La contaminación de plomo en los ríos de Túnez enriqueció a Cartago (y al Imperio Romano también)

Moneda de plata de Cartago acuñada en 239–209 a.C.

Sailko / Wikimedia Commons

 

Un grupo internacional de investigadores develaron cómo Cartago, luego de perder las Guerras Púnicas, pudo sobrevivir, pagar una enorme contribución a los vencedores y renacer de las cenizas. El artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences informa la existencia de depósitos ricos en plata el norte de África, posesiones remanentes de los cartaginenses.

La ciudad de Cartago, ubicada en el territorio de la Túnez moderna, fue fundada en el siglo IX a.C. por emigrantes fenicios de Tiro. Alrededor de 200 años posteriores a la fundación (siglo VII a.C.), los cartagineses subyugaron a las colonias fenicias en el Mediterráneo occidental. Varios fueron los siglos de lucha contra los griegos por la supremacía en Sicilia, Córcega y Cerdeña. Las llamadas Guerras Greco-Cartaginesas se extendieron desde el 580/560 a.C. hasta 275 a.C. 

Años más tarde, en el 264 a.C., comenzaron las Guerras Púnicas, siendo Sicilia la causa del conflicto. Un siglo después, en 146 a. C., llegó la derrota y la destrucción despiadada de Cartago. La República Romana se convirtió en el estado dominante del Mediterráneo. Los depósitos minerales ricos en plata presentes en Sicilia, Cerdeña y la Península Ibérica, pasaron a manos del nuevo imperio. Sin embargo, asombrosamente los fenicios pudieron continuar la guerra y pagar las enormes contribuciones (323 toneladas de plata) que los ganadores les exigieron. 

No hay mal que por bien no venga

Ahora, investigadores franceses, belgas y británicos liderados por Hugo Delile de la Universidad de Lyon, sugirieron que el estado cartaginés tenía otra fuente de recursos minerales, depósitos que estaban ubicados en el norte de África y explotados, incluso entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica. 

Antiguamente, la plata se obtenía a partir de minerales polimetálicos (a menudo galena) contenedores de impurezas de plata. Los autores del estudio analizaron la concentración y la proporción de isótopos de plomo en los sedimentos del Río Medzherdy que fluye en Túnez. Recolectaron 146 muestras de 8 sitios diversos alrededor de la antigua ciudad fenicia de Útica, 40 kilómetros al noroeste de Cartago. Los científicos encontraron elevadas concentraciones de plomo en 69 muestras, lo que señalaría una contaminación antropogénica. 

La contaminación de plomo más antigua se remonta a la segunda mitad del Siglo IV a.C. Presumiblemente, en ese momento, los fenicios comenzaron a desarrollar depósitos en el norte de África y acuñaron monedas de plata local. Más tarde, la extracción y la fundición del mineral aumentó durante los conflictos militares: la guerra con Siracusa en 317-289 a.C, así como la Primera y Segunda Guerras Púnicas y el período entre ellas, en 264-201 a.C. 

Durante las Guerras Púnicas, Cartago acuñó una gran cantidad de riquezas para pagar a los mercenarios, parte de ella (probablemente), extraída en las minas de la cuenca del río Medzherdy, en los depósitos de Djebba y Kebbouch, hasta principios del Siglo IX. Paradójicamente, a pesar de la pérdida de territorio e indemnización al Imperio Romano, en el período entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica, Cartago floreció. Esto se evidencia por la actividad comercial y la reconstrucción de la ciudad.

Anteriormente, utilizando la proporción de isótopos de plomo en las antiguas monedas romanas, los geoquímicos descubrieron que después del final de la Segunda Guerra Púnica, los romanos comenzaron a acuñar monedas de plata ibérica, y no de plata griega, como hacían anteriormente. La afluencia masiva de plata en la península ibérica cambió la economía de la República romana, convirtiendo a Roma en el estado más poderoso del Mediterráneo y en la superpotencia de la época.

 

Sofía Dottori Fontanarrosa
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

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