Ni pulmones destrozados ni tumores: caras de repulsión en las cajetillas de cigarros pueden ayudar a dejar de fumar

Jeffrey et al. Journal of Consumer Affairs, 2018

Las imágenes de personas que muestran repulsión en las cajetillas de cigarrillos hicieron que los participantes de un pequeño experimento deseen dejar de fumar. De este modo, se puede utilizar no solo ilustraciones médicas intimidantes, sino también la condena social para combatir el hábito de fumar. A esta conclusión llegaron los autores de un artículo publicado en Journal of Consumer Affairs.

Jennifer Jeffrey y Matthew Thomson, de Western University, Canadá, señalan que usualmente se emplean órganos dañados de fumadores y otros mensajes en las cajetillas para asustar a los consumidores de cigarrillos. Los científicos decidieron verificar si es posible usar para este fin la aversión hacia el fumador, ejerciendo así presión sobre su autoestima.

Para ello, realizaron un experimento online con 156 fumadores de EEUU a los que se les mostró al azar paquetes de cigarrillos con el eslogan "Así la gente mira a los fumadores" y fotos en blanco y negro: en una foto había tres personas con una expresión neutral; en la otra foto el rostro expresaba claramente repulsión. Se les pidió a los voluntarios que evaluaran cuánto las imágenes les hace sentirse culpables, avergonzados y humillados, y cuánto los incentiva a fumar menos o abandonar por completo este hábito.

Los participantes del estudio, que vieron los paquetes con imágenes "condenatorias", no solo leyeron la emoción fácilmente en las fotografías, sino que también se sintieron avergonzados y culpables. El análisis estadístico mostró que aquellos que experimentaron tales sentimientos aumentaron su motivación para fumar menos o dejar de fumar.

Los autores concluyen que la información visual sobre la condena social en las cajetillas de cigarrillos puede ayudar a decidir abandonar este hábito, y puede ser especialmente relevante para aquellos que fuman no por propio placer y autoafirmación, sino, por ejemplo, por adicción.

El número mundial de víctimas del tabaquismo es de seis millones por año y se espera que alcance los ocho millones en 2030, según la Organización Mundial de la Salud. Y la lucha contra esta lacra es ardua: "La nicotina es una de las drogas más difíciles de dejar", dice Ines Ibáñez-Tallon, investigadora del laboratorio de Nathaniel Heintz, de la Universidad Rockefeller (EE.UU.). En un trabajo conjunto del laboratorio, la Escuela de Medicina Mount Sinai y el Instituto Nacional de Ciencias Biológicas de China, publicado en PNAS, se describe el proceso por el que la nicotina mantiene su poderoso control sobre el cerebro.

María Cervantes
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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