Los huesitos de los pollos que nos comimos son tantos, que quedarán en el registro fósil del futuro

Wikimedia Commons

Una vez que los humanos hayamos desaparecido del planeta, ya sea porque nos mudamos o porque nos extinguimos, ¿qué quedará de nosotros cómo huella sobre la Tierra? De acuerdo a una investigación publicada en Royal Society Open Science, además del plástico y el carbono en la atmosfera, una de las marcas más duraderas de nuestro impacto en la Tierra será la aparición repentina en el registro fósil de huesos de pollo.

La explosión en la crianza de pollos y los rápidos cambios en la forma de estas aves debido a la cría selectiva los convierten en un signo ideal de nuestro tiempo. "Creemos que son un símbolo realmente importante y un futuro fósil potencial de esta era, y el impacto del hombre en el planeta", explica a New Scientist, Carys Bennett en la Universidad de Leicester, Reino Unido.

Un ave modificada por el humano

El número de pollos domesticados creció de manera exponencial en todo el mundo el siglo pasado. La población actual es ahora de 21.4 mil millones, más que cualquier otro vertebrado terrestre y un orden de magnitud mayor que cualquier otra ave. Más de 60 mil millones se sacrifican cada año, una tasa de acumulación de cadáveres sin precedentes en el mundo natural.

El pollo moderno de engorde, la variedad cultivada para la carne, ahora es irreconocible por su ancestro salvaje, el gallo (Gallus gallus). Aunque los pollos fueron domesticados hace unos 8000 años, han experimentado cambios especialmente marcados desde que la agricultura intensiva despegó a mediados del siglo XX.

Los pollos de hoy crecen hasta llegar a ser cuatro o cinco veces más pesados ​​que las aves que existieron hasta antes 1957. Por ejemplo, el hueso de la pata de un pollo de engorde es el triple del ancho y el doble de longitud que la de un gallo.

Un recuerdo para el futuro

El momento de estos cambios en los pollos coincide con otros signos del Antropoceno (la era de los humanos en la Tierra), como los plásticos, los fertilizantes, los combustibles fósiles y los depósitos radiactivos de las armas nucleares.

La mayoría de los cadáveres de pollo son arrojados a vertederos, donde las condiciones sin oxígeno tienden a momificar la materia orgánica. Eso significa que tienen el potencial de fosilizarse y permanecer preservados durante millones de años. "Los encontrarías con todos los detritos humanos habituales: latas, refrescos, restos de envoltorios de plástico", dice Bennett.

Si los futuros geoquímicos analizaran los isótopos de carbono y nitrógeno en estos fósiles, verían una notable diferencia en comparación con las aves salvajes, gracias a la dieta homogeneizada del pollo.

El aumento de esta ave contrasta con el declive de las aves silvestres, lo que significa que la población aviar de la Tierra está dominada por una especie más que nunca. Incluso si el cambio climático y la superpoblación nos obligan a cambiar nuestros hábitos alimenticios, nuestro impacto se mantendrá en las rocas, dice Bennett. "La señal de nuestra civilización ya está siendo registrada".

En vista que esta crianza intensiva de animales está teniendo consecuencias negativas para el medio ambiente, diversas iniciativas han comenzado a buscar una forma de producir carne en el laboratorio. La más reciente es Just, una empresa que ya está produciendo Nuggets de pollo en biorreactores


Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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