La monogamia podría ser explicada por un grupo de 24 genes

Wikimedia Commons 

La monogamia, esa tendencia que tienen algunas especies a aparearse y mantener una relación con una sola pareja, podría estar inserta en nuestro código genético. Esa es la conclusión a la que llegó un equipo internacional de investigadores en su estudio publicado en Proceedings of the Natural Academy of Science.

El estudio, liderado por Hans Hofmann y Rebecca Young, observó qué genes se activan en el cerebro de los machos en cinco pares de especies estrechamente relacionadas: dos ratones, dos campañoles (un tipo pequeño de roedor), dos aves canoras, dos ranas y dos peces cíclidos. Cada par incluía una especie monógama y una no monógama.

Los científicos analizaron los patrones de expresión génica para buscar genes que fueran consistentemente más activos o menos activos en especies monógamas que sus parientes no monógamos. Los resultados muestran que las cinco especies que han desarrollado la monogamia tienen un patrón similar de expresión génica en el cerebro.  

Esto no es demasiado sorprendente desde el punto de vista de un biólogo evolutivo, dice Hofmann. "Todas las cosas que suceden en nuestro cuerpo tienen una historia evolutiva que lleva a un antepasado común, y solo hay muchas maneras diferentes de resolver un problema", dice a New Scientist

A más, mejor

Aunque para la mayoría de los animales, sea ventajoso aparearse con múltiples parejas; algunas especies encuentran más valor en mantenerse fieles, especialmente aquellas que rara vez se encuentran con parejas potenciales. Una de las especies en el estudio es la rana mímica venenosa, el primer anfibio monógamo conocido. Cría a su descendencia en pequeñas piscinas donde hay poco para comer, por lo que los renacuajos necesitan la ayuda de ambos padres para obtener suficiente comida para llegar a la edad adulta.

La monogamia generalmente conlleva un conjunto de comportamientos relacionados, que incluyen la formación de vínculos de pareja, compartir algunas tareas de los padres y defender el territorio.

El análisis destaca 24 genes que están fuertemente asociados con la monogamia, aunque cientos más siguen un patrón similar. Se sabe que algunos de estos genes están involucrados en el aprendizaje y la memoria, lo que tiene sentido considerando que los machos monógamos necesitan reconocer a su pareja y descendencia y formar un fuerte vínculo. Otros tienen un papel en los procesos moleculares básicos, como la regulación de la actividad genética, con un vínculo menos obvio con el comportamiento.

Más estudios

Si bien los resultados muestran que algunos de los mismos cambios en la actividad de los genes han ocurrido en todas las especies monógamas, no pueden decirnos si los cambios genéticos son una causa o una consecuencia del cambio a la monogamia.

Una forma de probar esa idea sería manipular estos genes y ver si el comportamiento de los animales cambia según lo previsto. Pero primero, el equipo quiere recopilar más datos para aprender en qué parte del cerebro se expresan estos genes y probar más especies, para que puedan hacer predicciones más específicas sobre qué genes afectan qué aspectos del comportamiento.

La monogamia, especialmente la humana, es de por sí un tema fascinante. Diversos estudios han entrado en el eterno debate de si somos una especie monógama o polígama por naturaleza, y como es de imaginarse, los resultados han sido no concluyentes.


Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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