Además de decapitarlos, los galos también embalsamaban las cabezas de sus enemigos

Fouille Programmée Le Cailar

 

Hace 2.000 años, los galos europeos tenían una forma interesante de conservar sus asesinatos más memorables: embalsando las cabezas cercenadas de sus enemigos para conservarlas. Por primera vez, la ciencia prueba que los galos de hecho embalsamaron las cabezas que decapitaban durante un conflicto. Los resultados fueron publicados en el Journal of Archaeological Science.

La historia reza que los galos fueron guerreros temerarios, y su constante asecho al Imperio Romano fue legendario. Gracias a que los doblegó, Julio Cesar se alzó en el poder, pero estos continuaron poniendo en ascuas a las regiones occidental y central de Europa por siglos hasta que fueron finalmente absorbidos por Roma hasta el primer siglo de nuestra era. 

Galos: su mala propaganda era justificada

Documentos históricos hablan de sus atroces prácticas, incluyendo su práctica de embalsamar las cabezas de sus adversarios, pero hasta la fecha, no teníamos pruebas científicas de estos relatos. 

“Las cabezas de sus enemigos más distinguidos los embalsaman en aceite de cedro y los exhiben a extraños”, indican escritos del griego Diodorus Sículo en el quinto volumen de su Biblioteca Histórica, del siglo I a.C. Las cabezas de los enemigos más ilustres eran conservadas aun con más celo, incluso si se les ofrecía a cambio el equivalente de su peso en oro por ellas, de acuerdo los escritos del historiador grecorromano Strabo en su obra Geografía.

El problema es que los griegos y romanos eran enemigos de los galos, por lo que sus relatos pueden ser a veces sesgados y matizados con mala propaganda. Por ello, los investigadores del Laboratorio de Arqueología de la Sociedades Mediterráneas y el Mediterranean Institute of marine and terrestrial Biodiversity and Ecology (Francia) fueron a las fuentes primarias: cabezas dañadas recuperadas de una excavación arqueológica en Cailar, en el sur de Francia. 


Mapa de Galia alrededor del año 58 a. C.
Wikimedia Commons

Decapitación y remoción de cerebro

De muestras tomadas de 11 calaveras de 2.000 años, se advirtió evidencia de trauma por decapitación y remoción de cerebro, y análisis químicos arrojaron que tenían restos de sustancias en la superficie. Se comparó los análisis a humanos con cráneos de animales hallados en el mismo sitio. 

Los resultados revelan que algunas de las muestras contienen biomarcadores de resina y moléculas compuestas aromáticas halladas solo cuando la resina de árboles de la familia de los pinos es sometida a altas temperaturas, indicó el Centro Nacional Francés para la Investigación Científica, una de las organizaciones que colaboraron en el trabajo. 

Seis de los cráneos, y ninguno de los huesos animales de control, dieron positivo a compuestos diterpenoicos (propios de la resina de coníferas) productos de degradación del ácido abiético (también encontrado en la resina de coníferas) y biomarcadores de la resina de coníferas. 

Los investigadores no pudieron confirmar si la resina de coníferas le pertenecía al árbol de cedro, ni si los cráneos eran de enemigos de alto rango de los galos, pero la evidencia sugiere que sí hubo decapitación y embalsamiento deliberados.

Representación artística de los guerreros galos

Más estudios podrían determinar si los otros relatos históricos fueron reales, o si esta práctica en específico inició tres siglos antes de la era moderna o cuatro. También se debe determinar si los cráneos venían solo de los enemigos o también de los ancestros, y finalmente, si el proceso fue usado para todas las cabezas o solo algunas.

Estos hallazgos no son lo único emocionante que se descubrió al sur de Francia últimamente. El año pasado reportamos que en Vienne, en el sureste de Francia, arqueólogos hallaron restos de un barrio residencial de una colonia romana, construido en el siglo I d. C. Los investigadores han descubierto ruinas de casas privadas de lujo, fachadas de comercios y edificios públicos. En los siglos II y III se produjeron dos fuertes incendios en las colonias, después de lo cual se abandonó el asentamiento. Dado que los residentes dejaron su casa a toda prisa, los utensilios y los muebles se quedaron. Parte de los objetos y edificios están bien conservados, por eso los arqueólogos la han llamado "pequeña Pompeya".

 

Daniel Meza

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencina que suma.

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