El enorme y extinto león marsupial tenía la mandíbula más poderosa de todos los mamíferos

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Un esqueleto casi completo del extinto león marsupial (Thylacoleo carnifex), un carnívoro gigante que cazó en Australia hace decenas de miles de años, ha revelado algunos secretos sobre esta bestia que ha desconcertado a los científicos durante 150 años. El nuevo estudio, publicado en PLOS One, sugiere tuvo la mandíbula más poderosa de cualquier especie de mamífero, y fue un cazador experto que se movía con la ayuda de una fuerte cola.

A pesar de su nombre, no es un león, sino el carnívoro marsupial más grande registrado, con un peso de más de 100 kg. La criatura no se parecía a nungún animal vivo: se trataba de un depredador que tanto cazaba como robaba presas para satisfacer su apetito, y que tenía una cola rígida y musculosa que usaba como trípode o para trepar, al igual que muchos marsupiales vivos, como el canguro y el demonio de Tasmania.

Los hallazgos recientes en las en las cuevas de Komatsu en Naracoorte y en la llanura de Nullarbor (Australia) han permitido por primera vez una descripción y reconstrucción del esqueleto completo, incluida la cola y las clavículas hasta ahora no reconocidas. Los autores utilizaron esta nueva información para reevaluar la biomecánica de Thylacoleo, y al comparar su anatomía con los marsupiales vivos, llegando a nuevas conclusiones sobre la biología y su comportamiento.

PLOS One

Según los investigadores, su anatomía única significaba que el león marsupial era malo persiguiendo presas y mejor preparado para ser un depredador o atacar en emboscadas. Además, podía ser un buen escalador, y en comparación con los marsupiales vivos, su anatomía se parece más a la de un demonio de Tasmania (Sarcophilus harrisii), que es un cazador mucho más pequeño.

Comportamiento incierto

Otra evidencia de su habilidad para la escalada se encontró en 2016: marcas de garras en una cueva utilizada por estos animales, según publicó Scientific Reports. Pero aunque los huesos dan pistas sobre su método de locomoción, no proporcionan evidencia clara sobre su comportamiento. "Hacer inferencias muy confiables [sobre el comportamiento] puede ser difícil. Muchos animales pueden hacer cosas que tal vez usted no predeciría que podrían hacer basándose en sus esqueletos", explica a Live Science Robin Beck, profesor de biología en la Universidad de Salford (Reino Unido): “Las cabras son muy buenas para trepar a los árboles, y eso es algo que nunca predecirías a partir de su esqueleto".

La bestia, que vivió durante la época del Pleistoceno de hace aproximadamente 2 millones a 50,000 años, se describió por primera vez en 1859. En ese entonces, se recogieron trozos de su cráneo y mandíbula en el lago Colongulac en Victoria, Australia, y se enviaron a Sir Richard Owen en El Museo Británico, dijeron los investigadores.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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