“La política es acientífica y anticientífica” [ENTREVISTA]

N+1 conversó con Eduardo Martínez de la Fé, director de la revista española online ‘Tendencias21’ sobre periodismo científico, los desafíos actuales de la comunicación de la ciencia en la nueva era y la necesidad de que esta penetre en la política

 

¿Tienen solución los problemas del mundo? Es más probable que nos acerquemos a una desde la ciencia que sin ella. Esto lo tiene claro Eduardo Martínez de la Fé, un hombre que hace 30 años pasó de escribir netamente de política internacional para fundar uno de los primeros exponentes del periodismo científico del mundo hispano, Tendencias21. Nos comunicamos con el periodista y analista político español a miles de kilómetros viéndonos las caras, una hazaña impensable cuando daba sus primeros pasos profesionales. Hoy, en una videollamada (otrora de la ciencia ficción) a 9.000 km de distancia, viajamos al pasado, y luego hablamos de historias de vida cuántica y holografía; aunque principalmente conversamos de periodismo científico, y de por qué hoy la sociedad (y la política) necesita más que nunca del oficio.

Martinez de la Fé estudió filosofía, enfocado en epistemología de la ciencia, motivado por los avances de la misma y las herramientas de esta para comprender el mundo y la realidad. Estudió periodismo en la Universidad de la Laguna, en Tenerife (España), y se especializó en Relaciones Internacionales para poder escribir de política con libertad sin chocar con la iglesia y el régimen de Franco. Siguió coyunturas como las guerras árabe-israelí, el nacimiento de los países no alineados, la evolución de América Latina, el golpe de estado de Pinochet, episodios de la Guerra Fría y la crisis de los misiles.

 

¿Cómo empieza su relación con el periodismo?

Eduardo: Muy temprano. Desde muy pequeño escribía cuentos, y ya profesionalmente, empecé a hacer periodismo local en un periódico de Las Palmas de Gran Canaria (Canarias, España), para luego especializarme en Relaciones Internacionales. Entre el 60 y 70 analicé los problemas del mundo en una columna diaria que se publicaba en 40 periódicos de toda España, lo que a su vez me llevó a conocer a mucha gente. Luego de darle tantas vueltas a los problemas del mundo me di cuenta que estos no tenían solución desde la política, y que había que profundizar en el conocimiento científico para ver las claves de lo que parecía irresoluble en ese momento.

 Luego de darle tantas vueltas a los problemas del mundo me di cuenta que estos no tenían solución desde la política. 

 

¿Fue allí cuando decidió convertirse?

En Canarias, donde vivía con mi familia, decidimos abrir un espacio creando la revista Tendencias, con el fin de explicarle el conocimiento a la gente de forma práctica: no la información científica por la información científica, sino por su utilidad para las personas, como una herramienta que los ayude a entender sus problemas personales, laborales y familiares, etc.

¿Para iniciar Tendencias, cuáles fueron sus referentes periodísticos e intelectuales?

Tuve como referente a Manuel Leguineche, un cronista de guerra. Estuvo en la guerra árabe-israelí, y en Vietnam. También me inspiré mucho en pensadores como Edgar Morán, ensayista francés, cuya obra Para entrar en el siglo XXI leí en francés e inspiró mucho mi trabajo. Me inspiró también el Club de Roma, que en 1972 dijo algo que entonces sonaba a chino: que el mundo no era finito, que la Tierra no daría para todos en términos de crecimiento y energía y que había que hacer algo para abordar el problema. Nos invitaron al 20 aniversario del Club de Roma, en el que pude fichar a Ilya Prigogine, premio Nobel de Química para nuestro consejo editorial, conocido por sus estudios en las estructuras disipativas, muy influyente en la ciencia. También estuvieron otros exponentes de la élite científica como Ervin László, entre otros.

Tendencia a luchar

¿Cómo fue el inicio de Tendencias, un medio impreso sobre ciencia y tecnología hace 30 años?

Fuimos pioneros en España y tuvimos una historia rocambolesca. En aquel entonces, el sector de los medios era bastante próspero: se facturaba mucho dinero por publicidad. En España, hoy el noventa y tantos de los medios están en la ruina por tener gastos muy fuertes y los ingresos que caen año tras año. Tendencias es una empresa familiar con colaboradores, que por momentos tuvo una sede física. Hoy se trabaja principalmente a través de Internet. Económicamente la viabilidad siempre ha sido un problema para un medio totalmente atípico ya que la publicidad estuvo muy segmentada. Uno de los problemas en los inicios fue la tirada: en papel llegábamos hasta 5.000 ejemplares. Teníamos un público cualificado, pero la publicidad quería cantidad. Pese a todo, llevamos aquí 30 años, como ves.

