Las nutrias marinas también dejan huellas arqueológicas gracias a lo cual se puede hallar sus antiguos hábitats

Michael Haslam et al. / Scientific Reports, 2019

Un equipo internacional de biólogos han descubierto que las nutrias marinas  (Enhydra lutris) dejan tras de sí rastros arqueológicos, informa Scientific Reports. Los animales usan piedras para romper las conchas de los moluscos marinos. Como resultado, el daño permanece en las piedras costeras que les sirvieron de yunque, y alrededor de él permanece una masa de conchas igualmente rotas.

Los autores creen que gracias a estos signos, se pueden encontrar antiguos hábitats de nutrias marinas. Estos rastros también ayudarán a los arqueólogos a no confundirse y distinguir las huellas dejadas por los animales y los antiguos humanos.

Las nutrias marinas viven en el norte y noreste del Océano Pacífico. A pesar del nombre, no pertenecen al género de las nutrias (Lutra), pero sí son sus parientes: las nutrias y las nutrias marinas pertenecen a la familia Mustelidae. Hace tres siglos, en el planeta vivían 150–300 mil de estos animales. Pero a mediados del siglo XVIII comenzaron a cazarlas por su valiosa piel.

A principios del siglo XX, el número de nutrias marinas se redujo a 1.000 o 2.000 individuos que vivían en puntos separados de su hábitat histórico. Las nutrias marinas se alimentan principalmente de invertebrados: moluscos, medusas, crustáceos y algunas especies de peces. Estos son los únicos mamíferos marinos que usan piedras para romper las conchas de sus presas. 

Rastros dejados por las nutrias 

Ahora, un grupo internacional de biólogos dirigido por Natalie Uomini de la Sociedad Max Planck para el Instituto de Historia Mundial mostró que las nutrias marinas, utilizando piedras, dejan huellas (montones de conchas agrietadas y marcas en las rocas) que se pueden distinguir después de varios años. Siguiendo estos rastros, los investigadores esperan encontrar el hábitat histórico de las nutrias marinas. Además, para los arqueólogos que investigan los rastros de la actividad humana, es importante distinguir quién dejó los escombros marinos, las nutrias marinas o los humanos.

Los autores estudiaron la población de nutrias marinas en la Reserva Marina Elkhorn Slough en California desde 2007 a 2017. Durante diez años, observaron los hábitos alimenticios de las nutrias marinas y recopilaron información sobre 629 alimentos de 29 lugares diferentes. En su mayor parte, estos animales comían mejillones (más de la mitad de la dieta), otras almejas y cangrejos. Solo las hembras usaban piedras y solo en cuatro lugares de 29. En su mayoría, rompían conchas de los mejillones en las rocas que sobresalían del agua.

En julio de 2016, los científicos realizaron investigaciones arqueológicas y de comportamiento en estos cuatro sitios. Ahí observaron a varias hembras y un macho alimentándose. Además, los científicos estudiaron 419 piedras que sobresalían del agua y 2 bloques de cemento en los sitios de alimentación. En 77 de ellos, en los cuales las nutrias rompían conchas, encontraron daños, incluyendo pequeñas grietas y astillas.

Alrededor de esas piedras, encontraron muchas conchas de mejillones rotas, principalmente cerca del lado de la piedra que estaba frente al océano. Los autores estudiaron 29 conchas seleccionadas al azar y encontraron que todas estaban divididas de la misma manera: la mitad derecha de la concha estaba rota y la mitad izquierda estaba intacta. 

Un tipo de nutria extinta 

Según los investigadores, el daño característico de las piedras y por la forma en que las conchas están rotas se puede determinar los hábitats anteriores de nutrias marinas. Además, pueden ayudar a comprender cómo estos animales usaron herramientas en el pasado.

Por otro lado, la extinta nutria gigante Siamogale melilutra poseía mandíbulas muy fuertes, que le permitieron ser un depredador dominante en su ecosistema. A tal conclusión llegó el personal de la Universidad de Búfalo y el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York (EE.UU.), basado en un modelo biomecánico, que fue construido tras comparar las mandíbulas de diez especies modernas de nutrias. El trabajo se publica en Scientific Reports.

 

María Cervantes 
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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