Dormir poco aumenta la sensibilidad al dolor

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Científicos estadounidenses han descubierto que la relación entre la falta de sueño y la mayor susceptibilidad al dolor es responsable no solo la corteza somatosensorial, sino también otras área como el lóbulo de la ínsula y el núcleo accumbens, que "deciden" si el estímulo causa dolor o no. Para ello, los investigadores realizaron un experimento de resonancia magnética funcional con personas que pasaron la noche en laboratorio. El artículo fue publicado en The Journal of Neuroscience.

La relación entre la falta de sueño y el aumento de la nocicepción ha sido demostrada más de una vez por los científicos: en condiciones de laboratorio tanto en personas como en animales, la susceptibilidad a los efectos de los estímulos dolorosos aumenta con la falta de sueño. No obstante, casi no se estudia la regulación cerebral sobre ello: además de las partes somatosensoriales del cerebro, que son responsables del procesamiento de las señales recibidas por los receptores en la piel, otras partes del cerebro también pueden ser sensibles a la falta de sueño. Además, no se sabe cómo los cambios en el sueño afectan el umbral del dolor de un individuo.

El nuevo experimento 

Esto decidieron averiguar científicos bajo el liderazgo de Adam Krause del Instituto de California en Berkeley, que llevaron a cabo dos estudios con personas en laboratorio y una encuesta en línea. Al primer experimento asistieron 25 voluntarios, cada uno de los cuales pasó dos noches en el laboratorio: uno con ocho horas de sueño y el segundo sin dormir (el intervalo entre dos noches fue de al menos una semana).

El umbral de dolor de cada uno de los participantes se midió con calor: para ello, se colocó un dispositivo de calentamiento especial en la piel de la pierna izquierda, cuya temperatura aumentó gradualmente en un grado. Se pidió a los participantes en el experimento que anotaran el momento en que el dolor por los efectos del estímulo de la temperatura alcanzó siete puntos en una escala de diez puntos.

La mañana después de la noche en el laboratorio, se comprobó nuevamente el umbral de dolor de los participantes. Los científicos han descubierto que una noche de insomnio significativamente redujo el umbral de dolor de los participantes: la falta de sueño condujo a que una temperatura más baja se considerara desagradable.

También se observó el cerebro 

Además, los científicos realizaron un experimento de resonancia magnética funcional para estudiar la actividad cerebral cuando se exponen a estímulos dolorosos y neutros. Como era de esperar, el impacto de altas temperaturas dolorosas aumentó la actividad de la corteza somatosensorial. Se observó una disminución de la actividad en el tálamo y el núcleo accumbens -la parte del cerebro que participa en la formación del umbral del dolor (es decir, decide si el dolor es estimulado o no)- así como en el lóbulo de la ínsula, cuyo daño conduce a anomalías en la percepción del dolor.

En una encuesta en línea sobre los efectos de la falta de sueño en el dolor, participaron 236 voluntarios que informaron haber experimentado un dolor de diferente naturaleza (por ejemplo, dolor crónico o dolor después de fracturas). Cada participante pasó dos encuestas: por la mañana, para informar cuán bien habían dormido y por la noche para informar qué tan fuertes habían sido sus sensaciones de dolor durante el día. 

Los autores llegaron a la conclusión de que la falta de sueño reduce el umbral de dolor de las personas, lo que las hace más susceptibles a los estímulos nociceptivos. El mecanismo de esto no se limita a la hipersensibilidad, como puede verse en la actividad de la corteza somatosensorial, sino que también se extiende a un tipo de inhibición de aquellas partes del cerebro que deciden si el estímulo es físicamente desagradable o no.
 

María Cervantes
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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