¿Y cómo enfrentó Tendencias la crisis mundial de los medios de comunicación que empezó en los 90?

Diversificando el modelo económico. Una de nuestras conclusiones es que los medios de comunicación ya no se pueden soportar económicamente hablando con la publicidad. La publicidad de Internet es como el Cid Campeador: es un cadáver, encima de un caballo, que va de un lado para otro, pero que está muerta. La gente no lo entierra porque no tiene alternativa. Es una publicidad que no funciona. Y sin embargo, la gente sigue invirtiendo. La publicidad de Internet, sin embargo, paga muy mal, nada que ver con el papel. Lo que surge como alternativa es la publicidad nativa, que cuando se hace bien puede funcionar, pero cuando se hace mal puede ser escandalosamente fraudulenta.

¿Qué otras opciones manejan?

La estrategia a seguir es seguir los pasos de medios anglosajones como The Guardian o Financial Times, impulsando una comunidad. Tenemos tres iniciativas. Una, el club Nuevo Mundo, que agrupa a expertos en distintos campos para aportar soluciones prácticas a los problemas globales desde el diálogo ciencia sociedad. La segunda es Un Millón de Ideas, con la que por una cuota ofrecemos orientación. Cuando lleguemos a esa meta, destinaremos un 75% de ese dinero a financiar las mejores de esas buenas ideas. La tercera iniciativa se llama carta académica, a través del cual animamos a académicos a que nos cuenten una historia relevante y ayudamos a darle un formato periodístico, un buen titular y hacerlo más digestivo. Cada vez reunimos a más gente con el lema de “preparar a la sociedad para los nuevos tiempos”. Partimos de la base de que estamos en un momento complicado, que hay que tener conocimientos básicos para entender qué está pasando.

¿Hoy, como plataforma online y con el nombre Tendencias21, cómo se diferencian en identidad de otros medios de comunicación que apuestan por la ciencia y la tecnología, que son muchos y bien posicionados en España?

Empezar a hablar de esto hace 30 años hizo que seamos distintos. Pero al mismo tiempo nació un medio como Muy Interesante. Es otro tipo de medio, más divulgativo, de entretenimiento, de curiosidades. Hemos tenido siempre un plus: elaborar información para dar una respuesta a una necesidad social. Nunca hemos tenido una competencia directa de otros medios. Tampoco somos exhaustivos, sino selectivos. Tenemos que serlo: elegimos muy bien los temas que pueden ser interesantes para un público afín a nosotros.

Además del tema político y social, ¿qué otros frentes persigue la actual Tendencias21?

Estamos orientados a una visión de futuro, haciendo periodismo de anticipación. Nos interesa más lo que va a ocurrir mañana de lo que ocurrió ayer. Lo comparo al pronóstico del tiempo. Nuestro mayor tráfico viene de los miles de artículos publicados con los que la gente tropieza ya sea porque le aparecen en buscadores, o alguien lo coloca en los grupos que tienen 5 o 6 años de antiguedad que entran en un torbellino y reciben miles de visitas en un día.

Es envidiable jactarse de artículos que traspasan la temporalidad. ¿Considera que escribe para públicos del futuro?

Es nuestra singularidad. Hemos optado por la anticipación y basados en el conocimiento científico y la proyección filosófica en una época en que la filosofía es denodada. Hemos hecho artículos hasta de religión, algo que siempre te afecta, desde una perspectiva científica.

¿Es posible hacer periodismo de calidad en tiempos de corto presupuesto?

Nosotros hacemos periodismo muy serio pero también muy barato, ya que no tenemos grandes recursos. Somos sabuesos que buscamos información interesante, y también somos muy rigurosos al citar la fuente, justificarlo todo, porque también sabes que hay periodismo amarillista y maltratado, muy simplista, todo esto ha dañado la imagen del periodismo. Podemos decir que en 30 años que llevamos en el mercado, la batalla ganada es la de la credibilidad: somos un órgano muy creíble, muy respetado, y la gente nos agradece que les demos información útil para vivir. El periodismo no es solo para los periodistas, sino también para abogados, médicos, economistas, que salieron de la academia y que después quieren saber lo que pasa. Y no solo en su campo: un abogado puede ganar un juicio si no sabe que la mente toma algunas decisiones antes que el consciente. Tampoco pretendemos ser enciclopedistas: lo que hacemos es darte el primer plato, pero tienes el enlace para ir al segundo plato, al postre, etc. No te lo enseño de golpe porque si no, no te lo comes.

