Aficionados descubrieron un objeto del cinturón de Kuiper de un kilómetro de diámetro

NASA

Científicos lograron detectar por primera vez un objeto del cinturón de Kuiper con un radio de aproximadamente 1,3 kilómetros, observando el "ocultamiento"" de las estrellas. El descubrimiento se realizó con la ayuda de dos telescopios de aficionados montados en el techo de una escuela en Japón, según un artículo publicado en la revista Nature.

Se cree que el cinturón de Kuiper, ubicado fuera de la órbita de Neptuno, consiste de material que quedó después de la formación del sistema solar. Al momento, no se conoce el número exacto de cuerpos celestes que lo componen. No obstante, según los cálculos de los investigadores, se deben tener aproximadamente 100.000 cuerpos con un diámetro de más de 100 kilómetros. En la actualidad solo se conocen unos 1.000 objetos del cinturón de Kuiper.

Explorando los objetos que conforman el referido cinturón, los astrónomos pueden comprender mejor la evolución del sistema solar. Un análisis de la distribución por tamaño de los cuerpos celestes con un radio de 1 a 10 kilómetros puede indicar el tamaño de los planetesimales a partir de los cuales se formaron los planetas del sistema solar. Sin embargo, es imposible detectar estos objetos directamente ya que son demasiado pequeños. En su lugar, los científicos rastrean situaciones en las que los objetos bloquean brevemente la luz de estrellas distantes. Los astrónomos llaman a estos eventos "ocultamiento", sus observaciones permiten determinar con alta precisión las órbitas de los cuerpos celestes, aclarar su forma y descubrir nuevos objetos. Sin embargo, aún no ha sido posible detectar con este método los objetos del cinturón de Kuiper con un radio de 1 a 10 kilómetros.

Un astrofotógrafo amateur hizo el trabajo

Para "atrapar" un objeto desde la Tierra, es necesario observar simultáneamente un gran número de estrellas y asegurarse de que el objeto capturado en el campo de visión del telescopio no sea un fenómeno natural. Para ello se requiere varias herramientas independientes. Para lograr este objetivo, los científicos dirigidos por Ko Arimatsu del Observatorio Astronómico Nacional en Japón lanzaron el proyecto Organized Autotelescopes for Serendipitous Event Survey (OASES), que consistía de dos sistemas idénticos. Ambos incluían el astrófotógrafo amateur Rowe - Ackermann Schmidt, que se utiliza para fotografiar objetos débiles.

Los instrumentos fueron instalados en el techo de una escuela en la isla de Miyako, Japón. Después del procesamiento preliminar de datos, los científicos obtuvieron 26,400 imágenes consecutivas y más de 3,3 billones de mediciones fotométricas. Como resultado, el grupo Arimatsu logró detectar, por la oscilación del brillo de una estrella un candidato a objeto del cinturón de Kuiper con un tamaño de 1,3 kilómetros. Para asegurarse de que no lo confundieran con un fenómeno atmosférico importante, los astrónomos verificaron las curvas de luz de las estrellas vecinas. No lograron encontrar rastros de un "ocultamiento" similar.

En base a los datos obtenidos, los científicos calcularon que el número de objetos del cinturón de Kuiper con un radio de más de 1,2 kilómetros en la región eclíptica es de 550.000 por grado cuadrado. Esta cantidad es suficiente para que el cinturón de Kuiper se considere la fuente de cometas de la familia Júpiter, cuyo período de rotación alrededor del Sol no excede los 20 años.

Los investigadores señalan que su trabajo revela el potencial de los telescopios de aficionados y las cámaras CMOS de bajo costo cuando buscan pequeños objetos del cinturón de Kuiper. Además, el descubrimiento de los científicos también confirma que las observaciones actuales y futuras que usan herramientas de alta velocidad como TAOS II27, CHIMERA28 y Colibri29 podrán complementar nuestro conocimiento de los objetos del cinturón de Kuiper.

Actualmente, la misión New Horizons está investigando los objetos del cinturón de Kuiper. Recientemente, la sonda estudió al asteroide Ultima Thule, que resultó ser parecido a un muñeco de nieve.

 

María Cervantes
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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