más que apropiada para el juego. Fortnite encoge tu mundo para que solo pienses en tu propia supervivencia y —quizás— en la de algunos miembros de tu pandilla.

Fortnite puede no ser el único videojuego violento que enfatiza el individualismo y la supervivencia. No obstante, dada su popularidad actual y su atractivo para todo el mundo, vale la pena examinar su efecto en los individuos que conformarán la sociedad del futuro.The Conversation

Nicholas Tampio, Associate Professor of Political Science, Fordham University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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