Demasiado caliente para sobrevivir: el megalodón se extinguió por su elevada temperatura corporal

BRIGHT SIDE / Youtube

Megalodón no es solo el estreno más taquillero del pasado verano: este inmenso (y extinto) monstruo, Otodus megalodon, pobló los mares hasta hace unos 2,6 millones de años. Con sus 18 metros de largo y una boca plagada de dientes de 18 centímetros, con una mordida 10 veces más poderosa que la del gran tiburón blanco, dudamos de que algo se le interpusiera en su dominio, así que, ¿qué fue lo que extinguió a semejante bestia? Una nueva investigación sugiere que su alta temperatura corporal.

Al igual que los tiburones actuales, como el blanco o el mako, se cree que el megalodón podía ajustar la temperatura de su cuerpo dependiendo de si se encontraba nadando en agua más fría o más caliente. Esto le habría permitido cazar en una gama más amplia de hábitats que otros tiburones, según la investigación, presentada por Michael Griffiths, del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad William Paterson (EE.UU.) en en la reunión anual de la Unión Americana de Geofísica (AGU). Pero mientras que los antepasados de los escualos actuales que coonvivían con el megalodon tendrían temperaturas corporales de aproximadamente 20ºC a 30ºC, la de esta enorme criatura podría haber oscilado entre los 35ºC y los 40ºC, similar a la de mamíferos como las ballenas.

Y tanto calor también requería un metabolismo muy activo que requería alimentación frecuente. Cuando el clima se calentó y las presas de los megalodon se trasladaron a aguas más frías en latitudes más altas, la escasez de alimentos y la competencia de nuevas especies de depredadores, como las orcas, fue la combinación fatal que llevó a la megalodoncia a la extinción, después de haber reinado en los océanos durante más de 10 millones de años.

La información estaba en los dientes

Para averiguar si la temperatura corporal de los megalodon era similar a la de los tiburones modernos, los científicos examinaron los raros isótopos de carbono y oxígeno en los dientes de megalodon y en los dientes de los tiburones modernos. Estos isótopos forman diferentes enlaces dependiendo de la temperatura del animal cuando se forman los dientes, explicó Griffiths a Live Science. 

Según los investigadores, con este método, los científicos podrían estimar cuál podría ser la temperatura corporal promedio de la antigua bestia y así encontrar pistas que podrían explicar cómo la biología o los hábitos de los megalodonios lo condenaron a la extinción. "Los grandes cambios climáticos combinados con limitaciones evolutivas pueden proporcionar el arma para la extinción de la especie de tiburón más grande que jamás haya vagado por el planeta", concluyen. 

Actualmente, algunos de los ejemplares vivos de las especies de tiburones más grandes del mundo, probablemente ya habían nacido antes de que se inventara el cine, o de que Cuba dejara de ser española. Concretamente, la logevidad del tiburón ballena (Rhincodon typus) que puede medir los 19 metros, alcanza los 130 años

 

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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