¿Brasil deja a un lado el medioambiente? Bolsonaro y Temer deciden no acoger la próxima cumbre del clima

Jair Bolsonaro. /Wikimedia Commons

Brasil ha retirado su candidatura para ser la sede de la cumbre del clima de 2019, la COP25. El presidente electo, el ultraderechista Jair Bolsonaro, que gobernará a partir del 1 de enero, ha admitido haber participado en la decisión del actual presidente, Michel Temer, y volvió a poner en duda la permanencia de su país en el Acuerdo de París. Las políticas de Bolsonaro, que se ha mostrado escéptico con el cambio climático y crítico con las políticas medioambientales en general, amenazan el equilbrio de la Amazonía, que pertenece a Brasil en un 70%. 

El actual gobierno del conservador Temer rechazó acoger la conferencia del año que viene alegando "restricciones fiscales y presupuestarias" y "el proceso de transición de la administración recién elegida" de Bolsonaro. El anuncio se ha realizado pocos días antes de que comenzara el lunes la COP24, la cumbre climática que se celebra este año en Katowice, Polonia. "Le recomendé que evitase la realización de ese evento aquí en Brasil", dijo Bolsonaro.

Tras participar en Brasilia de reuniones para elegir a su equipo de gobierno, Bolsonaro volvió a cuestionar la continuidad de Brasil, líder en la lucha contra el calentamiento global, en el pacto climático de París, que debate en esta conferencia los detalles de su implantación. Según él, en ese acuerdo está "en juego" la soberanía brasileña de una región de 136 millones de hectáreas denominada Triple A, que va desde Los Andes al océano Atlántico, atravesando la Amazonia.

Amazonía. /Wikipedia

Bolsonaro ya ha nombrado a la mayoría de sus ministros, pero aún está pendiente el de Medio Ambiente, porque busca "un nombre que haga una política que mire al medioambiente pero también a los intereses nacionales”. Esto podría significar un golpe también para las comunidades indígenas, que Bolsonaro ya ha despreciado en más de una ocasión. El presidente electo ha declarado estar en contra de algunas normas ambientales actuales que, según él no tienen justificación y asfixian el agronegocio como motor de la economía local.

Así que el presidente electo planea construir una carretera asfaltada que atraviesa el Amazonas, abrir los territorios indígenas a la minería y prohibir el activismo: ONG internacionales, como Greenpeace y WWF, estarían vetadas en el país, según sus propuestas.

Además, se acabarían con su gobierno las multas a la ganadería y agricultura ilegal o la tala. La agencia de protección ambiental de Brasil, Ibama, será despojado de sus poderes de licencia ambiental que serán redistribuidos a otros organismos oficiales, dijo durante la campaña. Hasta ahora, capacidad de Ibama, para multar a quienes violan las leyes ambientales es una de las mejores herramientas para frenar la destrucción de la selva. El temor a que las políticas de Bolsonaro lleven a un aumento de la deforestación está más que fundado. 

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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