Un enorme tiburón clavó sus dientes en el cuello de un pteranodon en una insólita lucha aérea en el Cretáceo

Representación artística de la lucha entre un Pteranodon y un tiburón. / Mark Witton /USC

Una lucha entre un Pteranodon, un ave cretácica de seis metros de envergadura, y el enorme tiburón extinto Cretoxyrhina mantelli ha sido documentada por científicos de la Universidad del Sur de California (EE.UU.). Los investigadores analizaron un fósil de este dinosaurio que tenía clavado entre las vértebras del cuello un diente de un gran escualo. 

El fósil fue excavado en la región de Smoky Hill Chalk (Kansas) en la década de 1960. Aunque los autores indican que "no es posible inferir si la mordedura refleja un comportamiento depredador", los resultados de la investigación, publicados en la revista PeerJ, aportan la evidencia de que los tiburones del Cretácico podían cazar a grandes reptiles voladores, como los pterosaurios.

"¿Hay tiburones hoy en día que cacen aves marinas? Sí, los hay. Ahora sabemos que han cazado animales voladores desde hace 80 millones de años", señala uno de los autores de la investigación, Michael Habib. 

Un fósil extremadamente extraño

El diente, que estaba encajado en las crestas de la vértebra del cuello (lo que indica una mordedura) pertenecía a un Cretoxyrhina mantelli, un tiburón común en el Cretácico Superior, de aproximadamente dos metros y medio de largo y comparable en apariencia y comportamiento al gran tiburón blanco de hoy. El diente del predador (afortunadamente para la ciencia) se atascó en una parte particularmente huesuda del cuello. Tal descubrimiento de fósiles es tan raro que este es el primer caso documentado de esta especie de tiburón que interactúa con un pterosaurio, según el estudio.

Para Habib, el ataque se produjo probablemente mientras el Pteranodon, que se alimentaba de peces, extendía sus enormes alas extendidas sobre el agua, mostrándose vulnerable, cuando el tiburón saltó sobre la superficie del mar. Otra opción es que haya sido atacado mientras se posaba o despegaba desde las aguas marinas, aunque esto, señala, no era tan frecuente. "Probablemente nunca lo sabremos con exactitud", concluyó el investigador. 

Pero este ave tampoco se quedaba corta en fuerza bruta: un estudio publicado el año pasado, sobre fósiles hallados en una isla en la actual Transilvania (Rumania), indica que algunos pterosaurios gigantes probablemente cenaban dinosaurios pequeños, del tamaño de un caballo, y no reptiles más pequeños como se creía. Los fósiles más grandes de pterosaurios pertenecen a ejemplares de la familia de los azdárquidos, y sus cuerpos eran versiones desarrolladas del chasis común de los reptiles alados de entonces, con alas largas y cuellos finos y extensos, cuerpos y cabezas ligeros.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma

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