Las “zonas muertas” ahora también se encuentran en corrientes de agua dulce

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Hace poco nos enteramos de la posible causa de la extinción masiva en el océano hace 250 millones de años, durante la Gran Mortandad: los animales marinos se asfixiaron por la falta de oxígeno en el agua. Ahora, un nuevo estudio publicado en Limnology & Oceanography, ha encontrado que las llamadas “zonas muertas” (regiones donde el nivel de oxígeno es excesivamente bajo) se están encontrando fuera del mar, donde ya se habían estado reportando anteriormente.

Esta peligrosa transformación de nuestros océanos se está multiplicando por más de diez veces desde la década de 1950. Actualmente se encuentran en el mar Arábigo y en el Golfo de México, pero de acuerdo a la investigación Joanna Blaszczak de la Universidad de Duke, este fenómeno asfixiante ha sido detectado en las corrientes urbanas de agua dulce en los Estados Unidos.

"Nos sorprendió descubrir que estas zonas muertas están ocurriendo en nuestros propios patios, no solo en ríos y aguas costeras aguas abajo de las principales fuentes puntuales de contaminación de nutrientes", explica Blaszczak, quien es ecóloga de ecosistemas.

El estudio

En su nuevo estudio, Blaszczak y su equipo monitorearon las concentraciones de oxígeno disuelto en seis corrientes de agua de cabeza urbanas en Carolina del Norte durante un período de 18 meses, y también midieron los niveles de luz, la química del agua y el flujo de la corriente. Descubrieron que el impacto de la actividad humana en el entorno natural que rodea los ríos y arroyos afecta el "régimen de flujo" de estos cursos de agua, gracias a que los procesos de erosión disminuyen el flujo en tiempos de bajo flujo, lo que lleva a un aumento del estancamiento y la acumulación de agua.

"Los arroyos que drenan las áreas desarrolladas están sujetos a intensos flujos de tormentas erosivas cuando los caminos y las tuberías de aguas pluviales conducen rápidamente la escorrentía hacia los arroyos durante las tormentas, sin permitir que el agua se infiltre en el suelo", dice Blaszczak.

El equipo encontró que la erosión causada por estos flujos intensos cambió la forma de algunos canales del arroyo hasta tal punto que el agua esencialmente dejó de fluir en ellos a finales del verano y cuando eso ocurre, una corriente puede convertirse en una serie de piscinas conectadas de agua mayormente inmóvil.

Ese estancamiento tiene un costo: una acumulación de escorrentía de nutrientes y materia orgánica, incluido el nitrógeno de las tuberías de drenaje de alcantarillado, fertilizantes y desechos de mascotas. Esta mezcla es tóxica para los habitantes de las corrientes. En la mitad de las corrientes estudiadas, las condiciones de degradación crónica durante los períodos de flujo base llevaron a que se registraran bajas concentraciones de oxígeno.


Las zonas muertas hipóxicas ocurren en corrientes urbanas como esta en Raleigh, N.C.
Universidad Duke
 

No solo los peces

En uno de esos casos, el equipo observó peces muertos después de un período hipóxico. Las zonas muertas también son una amenaza para la vida marina que no podemos ver tan fácilmente: las bacterias y otros organismos pequeños que viven en estos ecosistemas, y que dependen de una fuente lista de oxígeno disuelto en el agua para mantenerse con vida.

"Encontramos que las tasas de crecimiento de las algas que soportan las redes alimentarias de los arroyos eran más lentas en los arroyos con flujos de tormentas intensas más frecuentes", dice Blaszczak. "Junto con la aparición de la hipoxia, esto pinta una imagen sombría y estresante para los organismos de agua dulce que intentan sobrevivir en estas corrientes urbanas".

Es demasiado pronto para decir si este tipo de resultados, obtenidos de solo seis arroyos en Carolina del Norte (EE.UU.), se replicarán en ríos más grandes en otras partes del mundo. Pero los investigadores dicen que es más que probable. Como señala el estudio, las características de las corrientes estudiadas aquí no son únicas, y las investigaciones anteriores ya han descubierto niveles variables de oxígeno en vías fluviales.

Si no tenemos cuidado con la forma en que afectamos a estos ecosistemas naturales que nos rodean, podríamos ver cómo proliferan las zonas muertas a lo largo de ellos, tal como lo hacen en nuestros océanos.

"No se suele suponer que la hipoxia ocurra en los arroyos y ríos debido al flujo de la corriente, que normalmente mueve el agua lo suficientemente rápido como para evitar que las bacterias disipen el oxígeno disuelto a niveles hipóxicos", dice Blaszczak. "Sin embargo, la construcción de represas y otras alteraciones humanas que detienen el flujo de agua hacen que estos ecosistemas de agua dulce sean particularmente vulnerables a la hipoxia con implicaciones negativas para la biodiversidad, especialmente en los ríos que ya están cargados con una alta contaminación de nutrientes".

En este año que pasó, se ha encontrado que la zona muerta del mar Arábigo ya ocupa 80.000 km2, más que superficie la Panamá. Y que la que está en el golfo de México no se recuperará hasta el 2050. Ambas noticias son de gran preocupación porque, como se ha explicado anteriormente, la vida en los océanos es básica para todos los ecosistemas de la Tierra.  


Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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