Ciencia, periodismo científico y política internacional

Usted en una ocasión opinó que el mundo anglosajón dominaba la ciencia. ¿Tiene similar impresión del periodismo y la divulgación científica?

Los medios están controlados por muy pocos. En este mundo global, están adscritos a determinados poderes económicos y son del mundo anglosajón. He propugnado hace mucho tiempo crear un equivalente hispano para la información global, porque ocurre no solo con la ciencia sino también en cómo se informa de Siria, o de las crisis económicas. Las agencias que transmiten esas informaciones son filiales de grandes poderes que emiten esas directrices.

El reportero británico Brian Deer dijo en una edición pasada de la World Conference of Science Journalists que los medios de periodismo científico eran propagandísticos. ¿Coincide?

A diferencia de las revistas científicas, creo que el periodismo y la divulgación aún no están totalmente parcializadas. Felizmente, hay un sector de la investigación científica que está tomando derroteros independientes en lo que se refiere al cambio climático, sacando manifiestos relacionados para espabilar a los políticos. El periodismo que refleja estos movimientos es un periodismo libre. No está condicionado. En absoluto se puede comparar con la propaganda. Muchos medios de estos son mis fuentes de información y son una delicia. De allí nos alimentamos todos.

Latinoamérica y España: aún hay desafíos

¿Cómo percibe el periodismo y la comunicación de ciencia y tecnología en América Latina?

Me parece que en Latinoamérica hay un gran vacío. Creo que la movida es fuerte en Argentina. Las universidades estadounidenses manejan muy bien sus departamentos de comunicaciones, y es común ver información sobre Inteligencia Artificial en la portada del New York Times, que a juicio de amigos míos expertos en IA no es lo suficientemente relevante para estar allí, pero un periodista hizo una buena historia y ese fue el camino.

América Latina sufre por la pseudociencia y las noticias falsas. ¿Cómo las padece España, donde el conocimiento científico goza de mayor penetración en las audiencias?

No veo gran problema. Creo que nuestra labor, más que ir en contra, es difundir la cultura científica. En cuanto a la homeopatía, no veo que aquí sea una epidemia. Con respecto a las vacunas, lo mejor que podemos hacer es informar. Mi política editorial es, más que ir en contra, ir a favor de. Recomiendo, sin embargo, no poner a la ciencia como dogma, porque está en constante revisión. No hay por qué convertirnos en talibanes de la ciencia. Debemos hacer lo nuestro y velar por nuestro rigor. Que opinen los expertos.

 

Creo que nuestra labor, más que ir en contra, es difundir la cultura científica.

 

¿Padece la ciencia en España a nivel de políticas públicas?

La política es acientífica. Anticientífica. No te digo en cuestión de cambio climático. La impresión que yo tengo es que la ciencia es que tiene conocimiento suficiente no para solucionar los problemas políticos, aunque para darle una aproximación mucho más certera. Cuando oyes a un presidente de gobierno de España decir que el cambio climático es un cuento, que el señor Rajoy [Mariano Rajoy, presidente de España hasta junio de 2018] lo diga en su casa. Pero que lo convierta en algo oficial, eso me parece demencial. De qué me estás hablando...si el asunto es respaldado por 40.000 científicos. Debemos oírlos, y esta es asignatura pendiente para los políticos y empresas. Deben saber ciencia y más cosas para llevar a buen puerto sus proyectos.

¿Cómo ve el futuro del periodismo científico a nivel hispano?

Cuando nacimos estábamos solos. Hoy están medios como N+1, que antes no estaba y es un referente en América Latina. Antes no había nada. Lo que hacéis responde a una necesidad: la gente necesita ir a beber del conocimiento y somos la interfaz para ese conocimiento. A los científicos siempre les pido: "cuéntemelo como si no supiera nada". Y al final, el resultado es valioso porque tiene el rigor periodístico y científico. Animo a las siguientes generaciones a entrar en esto: primero por la riqueza personal que esto representa –estar muy bien informado es un lujo– y por la experiencia de explicar esta complejidad a otras personas. La ciencia está a punto de dar saltos descomunales como el ordenador cuántico o el sistema biológico cuántico artificial de IBM. Karl Pribram, neurólogo de Standford, dijo que el cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico. Esto es evocador de los cambios que se vienen. También dijo que el cerebro es una estructura disipativa y como tal, acumula un nivel de información que da un salto cualitativo. Me llama la atención porque creo que el futuro no es lineal. Hay saltos importantes que se van a producir, porque se vienen nuevos descubrimientos significativos.

¿Su frase favorita?

Somos flores en el desierto. Cada día llueve más, y un día tendremos un oasis. Esa es mi esperanza.

Muchas gracias.


Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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