En el futuro ir a un burdel de robots será socialmente aceptable pero te criticarán si eres casado

Un reciente estudio descubrió que la gente aceptará socialmente la idea de ir a un burdel, aunque solo si la persona que paga por el sexo con un compañero/a  autómata está en soltería. En caso contrario, si la persona que contrate tales servicios está comprometida, probablemente no reciba la misma aprobación de parte de otros. El estudio fue preimpreso y está disponible para descarga en la web PsyArxiv.

A tal conclusión llegó un equipo de investigadores de la Universidad de Helsinki, Finlandia, luego de dos encuestas de 172 y 260 personas, que respondieron preguntas para medir su código moral, sus relaciones emocionales o sexuales y sus impresiones sobre escenarios ficticios aunque potencialmente reales en lo que se refiere al sexo con robots. En lo que respecta a lo último, los encuestados juzgan la ética de personas dentro de un escenario hipotético.

Escenario sexual futurista

La historia se da en el 2035, en la cual el personaje principal, mujer u hombre, está en un viaje de negocios en una ciudad de Europa y aprovechó para visitar un burdel o prostíbulo. Se le presentaron dos escenarios: uno en el que no podía distinguir robots de humanos y un segundo en el que todos los trabajadores/as son humanos de carne y hueso. El personaje pagó por los servicios recibidos, aunque la escena no dio más detalles del encuentro.

En general, los participantes condenaron a una persona casada que visitó el burdel, aunque fueron menos duros con quien lo hizo en soltería. En el grupo, quienes tuvieron más experiencia en encuentros sexuales fueron más permisivos hacia la idea de visitar un burdel, sin importar la naturaleza del trabajador sexual. Las mujeres, por otro lado, fueron condenadas más severamente que los hombres. El equipo presentará los resultados de esta investigación en el Congreso Internacional de Amor y Sexo con Robots en Montana, EEUU.

“Las relaciones parecen definir cómo la gente juzga moralmente el uso de robots sexuales”, indicó Thomas Arnold de la Universidad de Tufts, en Boston, EEUU, consultado por NewScientist. Para el investigador, uno reacciona en contra de los robots sexuales a medida que estos pueden representar una amenaza o una competencia para sí mismo. El académico, que también investigó del tema, sostiene que de acuerdo a sus estudios “la gente piensa más en robots sexuales como juguetes sexuales para masturbación”.

Aun estamos lejos de tener robots humanoides sexuales perfectos, pero en Texas, EEUU, un prostíbulo fue impedido de abrir por el gobierno de Houston, y en California, donde también se propuso abrir una instalación con el mismo fin, solo alcanzó el 1% de su meta en una campaña de micromecenazgo.

 

Miedo a las enfermedades

El equipo también midió el nivel de repugnancia usando cuestionarios que preguntaron sobre indignación, asco o temor a patógenos, para medir la sensibilidad de las personas a la idea de contraer gérmenes o enfermedades.

Los niveles de asco a patógenos fue una razón fuerte para condenar al uso de robots sexuales. El equipo, sin embargo, concluye que las actitudes hacia el sexo con robots podría variar en diferentes culturas, por lo que planea expandir sus estudios para comparar estas diferencias. Recientemente, un inventor español creó a Samantha, un robot sexual que podría “no estar de humor” para complacer a su propietario.

 

 

Daniel Meza

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, tecnología que suma.

Sobre N+1: Es la primera revista online de divulgación científica y tecnológica que permite la reproducción total o parcial de sus contenidos por medios de comunicación, bloggers e influencers, realizando la mención del texto y el enlace a la web: “Esta noticia ha sido publicada originalmente en la revista N+1, tecnología que sumawww.nmas1.org”.​​

 

Suscríbete

Déjanos tu mail para recibir nuestro boletín de noticias

La confirmación ha sido enviada a tu correo.